En la plaza, aturdidoras “vuvuzelas” no, organización sí

César Antonio Estrada Mendizábal

Las antidemocráticas y amenazadoras acciones del gobierno de J. Morales y de la gavilla de corruptos y gángsteres que lo acompañan (con la connivencia del gran empresariado y del gobierno de Estados Unidos) en contra de la CICIG, del comisionado Iván Velásquez y de la lucha anticorrupción, en contra del pueblo, han llegado al colmo. Nos quieren regresar a los años oscuros del terrorismo estatal, de los gorilas y de la eliminación de cualquier oposición para mantener este Estado oligárquico, explotador, excluyente y opresivo. La respuesta del pueblo no se hará esperar y, como parte de esto, en la capital y otras áreas urbanas volverán las manifestaciones, se llenarán las plazas pero… deberíamos aprender de las experiencias de 2015 y del año pasado y tratar de ser más eficaces para lograr nuestros objetivos democráticos.

Sin duda, las distintas agrupaciones del movimiento social revisarán y afinarán sus procedimientos y tácticas, y aquí me referiré a dos puntos fáciles de ver. El primero son las “vuvuzelas” y su ensordecedor ruido que no expresa nada y sólo ofusca e impide la comunicación y el intercambio de ideas entre los manifestantes. Su bulla es como un peso molesto que se siente en la nuca, que no deja poner atención a lo que está sucediendo a nuestro alrededor e impide el pensamiento, la generación de ideas e incluso los movimientos coordinados. Esta especie de feas bocinas (y pensar que hay vendedores que las ofrecen) ha desplazado las consignas, los cantos, los discursos, las exclamaciones espontáneas de la gente que pretendían crear conciencia y disponer los ánimos para la acción conducente a los objetivos perseguidos. Digamos no a estos endiablados conos de plástico (que encima de todo contamina el ambiente), no los llevemos a las manifestaciones y estemos más conscientes de la presencia de nuestros semejantes, con lo cual podremos comunicar mejor nuestros afanes y protestas.

El segundo punto es no caer en la trampa de quienes dicen que en la plaza no debe haber una dirección, que todo debe ser espontáneo, horizontal, que es mejor si no hay ninguna orientación definida, sólo banderas celestes y una gran multitud; que si alguien trata de dirigir, levanta la voz, toma un megáfono o sube a una tarima tiene intenciones torcidas y no hay que hacerle caso. Nada más falso e inmovilizador. Si queremos lograr algo más que desahogarnos es necesaria la organización que conjunte las fuerzas individuales y las haga eficaces. Es cosa de nosotros relacionarnos, comunicarnos y establecer esa conducción que ha de gozar de nuestra confianza y compartir nuestras propuestas. Hoy más que nunca la desorientada población urbana necesita esta organización para ir logrando algo en este arduo camino por lograr un país en que quepamos todos. Además, solo así, organizados, podremos unir fuerzas con la otra Guatemala, la mayoritaria y excluida, la campesina, la de los pueblos originarios. Si vamos logrando esta unión sí que van a temblar las viejas estructuras de este Estado decrépito que no es nuestro y que ha de dar paso a uno popular y plurinacional.

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