Gestión local del agua

Edi D. López S.
Cada día se evidencia la problemática del acceso al agua en el mundo, en Guatemala no es la excepción, son constantes las manifestaciones de pobladores que, sufren la escasez de este vital líquido. No obstante que el país cuenta con una cantidad considerable de recurso hídrico, éste no se distribuye geográficamente en todo el país; aunque la principal causa que, origina escasez es la grave contaminación; el lago Amatitlán es el claro ejemplo del deterioro de nuestros cuerpos de agua, era la reserva de agua para la capital y actualmente se está convirtiendo en una gran pantano, prácticamente no hay ríos en el país que se salve de la actividad humana contaminante física, química. Y parece que no se quiere entender, lo que ha dicho hasta la saciedad, la destrucción de los recursos naturales como el agua, es un atentado contra la existencia humana.

Entre los objetivos de desarrollo sostenible planteado por Naciones Unidas, está el acceso al agua potable y saneamiento; se indica: si queremos mitigar la escasez de agua, es fundamental proteger y recuperar los ecosistemas relacionados con este recurso, como los bosques, montañas, humedales y ríos.

Lo antes indicado, lleva a la necesidad de ejecutar una adecuada gestión hídrica, en ello es vital la participación de los usuarios o beneficiarios, es decir los actores locales. En Guatemala hay una gran cantidad de comités de agua, conformado precisamente por usuarios de un sistema de agua, en quienes se ha delegado la administración de este servicio vital, estos comités son los encargados que, el sistema de agua de muchas aldeas, caseríos funcione adecuadamente; es trabajo voluntario ad honorem, que entre otros efectos consolida el tejido social comunitario. Es decir en el país hay gran cantidad de experiencia comunitaria en la administración de estos proyectos, se les ha delegado a estas representaciones locales, para ahorrar costos a las municipalidades; siendo un elemento sustancial de la sostenibilidad, por supuesto que este tipo de gestión necesita acompañamiento, para fortalecerlos, solucionar problemas, ser eficientes y pasar de la simple administración a la gestión integral del agua.

Ahora bien, debido a que en Guatemala no se tiene la Ley General de Agua –aunque en el congreso se han presentado en su oportunidad más de una decena de propuestas- cuando se retoma la discusión de la importancia de esa ley, o quizá lo más común, cuando se tiene problemas de escasez de este vital líquido, surgen opiniones veladas o abiertas, que descalifican la gestión local del agua. Se parte del paradigma económico de “la tragedia de los comunes” dilema descrito por Garrett Hardin en 1968, se asume que los beneficiarios de un recurso común, por buscar su beneficio individual, terminan por arruinar, agotar dicho recurso; por ello la alternativa es que se privatice o que el gobierno se haga cargo de la gestión.

Elinor Ostrom y Oliver Williamson, en 2009 recibieron el premio Nobel de Economía por sus trabajos separados que muestran que la empresa y las asociaciones de usuarios son a veces más eficaces que el mercado. En especial Ostrom, demuestra lo equivocado del paradigma de la tragedia de los comunes, entre otros aspectos, porque la gestión local delimita el uso del recurso a su territorio, es decir no cualquiera puede utilizarlos, no ocurre la situación aquella donde lo que es de todos, no es de nadie. Además la gestión local adecuada, lo hace en el marco de una normativa, que permite delimitar derechos y obligaciones; dichas reglas por otra parte son cambiantes, de acuerdo a las necesidades, dinámica del territorio.

Además de los comités de agua, se tiene otros casos de gestión exitosa, como los 48 cantones de Totonicapán, los ladinos zambos en Jalapa, entre otros; se tiene un abanico de modalidades de participación local, con las ventajas que ello implica, conocen su territorio, a las personas, la cultura.

Por consiguiente una de las estrategias, para proveer de agua a la población guatemalteca, que no debe obviarse para darle sostenibilidad social y económica, es la participación de los usuarios locales en la gestión. Hace una falta programas, proyectos que fortalezcan estas modalidades de cooperación, a efecto de garantizar el acceso de agua a los guatemaltecos.

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