Costa Rica: ¡Sola, viva y borracha quiero llegar a casa!

Ana Marcela Montanaro /El Salto

El pasado fin de semana dos mujeres fueron asesinadas en Costa Rica. Dos feminicidios se suman a la larga lista que se cuentan en lo que va de año en el país, destino turístico en Centroamérica. Las víctimas fueron Arantxa López Gutiérrez, una mujer madrileña fisioterapeuta que trabajaba en el Hospital San Fernando de Henares, y María Trinidad Matus, una chica mexicana que estudió música. Ambas habían decidido pasar sus vacaciones de verano en uno de los países que se publicita como el paraíso tropical seguro.
Costa Rica, ubicada en la cintura de América, es un país en el que el turismo es uno de los principales motores de su economía. También se vive cara adentro y cara afuera como país de “pura vida”, paz perpetua y el más feliz del mundo. Así se publicita para atraer turistas, pero es un territorio en que esto no se aplica para casi nadie, menos para las mujeres; la violencia, el acoso callejero y la agresión sexual feminicida son pan de cada día.

Las víctimas, esta vez, fueron “dos turistas” que “andaban solas”, y que “salieron a horas no apropiadas para una mujer”, además “vestían ropa provocativa” y es probable que hubiesen tomado “guaro”, licor y estuviesen “borrachas”. Mucha repugnancia me provocan esos comentarios, repletos de testosterona patriarcal, argumentos machistas, de doble moral y asquerosos.

Algunas personas señalan, además, que estos feminicidios darán una mala imagen del país y repercutirán en el turismo, que significa una de las mayores entradas de divisas del país del verde misógino, violento e hipócrita. A la ministra de Turismo, María Amalia Revelo, le parece interesar más el impacto de los feminicidios en dicha actividad económica que el mismo hecho de la violencia machista que acecha a las mujeres independientemente de que sean turistas o no.

Unido a esto, se alzan las voces que culpabilizan a “los otros”, a las personas migrantes: ¡Fueron nicaragüenses, “nicas”! Grita la xenofobia, porque los costarricenses, los “ticos”, no asesinan a nadie. Aunque las estadísticas digan lo contrario. Les indigna que un migrante cometió un delito, no les indigna la violencia contra las mujeres.

Les indigna que un migrante cometió un delito, no les indigna la violencia contra las mujeres

Los hombres machirulos y violentos, costarricenses y de todas las nacionalidades invaden nuestras calles, nuestras casas, nuestros centros de trabajo, los partidos políticos en que militamos… Poca diferencia hace un carné de identidad o nacionalidad. Machistas los hay de derecha, izquierda, los encontramos costarricenses, nicaragüenses, españoles, gringos, peruanos, argentinos, alemanes, neerlandeses, guineanos, marroquíes y así de todos los pasaportes y culturas todos sean de donde sean si son violentos serán unos machirulos.

Nos faltan muchas de nuestras hermanas, se suman Arantxa y María Trinidad, pero también nos faltan las que engrosan las cifras de las mujeres que no tuvieron la característica de ser turistas: Gretel Vanesa, Maria Paula , Maritza, Mariana, Rita, Karen Tatiana, María Isabel, Kimberly, Hellen, Yaritza, Miriam, Casandra, … y todas las más de 300 mujeres que en los últimos diez años han sido asesinadas por la violencia machista, por la violencia feminicida, por el patriarcado criminal, por machos violentos, por hombres. Ellas hoy no están con nosotras, se suman a una enorme lista de mujeres asesinadas que recorre el mundo.

Un sistema judicial, el costarricense que, al igual que el sistema español, no protege a las mujeres víctimas de la violencia machista. Uno de los sospechosos del feminicidio fue puesto en libertad de facto. Cuando hay violencia feminicida la judicatura por lo general no responde de manera contudente. No es la primera vez que un agresor feminicida queda en libertad. Han asesinado a muchas hermanas, pero como no son turistas, el asunto no trasciende.

Han asesinado a muchas hermanas, pero como no son turistas, el asunto no trasciende

Aquí y allá, urge que el feminismo y la despatriarcalización sean eje central en los planes de estudio y en las luchas a pie de calle. Que sean prioritarios en la formación de quienes son operadores de la ley. Y no dejar la calle, porque solo la lucha feminista y la confrontación constante a este sistema de muerte y depredación es que podremos transformarlo.

La violencia feminicida, la violencia machista, el patriarcado que nos despoja de nuestros territorios, de nuestros cuerpos y nuestras vidas. ¡Alto! ¡Basta! ¡Ni una menos! ¡Vivas nos queremos! ¡Ni un feminicidio más!
Basta de patriarcado, capitalista, racista, colonial, sí porque son las cuatro patas de esta basura de sistema de muerte.

Viva y sin miedo me quiero, vivas quiero a todas mis hermanas. La playa, la selva, las calles, las noches y las fiestas, también son nuestras. Y sí, ¡sola y borracha quiero llegar a mi casa!

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