La explicación del desempleo por los economistas dominantes

Michel Husson

Hay que legitimar la persistencia del desempleo: esta es una de las tareas asignadas a los economistas mainstreamn (corriente dominate, ndt). Aquí proponemos un repaso crítico de las teorías dominantes, hasta su reciente implosión.

El desempleo: imposible en teoría, inevitable en la práctica

Durante mucho tiempo los economistas no se ocuparon del pleno empleo. El mismo término de desempleo estuvo casi ausente de los tratados de Alfred Marshall (1842-1924), quien durante largos decenios fue el economista de referencia en Inglaterra. Las concepciones de Marshall permanecieron entre los autores del famoso informe de 1834 sobre la ley para los pobres 1/, como lo muestra claramente una carta dirigida en 1903 a Percy Alden, en la que Marshall expone el fondo de su pensamiento 2/. Hay, escribe, dos categorías de paro. El paro ocasional resulta de las fluctuaciones económicas, pero solo se desarrolla por “la incapacidad, por parte de personas de limitada inteligencia de prever con una perfecta precisión las necesidades y las oportunidades económicas”. Sería necesario enseñarles que “gastar la totalidad de su renta en período de prosperidad y encontrarse sin ingresos cuando cambia la coyuntura, es incompatible con el respeto que cada uno se debe a sí mismo”.

En cuanto al desempleo más duradero, éste golpea a las “personas que no quieren o no pueden trabajar con asiduidad y haciendo todos los esfuerzos, de tal forma que no pueden ser empleados de forma regular. Están a la búsqueda de pequeños trabajos que en general son empleos tranquilos. Una gran parte del actual desempleo me parece que corresponderá a esta categoría: se trata más de un síntoma que de la causa de la enfermedad”. Marshall hace un llamamiento a una “disciplina benévola pero severa respecto a los que educan a niños en condiciones físicas y morales que harán de ellos las reservas del gran ejército de los parados”.

El discurso de los economistas va a incorporar progresivamente un análisis moralizador pero implacable. En el mundo perfecto de la libre competencia el paro no puede existir o solo lo puede haceer bajo la forma de un desempleo voluntario, fruto de un arbitraje racional entre salario y tiempo libre. Así pues, su principal recomendación consiste en la eliminación de todo lo que obstaculice el equilibrio entre la oferta y la demanda en el mercado de trabajo. Este mercado no es fundamentalmente diferente de cualquier otra mercancía, de patatas o de calzado.

En cuanto al término de pleno empleo se avanza a veces que apareció por primera vez bajo la pluma de Arthur Pigou (1877-1959) -un discípulo de Marshall- en su libro Unemployment, aparecido en 1913 3/. Pero eso es un contrasentido, ya que Pigou habla de pleno empleo en un sentido diferente, que designa el empleo a jornada completa de ciertas categorías de trabajadores. El libro de Pigou es sin embargo interesante ya que expone de forma muy clara una aproximación a la cuestión del paro que ese momento era ampliamente dominante. Su principio de base es que “el paro está íntegramente causado por el desajuste entre los salarios y la demanda”. Por consiguiente, si los salarios estuviesen determinado por el “libre juego de las fuerzas de la competencia (….) el desempleo no podría existir” (p. 51-52), más allá de las fluctuaciones coyunturales. En particular, “toda tentativa de un sindicato de obtener para sus miembros un salario superior al salario de referencia de su rama (…) causa desempleo y, por tanto, el remedio al desempleo es abandonar tal política” (p. 241).

El término de pleno empleo se asocia generalmente al nombre de William Beveridge (1879-1963). Es interesante examinar su primera contribución, con su libro Unemployment. A problem of Industry, publicado en 1909 4/. Y que Pigou cita favorablemente. Beveridge considera en él que el desempleo es “una parte del precio a pagar por la competencia económica” y que la respuesta apropiada consiste “en reducir sus efectos nefastos hasta hacerlos relativamente benignos” (p. 235). Es pues más bien una teoría del paro “friccional” y todavía se está lejos del pleno empleo del que Beveridge será más tarde uno de los promotores más activos.

Es importante subrayar que las teorías económicas no son impermeables a la coyuntura económica, que a veces suministra demostraciones concretas. Un claro ejemplo lo proporciona John Hobson, un economista heterodoxo hecho famoso por sus análisis del imperialismo. Pero también se le puede considerar como un precursor de Keynes por sus trabajos sobre el desempleo. En su libro Problems of poverty, publicado en 1889 5/, subrayaba que “el hecho de que el volumen del desempleo haya prácticamente desaparecido en 1890 reduce definitivamente a nada la alegación según la que los parados son ociosos que escogen no trabajar en período de recesión”.

Sin embargo, la prosperidad registrada en el curso de la “bella época” que va de 1896 a 1914 permitió a los observadores contentarse con análisis del desempleo como resultado de desajustes transitorios. La gran crisis de 1929 (anunciada por la recesión de 1925) hizo estallar esas representaciones.

Keynes descubre el desempleo involuntario

Fue un 1929 cuando un economista propuso cambiar radicalmente el punto de vista. “La idea de que existiría una ley natural que impediría a los hombres tener un empleo, que sería imprudente emplear a los hombres y que sería financieramente sano mantener a un décimo de la población en la ociosidad por una duración indeterminada es de una absurdidad increíble. Nadie sabría creer en ella si no tuviese una cabeza repleta de fantasías durante años”. Y el mismo economista avanzaba un razonamiento simple, que sin duda algunos calificaría de simplista: “Hay que tareas que realizar, hay personas para hacerlas. ¿Por qué no hacer que se correspondan ambas? (…) Sería una locura permanecer sentado fumando pipa y explicar a los parados que es demasiado arriesgado encontrarles trabajo”.

Este economista no es otro que John Maynard Keynes, quien firmaba con Hubert Henderson un folleto titulado Can Lloyd George Do it? 6/. El autor de estas líneas ha encontrado con placer el hilo director de esta obra: “El trabajo de los parados está disponible para aumentar la riqueza nacional. Sería loco creer que nos arruinaríamos financieramente al intentar encontrar medios para utilizarla y que la seguridad en primer lugar consiste en continuar manteniendo a las personas en la ociosidad”.

Keynes nos invitaba a un gran giro consistente en olvidar las “fantasías” y volver a una concepción racional. No hay que temer a la vuelta de un cierto “sentido común” y Keynes quiere tranquilizarnos sobre este punto: “lo que parece razonable es razonable y lo que parece como un despropósito lo es verdaderamente”. No hay que dejarse espantar por el espantapájaros que, todavía hoy, es alegado por los abogados de un desempleo “natural”. “La propuesta según la que habría más personas trabajando si les fueran ofrecidas nuevas formas de empleo es tan evidente como parece y no se enfrenta con ninguna objeción escondida. Emplear a las desempleadas en tareas útiles conduce al resultado esperado, es decir a un aumento de la riqueza nacional y la idea de que, por complicadas razones, podríamos arruinarnos financieramente al recurrir a una forma de aumentar nuestro bienestar es lo que parece: un espantapájaros”.

Keynes tampoco se satisfacía con “la red seguridad” proporcionada por las prestaciones abonadas a las personas desempleadas, ya que ellas no crean nada “sino todavía más asistidos”. La verdadera seguridad, es para él “una honesta jornada de trabajo por un salario decente” y el pleno empleo (aunque no emplee el término), no es el 5% de parados: hay que reducir el desempleo “al nivel que conocemos en tiempos de guerra (….), es decir menos del uno por ciento de desempleados”. Para ello, el Estado deberá hacer “todo lo que humanamente pueda ser hecho”.

Por ello Keynes se manifiesta a favor de programas de grandes trabajo públicos y se preocupaba poco de que su tasa de rendimiento fuese “del 5%, 3% o 1%”: lo importante es reducir el desempleo; más vale un débil rendimiento que ningún rendimiento. Estas propuestas fueron caricaturizadas, prestando a Keynes la idea de que las personas desempleadas debían ser utilizadas para abrir hoyos y rellenarlos a continuación. Esto es el riesgo de ser demasiado sutil, ya que Keynes nunca dijo eso. En la Teoría General, imagina que el gobierno esconde botellas cargadas de billetes, estando los desempleados encargados de desenterrarlas. Pero se trataba de una parábola sobre la creación monetaria, al establecer un paralelo con las minas de oro, en las que se cavan también agujeros.

Antes incluso de la publicación de la Teoría General en 1936, una parte de las ideas “de sentido común” de Keynes fueron puestas en aplicación en los Estados Unidos por Franklin Roosevelt, en el marco del New Deal. Fue elegido después de la catastrófica presidencia de Herbert Hoover, quien veía “la recuperación en la esquina de la calle”. Cuando Roosevelt accedió al poder había 12 millones de parados, para una población activa de aproximadamente 50 millones, a los que habría que agregar varios millones de “sin techo”.

Mientras que la anterior administración se limitaba a distribuir ayudas, el objetivo esta vez era crear empleos. Uno de los administradores del programa, Harry L. Hopkins podía justificar de esta forma el giro: “dale una limosna a un hombre: salváis su cuerpo y destruís su espíritu. Dadle un trabajo con un salario regular y salváis a la vez el cuerpo y el espíritu” 7/.

Así se impulsó un amplio programa de trabajos públicos en 1933, con la puesta en marcha de una Agencia de Trabajos Públicos (PWA, Public Works Administration), de un Cuerpo Civil de Protección del Medio Ambiente (Civilian Conservation Corps) y después, en 1935, de la Works Projects Administration. El conjunto de estos programas no permitió volver al pleno empleo y solo redujo el desempeño en aproximadamente un tercio.

El balance del New Deal que solo se puede esbozar aquí es mitigado. Los planes de Roosevelt se enfrentaron a una huelga de inversiones de los sectores empresariales que la iniciativa pública no pudo contrarrestar. En 1941 había todavía seis millones de estadounidenses en desempleo y el pleno empleo no fue restablecido antes de la entrada en guerra.

La postguerra será marcada por el desarrollo del Estado social en Europa, de los que uno de sus principales inspiradores fue William Beveridge, autor de dos celebres informes 8/. El primero está dedicado (en 1942) a la seguridad social; el segundo, de 1944, trata del “pleno empleo en una sociedad libre”. En el prólogo a este informe, Beveridge señala de entrada que el pleno empleo “no significa que no haya paro”, sino que hay más puestos vacantes para los trabajadores que trabajadores en búsqueda de un empleo”. Siempre subsistirá una tasa de desempleo friccional, que evalúa en el 3% de la población activa en el caso del Reino Unido.

La curva de Phillips, o el ajuste del fin del desempleo

En 1958, Alban Phillips 9/ publicó un artículo 10/ que le daría celebridad, puesto que todavía hoy se sigue hablando de la “curva de Phillips”. Su artículo establece que el crecimiento de los salarios nominales evoluciona en sentido inverso de la tasa de desempleo (y de su variación). Los datos de Phillips se refieren a la evolución a largo plazo del desempleo y de los salarios en el Reino Unido, entre 1861 y 1957. Cuando apareció el artículo en 1958, la tasa de crecimiento del salario nominal era ciertamente bastante elevada, pero el país estaba casi en pleno empleo: la tasa de desempleo oscilaba alrededor del 2% desde 1945.

El proyecto de Phillips no trataba pues de un problema económico contemporáneo. Su proyecto, en el fondo, era diferente: se trata de suministrar las bases empíricas a la teoría del desempleo.

Pero ¿en qué sentido hay que leer la curva? Para Richard Lipsey, un colega de Phillips que intentó encontrar un fundamento más teórico para la curva, la determinación va claramente del desempleo a los salarios: “si se quiere predecir la tasa de variación de los salarios, es necesario conocer no solo el nivel del desempleo sino también su distribución entre los diferentes mercados” 11/.

Una lectura inversa va a ser propuesta por Paul Samuelson y Robert Solow en un artículo de 1960 12/. Los dos futuros “Premios Nobel” intentaron construir una curva de Phillips para Estados Unidos y acabaron por trazarla manualmente. Proponen una lectura de la curva en la que la tasa de desempleo es la que determina los salarios: “los salarios tienden a aumentar cuando el mercado de trabajo está tenso”. Pero sobre todo deducen la idea de que existe un posible arbitraje entre una inflación moderada y una tasa de paro próxima al pleno empleo: “Los salarios en la industria parecen estabilizarse completamente cuando el 4% o el 5% de la población activa se encuentra en desempleo; y una progresión de los salarios igual al aumento de la productividad del 2 al 3% anual conduce, en esta configuración media, a una tasa de desempleo del 3%”.

La curva de Phillips se convierte en un instrumento de “ajuste fino” (fine tuning) de la política económica durante los años 1960, en los que las ideas keynesianas influyeron en las administraciones de Kennedy (1961-noviembre 1963) y Johnson (1963-1969) en favor de una política presupuestaria expansiva.

Esto funcionó bien hasta finales de los años 1960: las curvas de la inflación y del desempleo evolucionaron en sentido inverso. Pero esa relación conforme a la curva de Phillips quiebra en dos tiempos: en primer lugar, con la recesión de 1967 (fue en esta fecha cuando empezó a bajar la tasa de beneficio) y, después, con la recesión (mundial) de 1974. Entonces se entró en el llamado período de estanflación en el que inflación y desempleo aumentan conjuntamente: durará hasta mediados de los años 1980 (gráfico 1).

Gráfico 1

Inflación y desempleo en los EstadosUnidos 1950-2016

Fuente: FRED (Federal Reserve Economic Data), Federal Reserve Bank of St. Louis

La estanflación y el desconcierto de los keynesianos

Millón Friedman abrió la ofensiva en 1967 en su escrito a la asamblea de la American Económica Association 13/. Pero fue en su discurso de recepción del premio Nobel en 1977 14/ cuando Friedman presentó el discurso más claro. Comenzó por evocar el pasaje de la Teoría General en el que Keynes admite que le falta una ecuación: “No se puede pues saber cuál será el volumen global del empleo en tanto no se conozca el precio nominal de los bienes de consumo obrero y no se puede saber cuál será el precio nominal de los bienes de consumo obrero en tanto no se conozca el volumen global del empleo. Como hemos dicho, falta una ecuación” 15/.

La curva de Phillips habría pues colmado esa carencia. Además, “parece constituir un instrumento fiable para la política económica, permitiendo a la economía informar al decisor político de las alternativas que se le ofrecen”. Pero, con el tiempo, se ha constatado que eran necesarias “dosis de inflación cada vez más elevadas para reducir el nivel de desempleo. La estanflación había mostrado su cabeza repelente”.

La crítica de Friedman se puede resumir de la siguiente forma: la curva de Phillips fue recibida por los keynesianos como la pieza que faltaba de su modelo. Establecía la posibilidad de un arbitraje (trade-off) entre la tasa de paro y la tasa de inflación, pero a condición de postular la estabilidad a largo plazo de la curva de Phillips. Sobre esta base, los keynesianos inspiraron las políticas de pleno empleo que se revelaron inflacionistas. La aparición de la estanflación en los años 1970 estuvo ligada a la corrección de las anticipaciones porque la curva de Phillips no es estable, contrariamente al postulado de los keynesianos 16/.

El concepto de anticipaciones desempeña un papel clave: la idea es que si se acepta una cierta aceleración de la inflación, los agentes van a anticipar una continuación del movimiento y la curva de Phillips va a desplazarse. Es lo que no comprendieron los responsables de la política al apegarse a la curva de base de Phillips: “La distancia entre la verdadera curva de Phillips con anticipaciones y los modelos sin anticipaciones dejó el campo libre a la inflación, lo que habría podido evitarse si las autoridades monetarias hubieran conocido el verdadero modelo” 17/.

Dos economistas del Banco nacional de Bélgica retomaron recientemente esta crítica. Para ellos, el punto de vista según el que se pueden “escoger tasas de inflación y de desempleo determinadas estimulando o refrenando la demanda global” es erróneo 18/. Eso solo puede funcionar a corto plazo y se moviliza de nuevo el concepto de anticipaciones: “El banco central no puede mantener continuamente la tasa de desempleo por debajo de su nivel natural. En efecto, las presiones que resultarían de ello empujarían constantemente al alza las anticipaciones de inflación, y la inflación real y la tasa de desempleo volvería sistemáticamente hacia su nivel natural. Resultaría in fine una inflación más elevada pero que no se acompañaría de una tasa de desempleo más baja”.

El desmentido aportado por la estanflación al paradigma keynesiano abre pues la vía a una verdadera contrarrevolución. Uno de los más feroces adversarios del keynesianismo es Robert Lucas, que va hasta rechazar la noción de desempleo involuntario. Ello sería un capricho de Keynes: “El desempleo involuntario no es un hecho o un fenómeno que tendrían que explicar los teóricos. Es al contrario una construcción teórica introducida por Keynes con la esperanza de que podría servir para dar una explicación satisfactoria a un fenómeno real: las fluctuaciones a gran escala del desempleo total” 19/.

De golpe, la misma noción de pleno empleo desaparece: “no parece posible, incluso en principio, distinguir el desempleo voluntario y el involuntario en función de las alternativas a las que están confrontadas las personas individuales. Incluso conceptualmente, no es posible llegar a una definición utilizable del pleno empleo, como una situación en la que ha desaparecido el desempleo involuntario”. De forma muy polémica, Lucas desea que la economía teórica moderna no pierda su tiempo con las ’construcciones teóricas de nuestros predecesores’ (sobreentendido, las de Keynes) que son el más seguro camino “hacia la esterilidad”.

Esta ofensiva de los monetaristas anticipa la contrarrevolución liberal. Proponen la neutralización de la política monetaria, reducida a una regla de crecimiento estable de la masa monetaria. En cuanto al desempleo, debe ser combatido mediante la flexibilización del mercado de trabajo y haciendo retroceder las rigideces estructurales. Es inútil subrayar aquí que se ve constituir la doxa (palabra griega, que se entiende como ideología, ndt) neoliberal: independencia del banco central y reformas estructurales.

Una síntesis imposible: el informe McCracken

El informe McCracken, publicado por la OCDE en 1977, lleva un título significativo (Por el pleno empleo y la estabilidad de los precios) y marcó un doble corte de aguas. Se produjo justo después de la recesión generalizada de 1974-75 que marcó el fin de la edad de oro y en lo más fuerte de la ofensiva neoliberal contra el keynesianismo. La oposición entre estas dos corrientes se cristaliza, como muestra Vincent Gabón, sobre uno de los instrumentos centrales de las políticas macroeconómicas de postguerra utilizado en la mayor parte de los países miembros de la OCDE: la curva de Phillips” 20/.

Sin embargo, el informe se sitúa en una encrucijada y revela un cierto desconcierto ya que, como confiesa su responsable (citado por Gayon), “no sabíamos que idea queríamos producir”. Robert Lucas, uno de los keynesianos más virulentos, habla de un “eclecticismo desordenado” y de un “oportunismo que se hace pasar por pragmatismo” 21/.

El NAIRU, o el desempleo en ecuaciones

A partir del giro neoliberal de los años 1980, se impone una nueva concepción del desempleo: ella explica por qué el pleno empleo no es ni posible ni deseable. Fundamentalmente, esta teoría actualmente dominante se basa en una reformulación del arbitraje entre inflación y desempleo. Existe una tasa de desempleo por abajo de la cual aumenta la inflación y ese aumento de la inflación tiene efectos recesivos que llevan a la tasa de desempleo a un nivel incompresible.

Se habla de Nairu (Non-Accelerating Inflation Rate of Unemployment: tasa de desempleo que no acelera la inflación), de tasa de paro estructural, de equilibrio, incluso natural. Más allá de las sofisticaciones, todo ello remite a la misma idea. Un funcionamiento fluido del capitalismo necesita de un cierto nivel de paro que es imposible reducir sin efectos nefastos para la actividad económica. Se podría decir que se invierte la curva de Phillips: no es la inflación la que permite regular el paro, es el paro el que sirve para contener la inflación.

Este concepto de Nairu fue introducido en 1975 por Franco Modigliani y Lucas Papademos 22/, dos economistas más o menos keynesianos que buscaban suavizar el concepto de tasa de desempleo natural de Milton Friedman. Hablaron más exactamente de Niru (tasa de paro no inflacionista). Fue James Tobin quien introdujo el término Nairu en 1980, mientras que el mismo afirmaba unos años antes que: “la curva de Phillips ha sido un descubrimiento empírico a la búsqueda de una teoría, como los caracteres de Pirandello a la búsqueda de un autor” 23/. Sin duda, finalmente la encontró.

Este dogma del desempleo de equilibrio científicamente calculado condujo a los amargos comentarios de Robert Solow, a la salida de una conferencia marcada por la ofensiva de los anti-keynesianos, conducida especialmente por Lucas y Sergent: “Es necesario que tengáis serias razones para decretar que la tasa de paro natural es de 5,5% antes de salir de esta sala y que os encontréis de frente con todas esas personas que están en paro. Eso no es una broma. Para los estadísticos no se trata de cifras, justo alguna cosa que sale cuando ponéis alguna cosa igual a cero y dividís un número por otro. Pero esas gentes de fuera no tienen trabajo. Deberéis estar verdaderamente seguros de lo que contáis y que la buena cifra es el 5,5% y no el 3,5% o el 4,5% antes de pretender que ello tiene cualquier relación con la vida real” 24/. Muchos economistas deberían meditar sobre esas observaciones.

Este nuevo concepto dió lugar a un volumen considerable de discusiones teóricas bizantinas, pero también a numerosas -y vanas- tentativas de evaluar la famosa Nairu de forma estable y consensual. Ahorraremos el detalle a los lectores, para mostrarles más bien el rostro escondido de este montaje teórico.

Bajo la inflación, el beneficio

Hay que comenzar observando que la Nairu no hace más que retomar el análisis de Marx del papel del desempleo (“el ejército industrial de reserva”) sobre la evolución del salario: “El movimiento general de salarios no se regula, pues, por el número absoluto de población; la clase obrera se descompone en activa e inactiva. Todas las vicisitudes del ciclo industrial determinan las variaciones, los aumentos y distribuciones de la población y del movimiento pendular de empleo y desempleo. El movimiento del capital depende de la cifra absoluta de la población obrera, según una bonita ley inventada por la industria moderna (…). Durante los períodos de estancamiento y actividad reducida, el ejército industrial gravita sobre el activo. Así se frenan sus pretensiones durante el período próspero. La superpoblación relativa, eje de la ley de la oferta y la demanda en el trabajo, sólo permite unos estrechos límites de acción a la actividad dominadora del capital” 25/.

Con el Nairu, este mecanismo es hábilmente ocultado puesto que se trata de navegar entre Caribdis (la inflación) y Escila (el paro). Pero detrás de la inflación están los salarios. Y los beneficios. Desde este punto de vista, la OCDE y la Comisión Europea son más explícitas, calculando una Nawru, dicho de otra forma una tasa de desempleo que no acelere los salarios. Las cosas son así más claras, ya que de lo que se trata en realidad es de un arbitraje entre salarios y beneficios. Como lo recuerda excelentemente Patrick Artus (un marxista muy ocasional), nunca hay que “olvidar que la inflación aparece cuando la tasa de beneficio de las empresas es inferior al nivel deseado” 26/. La inflación “resulta de la voluntad de las empresas de enderezar su tasa de beneficio si ella es inferior al nivel que desean”.

Ahí está la clave de una explicación la estanflación en Estados Unidos diferente al recurso a las anticipaciones y otros delirios monetaristas. Basta con observar la tasa de beneficio. Hasta la recesión de 1967 fluctuaba a un nivel elevado: como se ha visto, es también el período en el que funciona la curva de Phillips. Pero es claro que la caída de la tasa de beneficio a partir de 1967, hasta inicios de los años 1980, se acompaña de una aceleración de la inflación. El choque de las políticas neoliberales desencadena, de forma simultánea, el ascenso de la tasa de beneficio y la vuelta de la tasa de inflación al nivel de los años 1960. El verdadero arbitraje es pues entre inflación (leer: los salarios) y el beneficio, y la tasa de paro es el útil que permite ajustar ese arbitraje.

Gráfico 2

Beneficio e inflación en los Estados Unidos 1950-2016

Fuente: BEA (Bureau of Economic Analysis)

El esquema es pues el siguiente: si el desempleo baja demasiado, la relación de fuerzas entre capital y trabajo se modifica a favor de los asalariados. El aumento de los salarios muerde sobe el beneficio y las empresas responden aumentando sus precios. La tasa de paro que no acelera la inflación podría ser bautizada también, y ello sería más claro, como “tasa de paro que no hace bajar la tasa de beneficio”.

Detrás del aparato matemático se puede localizar el artificio central en la forma de cálculo del Nairu (ver el anexo más abajo). La ecuación de precio dice que este último se forma aplicando una tasa de margen o rentabilidad al coste salarial unitario. Toda la habilidad consiste en postular subrepticiamente que esa tasa de margen, que no es otra cosa que la parte del beneficio, es de alguna forma intocable. Basta con una frase para que Layard, Nickell y Jackman -los autores del clásico Unemployment 27/- omitan ese detalle: “Los precios se fijan mediante la aplicación de un margen a los salarios. Este margen tienen tendencia a aumentar con el nivel de actividad, aunque ese efecto no podrá ser muy fuerte” (p.31).

El truco de magia es bastante logrado. Es este pequeño detalle de especificación lo que permite remplazar la cuestión del reparto entre salarios y beneficio por un arbitraje entre salarios e inflación. Basta con plantear discretamente que la tasa de margen es fija, dicho de otra forma que el reparto entre salarios/beneficios es inmutable.

La teoría del Nairu reenvía así a fetichizar el desempleo, haciendo del mismo un instrumento de ajuste de la economía. Estando fuera de alcance el pleno empleo, ya no puede formar parte de la agenda política. Los gobiernos quedan de alguna forma descargados de toda responsabilidad en materia de empleo: “una de las graves consecuencias involuntarias de la preocupación de los economistas por el Nairu ha sido la de enviar a los dirigentes políticos el mensaje de que ellos no tienen ninguna responsabilidad que ejercer en esta materia, y que el arbitraje entre inflación y desempleo puede ser gestionado por el banco central por medio de la tasa de interés” 28/ (James K. Galbraith). El paro ya no es un fenómeno social sino uno de los mecanismos de la gran mecánica económica.

¿Bye bye, Phillips?

El debate es de rabiosa actualidad entre los economistas para saber si la curva de Phillips continúa o no funcionando. En efecto, la tasa de desempleo se reduce en varios países y se aproxima así el pleno empleo; en todo caso, tal como lo definen los economistas. Y sin embargo, ni los salarios, ni la inflación se incrementan. Muy recientemente, la OCDE hacía la constatación, con inquietud, de un “alza del empleo eclipsada por un estancamiento sin precedentes de los salarios” 29/.

Algunos, como el FMI 30/, proponen remodelaciones, otros sostienen que (la curva, ndt) sigue siendo válida aunque se haya aplastado 31/ o, al contrario, haya desaparecido. Los economistas del Banco de Francia tratan de tranquilizarse 32/: “las estimaciones realizadas por el Banco de Francia muestran que la pendiente de la curva de Phillips en la zona euro ha permanecido débil pero estable y significativamente diferente de cero desde la crisis”, pero siguen dubitativos: “Sin embargo, nuestras estimaciones de la curva de Phillips siguen inciertas. Debemos permanecer atentos al conjunto de los determinantes de la inflación”.

Dos economistas van hasta sostener que el hecho de que sea difícil de identificar empíricamente la curva de Phillips no implica que no funcione. Su desaparición es “una consecuencia natural de una buena política monetaria” 33/. Es pues la acción del banco central (consciente de la existencia de la curva) lo que conduce a su desaparición. En fin, Patrick Artus constata que “la curva de Phillips está al revés” 34/.

En resumen, la curva de Phillips se desplaza, se invierte, desaparece o permanece invisible: se está de lleno en el pensamiento mágico. En este debate se encuentra una buena ilustración de las derivas de la ciencia económica académica. Decididamente, Robert Solow tenía razón cuando decía que el artículo de Phillips “ha creado más empleos que cualquier otro proyecto desde la construcción del canal Érié” (muy largo canal del Estado de Nueva York, ndt) 35/. Y quizá se podría retomar hoy la observación de Mark Balaguer, que describía el debate de los años 1960 como “una de las controversias más frustrantes y más irritantes de toda la historia del pensamiento económico, asemejándose a menudo a las peores disputas medievales” 36/.

El desconcierto neoliberal

Pueden invocarse varias razones para explicar el aplastamiento o la desaparición de la curva de Phillips. En primer lugar está la idea, que es muy aplicable a Francia, según la cual una caída modesta a partir de una tasa de desempleo elevada no basta para reducir las tensiones sobre el mercado de trabajo. Pueden jugar otros factores, como el aumento de la tasa de empleo de los sénior o la extensión de los empleos precarios: en ambos casos las categorías de personas asalariadas concernidas no están en situación de reivindicar aumentos de salarios. El FMI -ya citado- lo explica en estos términos “Ciertamente, el empleo a tiempo parcial involuntario ha ayudado sin duda a sostener la participación en el mercado de trabajo y permitido una relación más estrecha con el mundo del trabajo que la alternativa del desempleo, pero parece también que ha debilitado el crecimiento de los salarios”.

En fin, las reformas estructurales, el retroceso de la tasa de sindicalización y el del empleo industrial, que sin duda acompaña al anterior, juegan en el mismo sentido. Todo ello contribuye a que la tasa de desempleo no sea ya en tanto que tal un indicador de la relación de fuerzas entre capital y trabajo, de la misma forma que no es tampoco una medida adecuada del dinamismo del mercado de trabajo.

Este desconcierto de los economistas tiene una explicación diferente a la de las disfunciones econométricas: el borrado de la curva de Phillips deja en evidencia al modelo teórico dominante. En primer lugar, la explicación clásica de desempleo natural, de equilibrio, etc., no se mantiene si la caída de la tasa de paro no tiene ya más inflación como contrapartida y deja de ser posible explicar o legitimar su nivel incompresible.

Pero las cosas son todavía más graves, ya que el ajuste de la economía deja también de ser posible. El modelo de base que está tras los discursos y las prácticas neoliberales pone en juego tres relaciones:

– la curva de Phillips o uno de sus sucedáneos: el desempleo permite ajustar una inflación esencialmente salarial;

– la demanda global: varía en sentido inverso a la tasa de interés real;

– el “ajuste de Taylor” cuando la inflación sobrepasa el objetivo fijado, el banco central aumenta el tipo de interés y reduce o frena la demanda, es decir el empleo.

Está claro entonces que si la curva de Phillips se evapora, desaparece ese modelo de gestión. Es lo que teme Oliver Blanchard, ya citado: “la curva de Phillips está siempre ahí. Pero su forma actual plantea serios desafíos a la política monetaria”. Patrick Artus va más lejos: “Si estas evoluciones persisten, se hunde todo el fundamento teórico de la política monetaria de la zona euro (pilar monetario, reacción de los tipos de interés a las tasas de desempleo o al outpout gap -diferencia entre el PIB real y el ptencial, ndt-, credibilidad), por lo que debería ser reemplazado” 37/. Y es el Financial Times quien mejor resume la situación: “retirad la curva de Phillips y los banqueros centrales van a chapotear” 38/.

Diez años después del estallido de la crisis, los economistas dominantes constatan con decepción que sus juguetes ya no funcionan. Sus esquemas con pretensión teórica no tienen contacto con el funcionamiento concreto del capitalismo. Patrick Artus, decididamente muy lúcido, reconoce no saber ya “analizar la situación 39/. Es bastante increíble constatar que The Economist deplora el demasiado débil poder de negociación de los trabajadores 40/. La biblia del neoliberalismo inteligente sugiere “incrementar el poder de los trabajadores” e “históricamente la mejor forma de llegar a ello es impulsando la sindicación de cada vez más trabajadores”. ¡¿Estamos soñando?! Pero la conclusión del artículo suena también como una advertencia: “Más poder a los trabajadores descontentaría sin duda a los empresarios. Pero es mucho más temible un mundo en el que los aumentos de salarios serían inimaginables”.

Anexo. El Nairu para los nulos

El Nairu (tasa de desempleoque no aumenta la inflación) se obtiene combinando dos ecuaciones que describen la formación del salario y la de los precios. Retomamosa quí la presentación clásica simplificada.

La ecuación del salario se escribe:

W=pa+ ?. ? – ?.U + ?

La tasa de crecimiento del salario (w) depende positivamente de la inflación anticipada, de la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo (?) y del objetivo del salario real(?). En fin, la tasa de desempleo (U) ejerce una influencia negativa sobre el salario.

La ecuación del precio (p) se escribe:

p=w- ?

La tasa de crecimiento del precio (p) depende positivamente del salario (w) y negativamente de la productividad (?).

Combinando las dos ecuaciones se obtiene:

p – pa = (?-1). ? – ?.U + ?

La tasa de desempleo que no acelera la inflación (U*) es la que corresponde a unavariación nula de la inflación, esdecir, p – pa = 0. Así pues:

U* = (?-1). ?/? + ?/?

6/07/2018

Traducción: viento sur

Comment les économistes dominants expliquent le chômage

1/ Ver MichelHusson, “ Des lois anglaises sur les pauvres à la denonciation moderne de l’assistanat (II), A l’encontre, 7 de abril de 2018.

2/ Alfred Marshall, “Letter to Perry Alden”, 28 de enero de 1903.

3/ Arther Pigou, Unemployment, Williams&Norgate, Londrés, 1913.

4/ Williams Beveridge,Unemployment. A problem of Industry, Longmans, Green&Co, Londrés, 1909.

5/ John Hobson, Problems of Poverty. An inquiry into the Industrial Conditios of the Poor, Methuen&Co, Londrés, 1899.

6/ John Keynes,Hubert Henderson, Can LLoyd George Do It?, The Nation And Athenaeum, Londrés, 1929.

7/ Citado por William Bremer, “Along the ‘American Way”, The New Deal’s Work Relief Programs for the Unemployed, The Journal of American History, Vol. 62, No. 3, December 1975.

8/ William Beveridge, Seguro Social y Servicios Sociales, MTSS, Madrid, 1989 (1ª ed. De 1942); Pleno empleo en una sociedad libre, MTSS, Madrid, 1988 (1ª ed. de 1944).

9/ Ver Michel Husson, ”Phillips (l’inventeur de la courbe): une trajectoire hors du commun”, Note hussonet n°121, 3 julio 2018.

10/ A.W.H. Phillips, “The Relation Between Unemployed and the Rate of Change o Money Wage in the United Kingdom, 1861-1957”,Economica, Vol. 25, nº100, Noviembre de 1958.

11/ Richard Lipsey, “ The Relation between Unemployment and the Rate of Change of Money Wage Rates: A Further AnalysisTe Re », », ”, Economica, vol. 27, n°105, Febrero de 1960.

12/ Paul Samuelson, Robert Solow, “Analytical Aspects of AntiÍnflation Policy”,The American Economic Review, Vol. 50, No. 2, 1960.

13/ Reproducida en: Milton Friedman,”The Role of Monetary Policy”, The American Economic Review, Volumen 58, n°1, Marzo de 1968.

14/ Milton Friedman, “Inflation and Unemployment”, Nobel Lecture, The Journal of Political Economy, Vol. 85, No. 3, Junio de 1977.

15/ John Maynard Keynes,Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica, 2006 (1ª ed. 1936).

16/ Retomamos aquí la presentación de Goulven Rubin, “Robert Solow de la courbe de Phillips à la question des fondements de la macroéconomie: 1960-1981”, 2012 (aunque este autor se dedica a criticarla).

17/ Thomas Sargent, Noah Williams, Tao Zha, ”Shocks and Government Beliefs: The Rise and Fall of American Inflation”, The American Economic Review 96(4), 2006.

18/ N. Cordemans, J. Wauters, ”Inflation et activité économique sont-elles mal synchronisées dans la zone euro?”, Revue économique de la Banque Nationale de Belgique, juin 2018.

19/ Robert Lucas, “Unemployment Policy”, The American Economic Review, Vol. 68, No. 2, May 1978.

20/ Vincent Gayon, “Le keynésianisme international se débat. Sens de l’acceptable et tournant néolibéral à l’OCDE”, Annales Histoire, Sciences sociales, 72(1), 2017.

21/ Robert E. Lucas, “OECD’s McCracken Report. A Review”,Carnegie-Rochester Conference Series on Public Policy, vol. 11, n° 1, 1979.

22/ Franco Modigliani et Lucas Papademos, “Targets for Monetary Policy in the Coming Year”,Brookings Papers on Economic Activity, 1975 (1).

23/ James Tobin, “Inflation and Unemployment”, The American Economic Review, Vol. 62, No. 1/2, Marzo de 1972.

24/ Robert Solow, en After the Phillips Curve: Persistence of High Inflation and High Unemployment, The Federal Reserve Bank, 1978.

25/ Karl Marx, El Capital, EDAF, Madrid, 1967, Libro 1, Capítulo XXV, pp. 675-677.

26/ Patrick Artus, “Ne pas oublier que l’inflation apparaît quand la profitabilité des entreprises est inférieure au niveau souhaité”, Flash Economie, 10 avril 2018.

27/ Richard Layard, Stephen Nickell, Richard Jackman,Unemployment. Macroeconomic Performance and the Labour Market, Oxford University Press, 1991.

28/ James K. Galbraith,”Time to Ditch the NAIRU”, Journal of Economic Perspectives, vol.11, n° 1, 1997.

29/ OECD, “Rising employment overshadowed by unprecedented wagestagnation”, Julio de 2018.

30/ IMF, “Recent Wage Dynamics in Advanced Economics: Drivers and Implications”, World Economic Outlook, October 2017, Capítulo 2.

31/ Olivier Blanchard, “The Phillips Curve: Back to the ’60s?”,American Economic Review: Papers & Proceedings, 2016, 106(5), American Economic Review: Papers & Proceedings, 2016, 106(5).

32/ ClémenceBerson et al., « La courbe de Phillips existe-t-elle encore?”, Rue de la Banque N° 56, Banque de France, febrero de 2018.

33/ Michael McLeay, SilvanaTenreyro, “Optimal Inflation and the Identification of the Phillips Curve”, Vox, 3 Julio de 2018.

34/ Patrick Artus, “La courbe de Phillips est à l’envers”, Flash Economie, 8 de enero de 2018.

35/ Robert Solow, “What We Know and Don’t Know About Inflation”,Technology Review81(3), 1979 ; citado por Johannes Schwarzer, Price Stability versus Full Employment: The Phillips Curve Dilemma Reconsidered, 2016.

36/ Mark Blaug, The methodology of economics, 1980.

37/ Patrick Artus, “Va-t-ilfalloir changer complètement la théorie qui sous-tend la politiquemonétaire de la zone euro ? ”, Flash Economie, 24 de mayo de 2018.

38/ Gavyn Davies, “The (no) disappearing Phillips Curve: why it matters”,The Financial Times, 22/10/2017.

39/ Patrick Artus, “On ne sait plus analyser la situation à long terme des économies”, 7 décembre 2017.

40/ Pour que les salaires augmentent, il faut que les travailleurs aient un plus grand pouvoir de négociation”, Le Nouvel Economiste, 5 de junio de 2018. Traducción de un artículo deThe Economist(disponible en el documento).

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