El cuerpo de una mujer

Lorena Medina

Para Juanita Raymundo, mujer, maya ixil, mártir de CODECA)

El cuerpo de una mujer es tibieza matinal, olor a milpa tras las primeras lluvias, un nido de mariposas, refugio de la humanidad; es un centro de gravedad, donde el universo concentra su generosa fuerza vital.

El cuerpo de una mujer es una geografía intensa, con sus cerros que emanan leche; quebradas, arroyos, barrancos, frondosas ramas y sus aromas a una exquisita intimidad natural.

Un lugar donde habita la posibilidad del feliz orgasmo, de caricias, de trinos, gritos placenteros, noches sin tregua y días sin igual. Es un territorio rico de texturas y cicatrices, huellas del tiempo que ha recorrido hasta alcanzar su libertad.

Pero el cuerpo de una mujer nunca y jamás debiera ser el sitio donde la furia del macho, del gorila, del torturador deba descargar su aliento bestial, su misoginia incontenible, salvaje, kaibilezca, animal…

¡No! El cuerpo de una mujer no es para probar viejas maniobras de guerra sucia, de quienes se masturban con el deseo de retroceder en el tiempo, hasta las décadas de rancias dictaduras de corte marcial.

El cuerpo de una mujer, no señores de la muerte, no es para lastimarlo, violarlo, golpearlo, torturarlo, matarlo, el cuerpo de una mujer NO SE TOCA, NO SE VIOLA, NO SE TORTURA NO SE ASESINA!

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