Eclipses que ciegan…

Por Adrián Chavez

El eclipse lunar, la cercanía de Marte, el inicio del campeonato local y el disfraz presidencial… fueron acaparando nuestra atención en los últimos días. Pero entre los eventos astronómicos y el jolgorio de los memes presidenciales emanados de un acto simbólico, que debemos analizar detenidamente, se dio un hecho nefasto, que amerita nuestra atención, indignación y condena.

En la madrugada del sábado 28 de julio, fue encontrada quien en vida respondiera al nombre de Juana Raymundo. A sus 25 años, Juana, demostró con hechos, su sensibilidad y compromiso; comprendió que para construir una sociedad más justa, había que trascender del ejercicio de la enfermería; comprendió que ser ciudadana es mucho más que portar un DPI o poder votar por alguien; reconoció en el ejercicio de su ciudadanía, el medio para la construcción de una sociedad justa que respete la vida, la dignidad y los derechos de todos. Su activismo dentro del movimiento campesino e indígena incomodó a alguien que se tomó la libertad de secuestrarla, torturarla, asesinarla y dejar su cuerpo inerte, al lado de un camino solitario.

Los ataques en contra de militantes de estos movimientos, no son parte de la delincuencia común, reflejan una reacción sistemática, de quienes siguen viendo en la lucha social a un enemigo, y se animan a actuar y reprimir bajo el amparo de una sociedad que, cegada por sus prejuicios racistas, clasistas e ideológicos, prefiere voltear la mirada hacia otro lado, como si nada de esto pasara.
Estos hecho violentos deben alertarnos y hacernos entender, por fin, que están retomando esas prácticas que llenaron de lagrimas y dolor la vida de muchas familias guatemaltecas… y que si permitimos que la indiferencia nos gane, seguiremos transitando a ese punto de inflexión del cual no habrá retorno…

Los hechos del pasado deben quedarse ahí… y no pueden, ni deben retornar; lejos de pretender negarlos y ocultarlos impunemente, debemos ser estudiosos y críticos de nuestra historia y jamás olvidarla. Es la única forma de que no cometamos los mismos errores.

El libre ejercicio a nuestra ciudadanía es un derecho que debemos ejercer, sin importar si pateamos el balón con la derecha o con la izquierda. Las cosas no cambiarán, si no hacemos nada para que cambien y seguimos con esas ataduras que nos condenan a la indiferencia y a nuestra propia comodidad.

Debemos aprender a ser tolerantes; entender que cada uno de nosotros tiene su propia historia y que cada cabeza es un mundo; comprender que Guatemala no puede seguir siendo esa finca donde a lo que diga el capataz hay que agachar la cabeza y decirle “sí” y que ninguna de nuestras diferencias importan, si todos avanzamos, hacia la construcción de un Estado, capaz de garantizar la vida y el bien común.

Sirvan estas líneas para reconocer la memoria de Juana, pero sobre todo, como una invitación a evitar esos eclipses que ciegan y que distraen nuestra atención y esfuerzo a cosas triviales; como un llamado a vencer la indiferencia y a que nos animemos a alzar la voz, para exigir a las autoridades competentes que hagan todos los esfuerzos para evitar más muertes y para dar con los responsable del asesinato de aquellos que como Juana, Mateo, José, Ramón, Luis y Florencio… decidieron tomarse la vida en serio y tejer con sus propias manos y desde sus propias comunidades, esos cambios que, de a poco, permitan a nuestros hijos vivir en una Guatemala mejor.

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