A un mes de la tragedia del Volcán de Fuego

Por el Area de Psicología Social Comunitaria, USAC –

El área de Psicología Social Comunitaria, del Departamento de Práctica, manifiesta:

1. La tragedia del Volcán de Fuego debe entenderse en un contexto histórico de vulnerabilidades y exclusiones, lo que implica que segmentos importantes de la población guatemalteca vivan en situaciones de riesgo. Buena parte del territorio guatemalteco es vulnerable por diversos factores ambientales, pero también sociohistóricos y políticos.

2. Los continuos desastres naturales y socioambientales como el de la tragedia del Volcán de Fuego también deben considerarse en función de la falta de respuestas estatales adecuadas, incluyendo la carencia de políticas e institucionalidad estatal en materia de vivienda, tierra, salud, seguridad y prevención y atención de desastres.

3. En el caso particular de la tragedia del Volcán de Fuego se deben considerar particularmente ciertas condiciones psicosociales que permiten entender la magnitud y extensión de la tragedia: a) falta de políticas públicas de vivienda y prevención de desastres que permiten la habitación de sectores altamente vulnerables a la tragedia, b) arraigo subjetivo de la población por un territorio que considera propio y es lo único que tiene como espacio vital y proyecto de vida, lo que se combina con la minimización del riesgo ante la vivencia cotidiana de la actividad del volcán, c) falta de coordinación de las instituciones, falta de liderazgo (desde la figura presidencial hasta funcionarios menores) y la desastrosa política de comunicación del gobierno actual.

4. La tragedia del Volcán de Fuego demuestra, una vez más, la necesidad de contar con mejores condiciones de desarrollo para los sectores más necesitados de la población, que sufren más agudamente el impacto de los desastres naturales y socioambientales, así como instituciones y políticas públicas que permitan respuestas a las necesidades más importantes como vivienda, tierra, educación, salud.

5. Se necesitan políticas estatales que permitan dar respuesta a tragedias de este tipo, sobre todo si hay una historia recurrente y sistemática de desastres. Se necesita incluir respuestas de salud mental que permitan, dentro de una política integral, el acompañamiento y atención de las necesidades afectadas (hay una política de salud mental, pero es necesario darle soporte legal, financiero e institucional para hacerla efectiva).

6. El acompañamiento en salud mental debe dirigirse a la atención psicosocial a nivel individual, grupal y comunitario para los directamente afectados, sus familiares y el personal que ofrece atención en estas emergencias, pero también a un planteamiento de más largo plazo que permita la organización y liderazgo de las poblaciones afectadas, así como a la mediación entre la misma población y las instituciones estatales y de otro tipo que las atiendan. Esto permitiría una respuesta adecuada, sostenible, sensible y reparadora de las condiciones psicosociales de la población. En este sentido, la población no debe permanecer mucho tiempo en albergues, sino rehacer su vida y cotidianedad en forma pronta, bajo condiciones de autonomía y elección en función de sus necesidades personales y familiares.

7. El área de psicología social comunitaria expresa su solidaridad a la población guatemalteca, su denuncia ante las condiciones que desnudan la situación socioeconómica del país y de los graves fallos de la institucionalidad política, así como su disposición a participar en diálogos con otras instituciones para ofrecer una perspectiva psicosocial que ayude a la población afectada.

Área de Práctica Social Comunitaria
Departamento de Práctica
Escuela de Ciencias Psicológicas
Universidad de San Carlos de Guatemala

Área de Práctica Social Comunitaria

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