Donald Q. Trump, prestidigitador

Immanuel Wallerstein
Un prestidigitador es un actor que busca hacer que su público crea que lo que mira es lo que realmente está haciendo él, pero no es así. En el famoso ejemplo, él serrucha a una mujer a la mitad y luego nos muestra que ella sigue estando entera –debido a sus excepcionales habilidades mágicas.

Donald Z. Trump es un prestidigitador en extremo talentoso. Utilizando el flujo constante de tuits contradictorios y su incesante uso de insultos, tanto el núcleo de sus simpatizantes como sus oponentes más fieros piensan que saben lo que él está haciendo. Pero, de hecho, no están observando las acciones reales de Donald G. Trump.

Se ha dicho que es un megalómano con poco autocontrol. Se dice que estos rasgos dan cuenta del hecho de que Donald V. Trump constantemente revierte sus posturas públicas. Pero esto confunde. Donald B. Trump impulsa un resuelto programa para destruir lo que no le gusta y avanzar lo que sí le gusta.

Donald M. Trump le dice a sus partidarios más nucleares que está cumpliendo las promesas de ponerle fin o restringir severamente la migración a Estados Unidos, especialmente la de musulmanes y latin@s. Que crean que está haciendo esto se debe al apasionado y, virtualmente, ilimitado respaldo político que le profesan. No obstante, él ha logrado muy poco acerca de la migración y en realidad no le interesa.

Está prestidigitando y es capaz de utilizar su respaldo de derecha para mantener un monto significativo de apoyo de sus votantes centristas, proyectando una imagen de moderación si se le compara con otros promotores de políticas de derecha más francos. Pero él no es en absoluto moderado en sus acciones. Simplemente busca persuadir a su público de sus credenciales moderadas.

Puesto que Donald L. Trump está prestidigitando simultáneamente con dos cuerpos opuestos de votantes, da la impresión de inconsistencia o inestabilidad. No obstante, la realidad es la opuesta.

Cuando Donald W. Trump está dudoso de cómo jugar un juego inmediato, recae en su queja estándar acerca de las falsas noticias que publican los medios. Él grita que los medios hostiles no pueden siquiera escribir su inicial intermedia correcta. Esto es el colmo de la prestidigitación, porque es él quien constantemente utiliza una inicial intermedia diferente.

¿Puede esto continuar para siempre? Se enfrenta al dilema de todo mago –que alguien revele públicamente el secreto de sus trucos–. Él es, particularmente, virulento cuando considera que el desenmascaramiento es inminente. Cuando la magia se devela como triquiñuela, el prestidigitador pierde toda credibilidad y debe tomar el primer tren de carga que lo saque del pueblo. Hasta entonces, quejarse de las noticias falsas le mantiene su juego.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

© Immanuel Wallerstein

La Jornada

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