Fútbol ¿(de) sublimado? Notas sobre machismo y misoginia en Rusia 2018

Onésimo Rodríguez Aguilar[*]

Huizinga (2007) hacía referencia a la paulatina erosión del carácter lúdico del juego: la competencia -hoy casi naturalizada en la gran mayoría de los deportes- y la seriedad aplicada a los mismos, han hecho que este vaya perdiendo su carácter central de disfrute. Es sin más, la erradicación del homo ludens. Se constituye un juego en donde la primacía está dada por una agonística del honor donde lo que importa es ganar, por encima de cualquier otro objetivo. Según Lasch, para Huizinga: “La racionalización de estas actividades deja escaso margen para el espíritu de invención arbitraria o la voluntad de dejar las cosas al azar” (1999: 133).

Para Lasch, no es esta racionalización, la que ha provocado la degradación del deporte, sino, su trivialización, puesto que el juego siempre fue serio y competitivo: “el juego deriva su poder del hecho de atribuir una finalidad seria a actividades aparentemente triviales”. Al someterse a las reglas y convenciones del juego, los jugadores cooperan para crear una ilusión de realidad. De esta forma, la actividad deportiva se transforma en una “representación de la vida” adoptando a la vez, “el carácter de drama”. Entonces, el juego, el fútbol en este caso, debe de ser dramatizado, ritualizado, es decir, instituido. Incluso, para este autor, la violencia creciente que suele atribuirse a los deportes modernos y al hábito de considerarlos con demasiada seriedad, “proviene, por el contrario de la incapacidad de tomarlos suficientemente en serio” (1999: 141 y 142).

Esto, a su vez, recuerda aquella premisa esbozada por Elias y Dunning del deporte -el fútbol- como sustituto viable de la guerra, sobre la cual recaía una importante salvedad: “pensar así es ver el deporte como una abstracción, como algo independiente y alejado de las figuraciones de seres humanos interdependientes que toman parte de él” (1996: 268), señalando un proceso de civilidad referida a dichas prácticas; idea similar a la de Lasch.

Otra postura que podemos elaborar acá es la de Freud. El padre del psicoanálisis no solía discutir sobre los deportes, menos sobre fútbol; pero sí lo hacía sobre la categoría cultura. Para el autor austríaco, la cultura deviene de lo que llamó sublimación: una renuncia a satisfacciones instintivas para, con la energía remanente, producir civilidad y progreso. Así, fue posible la ciencia, el arte, la música y, por supuesto, el deporte. Bajo esta concepción, el fútbol es una especie de sublimación de la guerra (postura cercana a la de Elias y Dunning): para no matarnos se inventaron los deportes, los cuales subliman las ansias de agresión y exterminio que naturalmente existen en las personas. Lo problemático de esta mecánica civilizatoria es que el sujeto que sublima es infeliz, pues no logra gratificar las pulsiones arcaicas que lo arrojarían a la felicidad instintiva.

Estas premisas de Huizinga, Lasch, Freud, Elias y Dunning, prefiguran la consolidación de un carácter humano sublime, que tendería al progresismo en virtud de una elaboración cultural ritualizada, institucionalizada y civilizadora. Diferentes hechos reincidentes en el mundo futbolístico, nos hacen pensar diferente. Tomemos de ejemplo el trato agresivo de hombres hacia mujeres durante la Copa Mundial de Fútbol Rusia 2018.


En Irán, una regla prohíbe a las mujeres ingresar a un estadio de fútbol, decisión impulsada por los religiosos ortodoxos que ven como “inapropiado que una mujer se mezcle con hombres que no son de su familia, que vean jugadores exponer sus piernas y que escuchen un lenguaje vulgar que se reproduce en estos escenarios”. A raíz de esto, algunas mujeres activistas han pedido, en el marco del Mundial de Fútbol organizado por la FIFA en Rusia, que en su país las dejen ingresar a los estadios (El Espectador, 2018).

Ahora bien, estas acciones violentas hacia las mujeres no son exclusivas de algunas nacionalidades. Un hincha argentino, abordó a una joven rusa, en el mismo Mundial de Fútbol y, sabiendo que la joven no entendía el idioma, en son de “broma”, le hizo repetir la siguiente frase: “Hola argentinos, vengan para aquí, quiero chupar pijas [penes]”. Días después, el sujeto de nombre Néstor Fernando Penovi, pidió disculpas al pueblo argentino y ruso, arguyendo que nunca quiso denigrar a las mujeres (Clarín, 2018).

Otros latinoamericanos también han manifestado este tipo de agresiones hacia mujeres valiéndose de diferencias culturales, en este caso idiomáticas. Hinchas brasileños pidieron a una mujer, durante la justa mundial de fútbol, unirse a su canto “boceta rosa” [vagina rosa]. Mientras tanto, dos aficionados colombianos le solicitaron a dos japonesas pronunciar la frase “soy muy perra”, presumiéndolo en redes sociales. Entre tanto, otro video muestra a aficionados peruanos pidiéndole a mujeres que pronuncien la frase “quiero cachar” [quiero coger]. Lo mismo con hinchas mexicanos, quienes bromeaban con una mujer rusa, al tiempo que le cantaban “la rusa va a probar el chile [pene] nacional” (Milenio, 2018).

En Costa Rica, país sobre el que se ha construido, tanto interna como externamente, toda una idea mítica relacionada al pacifismo y la civilidad democrática de sus habitantes, para el domingo 17 de junio, día del debut de la Selección Nacional Masculina de Fútbol en Rusia contra su similar de Serbia, la línea 9-1-1 recibió una llamada, relacionada a casos de violencia doméstica, cada tres minutos: en total, 482 solicitudes; las cuales superaron a las registradas durante los días del clásico nacional de futbol (448 casos) y la final del futbol nacional (423 llamadas) (Recio, 2018).

Intento decir que las ideas que piensan las manifestaciones devenidas del fútbol como ritualizadas, instituidas, civilizadas o sublimadas, están dando paso, con Marcuse (2009), a una especie de desublimación represiva en donde la instintividad agresiva y violenta retorna: el arcaísmo humano es vivenciado en una forma casi natural; el problema es que esta vuelta a la vivencia instintiva está atravesada por la sociedad industrial y mercantilizada que nos dice: ¡sí, goza! Pero bajo nuestros parámetros (alienación en el sentido marxista).

Algunos hinchas mencionados en las notas anteriores, al ser identificados, salieron a ofrecer una disculpa pública; claro, la sociedad tardío-capitalista condena dichas prácticas, reprime cualquier goce que trascienda sus propias formas de gozar, aunque cínicamente promueve otras formas de instrumentalización del cuerpo femenino bajo mandatos fálicos, por ejemplo, en cierta publicidad que cotidianamente observamos.

El fútbol podría ser leído hoy, como un espacio de desublimación represiva. Terminaría con la lectura optimista que hace Marcuse quien, citando a Brecht, dice: el mundo contemporáneo puede ser representado sólo si se le representa como sujeto al cambio: “como el estado de negatividad que debe de ser negado” (2009: 96). Es decir, el fútbol puede llegar a ser objeto de disfrute sin ser concebido como un espacio para la misoginia y el machismo (agregaría: la violencia más radical), solamente si, a partir de la reflexión, se busca una nueva racionalidad negando la existente: la deconstrucción de la forma en que es concebido el deporte (a toda costa competitivo y agresivo) y sus circunstancias concomitantes, para imaginar escenarios más proclives al diálogo, la unión y el respeto.

Referencias
Clarín. (2018). “El argentino que humilló a la joven rusa les pidió “perdón a todos”” En: https://www.clarin.com/deportes/mundial-2018/argentino-humillo-joven-rusa-pidio-perdon_0_SyTGMLtWX.html
Elias, N., y Eric Dunning. (1996). Deporte y ocio en el proceso de la civilización. Fondo de Cultura Económica. México.
El Espectador. (2018). “Sara, la iraní que protesta para que dejen entrar a las mujeres a los estadios” En: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/sara-la-irani-que-protesta-para-que-dejen-entrar-las-mujeres-los-estadios-articulo-795299
Freud, S. (2000). El malestar en la cultura. Alianza. España.
Huizinga, J. (2007). Homo ludens. Alianza. España.
Lasch, C. (1999). La cultura del Narcisismo. Andrés Bello. Barcelona.
Marcuse, H. (2009). El hombre unidimensional. Ariel. España.
Milenio. (2018). ¡Expulsados! Las muestras machists en el mundial. En: http://www.milenio.com/deportes/rusia-2018/expulsados-las-muestras-machistas-en-el-mundial.
Recio, Patricia. (2018). “9-1-1 recibió una llamada por violencia doméstica cada tres minutos el domingo del debut de Costa Rica en el Mundial” En: https://www.nacion.com/el-pais/salud/9-1-1-recibio-una-llamada-por-violencia-domestica/BEQBO5HJIJFDVAX35KJUUEUJKY/story/

[1] Antropólogo. Doctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Ciudad de México. Profesor asociado de la Escuela de Antropología de la Universidad de Costa Rica. E-mail: oneboticario@gmail.com.

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