El día después del mundial: Trump y Putin en Helsinki; no en Viena

Alfredo Jalife-Rahme

Si la cumbre de Trump y Putin no fue en Viena (http://bit.ly/2II9QAU), no podían haber sido otros lugares mas que Rayjavik o Helsinki –como propuse (http://bit.ly/2MyFlj6)- debido a consideraciones logísticas.

En medio de la “cacería de brujas (Trump dixit)” y la cacofonía multimediática y judicial del fiscal especial Robert Mueller, fue muy significativo que el megahalcón y rusófobo John Bolton –quien llegó a insultar a Putin de “mentiroso”– acudiera a Moscú a negociar la agenda de la cumbre.

La palabra clave será “détente” (“distensión”). Hoy, más que la “coexistencia pacífica” de la anterior guerra fría entre EU y la ex URSS, sería más bien de “tolerancia pacífica”.

Los contactos entre los dos mandatarios de las dos superpotencias geoestratégicas, sin olvidar a China, cesarán de ser al margen de irrelevantes cumbres insípidas en dos vestigios arqueológicos del caduco (des)orden global tanto en la APEC como en el G-20.

Tampoco pasó desapercibido la ducha escocesa que propinó Trump al agónico G-7 donde los exhortó invitar a Rusia (http://bit.ly/2NbR0pc), lo cual de cierta manera lubricó la cumbre del 16 de julio –después de su visita a Gran Bretaña y la cumbre con la OTAN el 11 de julio–, en Helsinki: capital de un país con mil 309 kilómetros de frontera con Rusia y que en la etapa de la guerra fría mantuvo una neutralidad positiva que dio pie al término “finlandización”.

Algunos líderes europeos comentan que Trump dijo en privado al G-7 que Crimea debería ser parte de Rusia debido a que la mayor parte de su población habla ruso.

Ahora Trump se siente más seguro para reunirse con el zar Vlady Putin, satanizado por el Deep State estadunidense que prefiere vivir al borde del precipicio de los suculentos negocios de su complejo militar industrial.

Los multimedia y turiferarios controlados por los banqueros Rothschild y su instrumento megaespeculador Geroge Soros están aterrados de ser los grandes perdedores cuando el mundo financierista se desglobaliza y el planeta se redirecciona a refugios nacionalistas,como acaba de suceder en Turquía, país “pivote” desde el punto de vista geoestratégico, que con una asombrosa participación ciudadana de 87 por ciento (¡mega sic!) impulsó su ultranacionalismo: mezcla de conservadurismo sunnita con un irredentismo neo-otomano (https://sptnkne.ws/hUwX).

En un artículo repleto de fobias doblemente contra Trump y Putin, The New York Times (NYT), que hizo el ridículo al ignorar la composición del electorado en el mismo Nueva York (http://bit.ly/2lNLQn3), alega que los “expertos ( sic)” temen que “Trump cederá más de lo que obtiene en su reunión con Putin” (https://nyti.ms/2NhuvPE).

El problema con los seudoexpertos del NYT es que pertenecen al bando globalista que ni siquiera se detiene a auscultar dialécticamente a la contraparte.

Los seudoexpertos del NYT, exageradamente vinculados al estado sionista, como Martin Indyk, anterior embajador de EU en Israel, dan a entender la posibilidad de un trueque subrepticio de Ucrania por Irán.

NYT comenta que “persuadir a Rusia de cambiar su estrategia en Siria será difícil y levantar las sanciones contra Moscú causarán otra brecha con los aliados ( sic) europeos de por si lastimados ( sic) por Trump”.

Por lo visto NYT no se actualiza: ¿Cuáles “aliados” europeos?

La tranquilidad estratégica del zar Vlady Putin ha rendido sus frutos y en su conferencia conjunta con el estadunidense Bolton comentó que el ambiente de rusofobia en EU “se debía principalmente a las luchas políticas internas dentro del propio EU” (http://bit.ly/2tJmLOm).

Para el portal Global Security el tema primordial a abordar será la detención de la carrera armamentista , además de los contenciosos de Ucrania, Siria, Irán, las sanciones occidentales y, quizá, el tema candente del espía Edward Snowden.

El connotado académico israelí-estadunidense especialista en las relaciones EU/Rusia, Steven Cohen, pregunta “¿Quién tiene miedo de la cumbre de Trump/Putin?” (http://bit.ly/2lIIDoG). Muy fácil de responder: los globalistas financieristas anglosajones.

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La Jornada

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