Un beso, claveles y pañoleta roja.

Lorena Median

El sol quemaba los pasos, los deseos y los sueños de libertad. La ofensiva de la memoria avanzaba por las calles de la zona 1. Los milicos habían usurpado por décadas de dictadura este espacio. Ahora nos tomamos las calles; las flores, los bailes, los cantos y las granizadas abren paso a la marcha de los HIJOS e HIJAS de la historia.
El montón de años encima hacían mella en la espalda sudorosa. Labios resecos, garganta reventada por tanto grito de rebeldía, pedían sólo el milagro de 5 centímetros de sombra y un sorbo de calor humano.

Los niños pintaban, otros caminaban de la mano de padres, madres, hermanos. Las semillas están empezando a brotar. Las ideas libertarias y un grito colectivo de memoria con sabor a barrio, a instituto, a plaza, a rebeldía gravitaban por doquier.

Al llegar frente al palacio se desbordaba el sudor. Los ojos enceguecidos de tanta luz. Rojo, rojo, rojo, en los claveles, las pañoletas, los labios y los recuerdos de madres añorando a sus hijos desaparecidos.

Finalizando el momento de las verdades torrenciales, me escurrí por una avenida, llamé a tu puerta y compartimos la tortilla, bien ganada, mojadita con caldo de frijoles y chile.
La tarde sazonada con los Beatles, los Mitos y Silvio fue el escenario de algazaras, anécdotas de juventud y un paso rotundo al rincón de los dioses.

Repentina y traviesa asomó la noche. Sin piedad anunciaba que mi tiempo fuera terminaba. El éxodo hacia el sur era inevitable. Compartimos risas, cantos, política y un buen par de inspiradoras musas. Vi de reojo el reloj, que musitaba palabras inimaginables.

El viejo árbol quiso que me quedase, sabíamos ambos que todo llegaba como siempre, hasta donde se pueda. Nunca hicimos promesas. Nunca pensamos mucho sobre este caminar intermitente de la historia, de la lucha que siempre nos convoca.

Ya con la luna en todo su apogeo, aullamos una vez más. Nos apartamos un momento para no decir nada, solo para darnos un beso con la punta de los labios, un abrazo y dos claveles. A propósito dejé sobre su cama la pañoleta roja que abrigó esta mañana colectiva, libre, cálida, de todos, hermosa. A cambio me llevé un libro, sus fumarolas, las cenizas, nuestras risas y un abrazo que sigue estremeciendo mi espalda, a cada respirar.

Te gusto, quieres compartir