Morir en la frontera

Miguel Angel Sandoval

El escándalo mayor del ultimo año es la cárcel de niños en la frontera mexicana. En Texas, se ha puesto en evidencia lo turbio de la política migratoria del gobierno de Trump. La separación de la familia, principal soporte de la idea de la democracia o de la religión, cualquiera que sea, es algo que estremeció el continente. Una medida inverosímil pues con ello se pone de manifiesto que al gobierno de los EEUU, en la actualidad, la gente le viene del norte. No le interesa, la considera un problema.

Tan grave es la medida impulsada y tan fuerte la repulsa generada, que el propio innombrable presidente de los EEUU tuvo que dar marcha atrás. Gente de todos los sectores sociales y de todas las orientaciones políticas y religiosas dieron un grito en el cielo. En nuestra pequeña aldea, resonó como un cañón una declaración en fb del ex embajador de ese país en Guatemala. Sthephen Mcfarland, quien dijo que era un error, por inhumana y cruel. Palabras mas palabras menos.

En un escenario típico del chivo expiatorio, fue demitido el vocero presidencial pues las burradas dichas ante ese caso fueron de escándalo, nauseabundas. Por supuesto que mucha mas gente en el gobierno piensa igual que el vocero despedido. Solo que sin los reflectores cotidianos y sin las estupideces en cada declaración. Pero el tema es que la condición de siervos del gobierno de los EEUU les ha llevado a la ignominia. Es el síndrome del esclavo que pide perdón por haber intentado la fuga, o del pecador que pide latigazos por haber pensado mal de la virgen María.

La idea es salir en defensa de los 2.5 o 3 millones de guatemaltecos en los EEUU que no se fueron por su gusto sino que se fueron expulsados por un sistema económico y social que los mando para fuera. Defensa a esa paisanada que es la clave de la precaria estabilidad política del país o de sus expresiones económicas y sociales, debería ser el ABC de cualquier gobierno y por la defensa de estos compatriotas lo mínimo es salir en su defensa, gritar alto y fuerte, que eso de encerrar guatemaltecos que ejercen el derecho a la migración, es un crimen contra la humanidad una brutal violación de los derechos humanos. Sobre todo en un país como EEUU que se construyo sobre la base de la migración.

Es bueno decir con toda la claridad, que no hay en la migración nada parecido a ilegalidad en la opción de cualquier ciudadano. Es el ejercicio de un derecho. Nada mas. Y hay una minoría que se marcha del país por razones diversas que no son económicas o falta de oportunidades, pero eso es una pequeñísima minoría, un .005 % el resto se va obligado por la ausencia de oportunidades, de condiciones, por la violencia, por la represión cuando es el caso, pero nadie se va porque quiera vivir en otras condiciones siendo un ciudadano de segunda. Salvo las excepciones, que como en todo, nunca faltan.

El migrante es mas que una remesa y ello no se quiere entender por quienes toman decisiones en nuestro país. No sabría decir con exactitud en donde se encuentra y en que radica esa visión tan torpe del fenómeno de la migración. Son nuestros paisanos, son en muchos casos nuestros familiares y no merecen el trato que en la actualidad reciben de un gobierno que se cae a pedazos y no articula ninguna política que vaya en defensa de los connacionales. Es la vergüenza de propios y ajenos.

Morir en la frontera hace referencia al hecho que en ese no-lugar que es la frontera norte, incluso desde antes al intentar pasar la frontera con México hacia el sur de los EEUU, representa muchas veces la muerte de una esperanza de encontrar un empleo, una manera digna de ganarse la vida a pesar de todas las limitaciones que hay para vivir de manera plena. Claro, como siempre hay las excepciones y es de nuevo el mito del éxito al alcance de todos, la fortuna a la mano de todos, y vuelta al clásico tema del que lustraba zapatos y se convirtió en millonario, en la mas clásica figura del sueño americano. Pero los sueños muchas veces terminan en pesadilla y perdón por esta ultimo lugar común.

A propósito, en 2014 fue el caso de miles de niños o menores no acompañados que hizo crujir la política migratoria de los EEUU y al mismo tiempo puso sobre la mesa la dimensión del tema migratorio. De esa crisis nació el Plan para la Prosperidad del llamado Triangulo Norte. Se iba a invertir miles de millones de dolares para impedir las migraciones masivas. Como el plan no dio resultados, ahora se enjaula niños y sus padres, se rompen las familias y se drogan a los niños para que no molesten, como hay muchas denuncias documentadas con fotos y testimonios. Mientras, desde el gobierno de Guatemala o de Honduras y otros, silencio total, ignominia total, vergüenza total.

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