De espaldas al clamor de los niños migrantes, de espaldas al pueblo de Guatemala

Lorena Medina

Desgarradoras imágenes de niños inmigrantes en Estados Unidos, que fueron separados de sus padres y de una vez, enjaulados cual peligrosos rufianes o delincuentes recorren de manera viral el mundo de las redes sociales y otros medios. Son imborrables sus expresiones con ojos llorosos y angustia, evidenciando de manera contundente el maltrato psicológico que sufren los niños, así como la desprotección a la que se les somete en esas instalaciones preparadas por el gobierno para albergar a miles de niños que viajan en condiciones “ilegales” hacia el país del norte. Numerosas organizaciones de Derechos Humanos y expertos han denunciado que estas prácticas “son muestra de tratos crueles y tortura a los pequeños”. Todo esto, a raíz que desde el lunes 18 de junio, la prensa corporativa global y nacional ha difundido ampliamente un video y varias fotografías de uno de estos centros de procesamiento y detención de inmigrantes en Texas, en el que puede observarse la forma tan tosca y despectiva en que se hacina a los niños, tras ser separados tajantemente de sus padres, aún desde los más pequeños infantes de brazos, hasta los que alcanzan edades de adolescencia.

La sensación de abandono y la incertidumbre se instalan en las mentes de estos niños, generando “mucho stress y conductas histéricas”, según se ha denunciado por varias organizaciones que velan por los derechos de los migrantes en Estados Unidos. Y no es para menos. El sueño americano de sus progenitores se les convirtió en pesadilla. Esto es producto de la política xenofóbica y racista “cero tolerancia en la frontera”, impulsada por el gobierno de Donald Trump. Según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) “alrededor de dos mil menores habían sido separados de sus padres desde mediados de abril hasta finales de mayo” de este año. Esta situación se agrava para los niños que viajan solos, pues según las autoridades “no se puede dar a conocer el lugar exacto de las instalaciones al que son llevados estos niños”, lo que dificulta a los activistas de derechos humanos y otros organismos en velar por el bienestar de los niños, a ejercer la vigilancia necesaria, para garantizar que se respeten los derechos humanos de los niños y niñas.

Como es sabido, cientos de familias parten rumbo al país del norte, desde México y el istmo centroamericano, principalmente, con el horizonte de hallar mejores condiciones de vida. Esto debido a que en sus países de origen predominan factores estructurales de pobreza, subdesarrollo; carestía de la canasta básica, escasos espacios laborales dignos, falta de acceso a servicios públicos básicos, altos niveles de violencia, entre otros, mismos que les obligan a migrar, aún contra las adversidades y los peligros que representa una ruta marcada por asaltos, extorsiones, violencia sexual, trata, tráfico de drogas, secuestros, etc. Generalmente, los pocos recursos que una familia posee, son el “enganche” de una odisea que se vive desde la oscuridad de furgones, faltos de oxígeno, al asecho de todo tipo de mafias. Llegar a Estados Unidos sano y salvo es un gran logro en sí mismo. En este contexto, una gran cantidad de niños y niñas también viajan solos para reunificarse con sus familiares, que con total sacrificio mandan dinero para que se emprenda el viaje. Otras familias intentan mantenerse unidas, porque ese es un factor vital para proteger a los niños y niñas.

Pese a todo ello si son descubiertos por las autoridades migratorias de EEUU automáticamente son apresados y se les da un trato que viola los más esenciales derechos de la persona humana. El bum que ha causado esta noticia y las férreas críticas a la política migratoria de Trump, han generado que ese país abandone el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Si bien es una medida de protesta por las presiones internacionales, el gobierno mantiene su postura e insiste en mantener separados a los niños de sus padres y madres.

La rabia e impotencia que estos hechos generan, se acrecientan en casos como el de Guatemala, en donde el Gobierno de Morales lejos de pronunciarse para proteger a los migrantes y sus hijos, han adoptado una actitud servil y complaciente (como lo ha hecho desde siempre) ha insistido mediante varios de sus funcionarios consultados al respecto en sus declaraciones indicaron que “la gente migra porque quiere” (vicepresidente); por su parte la Canciller Sandra Jovel indicó que “no ha visto los videos que circulan sobre niños encarcelados, asegurando que “los infantes se encuentran en albergues y están con el mejor trato posible”. La insensibilidad, indiferencia y abandono de su población han sido una constante para la administración de Morales, lo cual quedó ampliamente demostrado por la pobre actuación oficial para responder al desastre causado por la erupción del volcán de Fuego, abandono que acrecentó el número de fallecidos, cifras que aún siguen siendo minimizadas por el aparato estatal. Ahora la noticia sobre la separación de las familias migrantes y el enjaulamiento de los niños y niñas, vuelve a poner a prueba la capacidad gubernamental para responder a un clamor generalizado, puesto que actualmente los guatemaltecos constituyen el tercer país con más habitantes que viven actualmente en EE. UU por debajo de México y El Salvador.
Lejos de brindarles apoyo a los niños y sus familias, tal como lo han hecho otros gobiernos, Morales ha dejado entrever su total apoyo a esta política, justificando lo que acontece, según las declaraciones de sus funcionarios. Incluso, se ha despedido al vocero de la presidencia, Heinz Hiemman, supuestamente por ciertas críticas lanzadas a la política de tolerancia cero.

En estas condiciones lo que queda más que evidenciado es la falta de solidaridad, de visión política y de sentido ético del gobierno ante el dolor de las miles de familias que están siendo criminalizadas y en proceso de deportación. El trato hacia los niños y niñas migrantes en un país como Estados Unidos y con un gobierno de corte fascista como el de Trump sólo pueden (lamentablemente) equipararse a los atropellos que los nazis daban a las familias judías en los campos de concentración, durante la época de Hitler. En este sentido cabe señalar que ese país es uno de los pocos que no ha ratificado la Convención de los Derechos del Niño, adoptada por Naciones Unidas en 1989. Este es un tratado internacional que “establece en forma de ley internacional que los Estados Partes deben asegurar que todos los niños y niñas —sin ningún tipo de discriminación— se beneficien de una serie de medidas especiales de protección y asistencia; tengan acceso a servicios como la educación y la atención de la salud; puedan desarrollar plenamente sus personalidades, habilidades y talentos; crezcan en un ambiente de felicidad, amor y comprensión; y reciban información sobre la manera en que pueden alcanzar sus derechos y participar en el proceso de una forma accesible y activa.”[1]

En el caso guatemalteco, el Estado es signatario y ha ratificado la Convención de los Derechos del Niño fue ratificada el 15 de mayo de 1990, obligando al Estado a velar por el interés superior del niño y la niña, “alentando a los Estados a que tomen medidas especiales y establezcan instituciones especiales para la promoción y protección de los derechos de la infancia.” Lejos de cumplir este mandato, por la preeminencia de los instrumentos jurídicos internacionales en materia de Derechos Humanos, el Gobierno prácticamente les ha dado la espalda a los niños y niñas migrantes, encarcelados en Estados Unidos, como se ha dado a todo el pueblo de Guatemala, al ser insensible ante sus más elementales derechos mediante sus políticas de corte antipopular, represivas y los altos niveles de corrupción que lo han caracterizado. Un Estado puede calificarse por la forma en que trata a su infancia. En Guatemala la desnutrición crónica, afecta al 46.5% de niños menores de 5 años; la mitad de los niños aproximadamente morirán a causa del hambre o están condenados al subdesarrollo, las limitaciones en el crecimiento y a permanecer en la pobreza toda su vida.

[1] https://www.unicef.org/spanish/crc/index_30229.html recuperado el 20/06/2018.

Te gusto, quieres compartir