Los daños incalculables de la economía ‘ortodoxa’

Lucrezia Fanti Mauro Gallegati

Los modelos económicos y econométricos utilizados para planificar y evaluar las políticas económicas de los gobiernos y los bancos centrales se derivan de la adopción de un paradigma teórico falaz y obsoleto. Pero eso sigue produciendo un daño enorme a la vida de todas las personas.

La economía es una ciencia social que permite cuantificar y evaluar empíricamente muchas variables relacionadas con su análisis: variables micro, meso y macroeconómicas. La evaluación de los fenómenos económicos y sus determinantes está vinculada a la teoría económica subyacente y a la forma de entender el sistema económico en términos social e históricamente determinados.

Criticar y repensar el paradigma económico dominante y sus teorías derivadas, por lo tanto, no es un ejercicio estéril entre académicos y expertos, sino que es un elemento esencial de la discusión acerca de las políticas económicas que afecten materialmente al contexto económico y social en el que todos vivimos.

Las políticas económicas aplicadas por los gobiernos y los bancos centrales son el resultado de evaluaciones sobre la tendencia de variables económicas clave, como el PIB, el desempleo o la deuda pública, pero el signo de estas políticas es una consecuencia directa del paradigma teórico subyacente en los modelos económicos (y econométricos) utilizados por las instituciones en cuestión.

Las políticas económicas adoptadas por los gobiernos que se sucedieron en Italia en los últimos años y que no son una excepción -a su vez influenciadas y orientadas por indicaciones y restricciones impuestas a escala comunitaria-, son objeto de las críticas y análisis propuestos en este e-book.

La crisis económica de 2007 ha puesto dramáticamente en evidencia la inadecuación de los modelos macroeconómicos ‘ortodoxos’, no solo por no predecir el advenimiento de grandes crisis, como la que golpeó a los Estados Unidos y luego a una gran parte de las economías avanzadas (un ejemplo de ello es la ahora famosa «pregunta de la reina»[1]), sino también sin ni siquiera haber considerado su eventualidad.

A pesar de las numerosas críticas de economistas de prestigio internacional como Joseph Stiglitz y Paul Romer [2], los modelos DSGE (Dynamic Stochastic General Equilibrium) son hoy el instrumento más utilizado -si no el único- por las instituciones económicas internacionales para evaluar el impacto de las políticas económicas y realizar estimaciones y pronósticos sobre la evolución de variables macroeconómicas clave. Los ejemplos incluyen el modelo QUEST de la Comisión Europea, el modelo ITEM -el modelo econométrico trimestral para la economía italiana- y el modelo IGEM (Italy General Equilibrium Model).

Las evaluaciones y estimaciones relacionadas con la marcha de la macroeconomía en Italia, presentadas cada año por el Ministerio de Economía en el Documento Económico y Financiero (DEF) y las Notas de Actualización a la DEF se hacen precisamente a través de los modelos ITEM e IGEM. Actualmente se está actualizando en una nueva versión denominada IGEM-F, que incluye un sector bancario que permita el análisis de «fricciones» financieras.

Algunas críticas al uso de estos modelos por parte del Ministerio de Economía y Finanzas provienen recientemente de la misma Oficina de Presupuesto Parlamentario (UPB) en su Informe sobre Programación Presupuestaria 2016 [3], con referencia a la evaluación del impacto de las políticas estructurales presente dentro de la DEF 2016.

Las observaciones planteadas por la UPB se refieren a la utilización de los modelos QUEST III, ITEM e IGEM para la evaluación del impacto de las reformas estructurales (por ejemplo, la Ley de Empleo) sobre el PIB potencial [4]. La UPB enfatiza cómo el uso de estos modelos, con un enfoque teórico centrado en la oferta y viciado por los defectos inherentes de los axiomas en los que pivota la estructura del equilibrio general, obvia el papel central desempeñado por la demanda agregada y los efectos de la distribución.

El sistema teórico de la DSGE es, de hecho, el del equilibrio económico general de la economía neoclásica (o marginalista) -formalizado por Leon Walras hace casi 150 años- y refinado a lo largo de los años por medio de anexos analíticos y teóricos sujetos a las influencias de cada momento [5]. Estos modelos aún se basan en suposiciones teóricas muy débiles, como las expectativas racionales, el uso de procedimientos de optimización intertemporal de las funciones de utilidad del agente representativo y la interacción exclusivamente indirecta de los agentes a través del sistema de precios.

En términos de la teoría económica, tal enfoque se centra exclusivamente en el análisis de los factores económicos del lado de la oferta [6], descuidando completamente el lado de la demanda y otros efectos «keynesianos», excluyendo también las interacciones directas entre agentes económicos heterogéneos y las consecuencias que estas interacciones tienen sobre las variables macroeconómicas agregadas, y viceversa (efectos de retroalimentación).

Más allá de las cuestiones metodológicas que acabamos de mencionar y las consecuencias teóricas que producen, parece necesario hacer hincapié en que el paradigma económico dominante hoy en día es el neoclásico o marginalista, con algún matiz de «keynesianismo bastardo» de intensidad variable, y que es el que representa el soporte teórico que propone las recetas económicas de respuesta a la crisis – en primer lugar la «austeridad expansiva»- y al mismo tiempo los instrumentos de evaluación de la eficacia de dichas políticas (a través del uso de modelos como el ya mencionado IGEM) basado en el logro, o no, de objetivos, a su vez basados en la misma teoría, en un círculo vicioso interminable.

Un buen ejemplo viene de las estimaciones sobre el denominado output gap, que indica la diferencia entre el PIB potencial [7] y el real, basada a su vez en las estimaciones del autodenominado NAWRU (Non-Accelerating Wage Rate of Unemployment), es decir, la tasa de desempleo de «equilibrio» a largo plazo que no altera la dinámica salarial. De este indicador económico, estimado por la Comisión Europea, y de su interpretación, depende el destino de la mayoría de las políticas económicas europeas, incluidas las limitaciones del déficit estructural impuesto a los países miembros [8].

En este sentido, cuanto menor es la distancia entre NAWRU y la tasa real de desempleo, menor será la diferencia entre el potencial del PIB – estimado, como hemos dicho, sobre la base de la hipótesis del «equilibrio de pleno empleo» – y el PIB real (por lo tanto, la brecha de producción). Una menor brecha de producción estimada se asocia con un menor endeudamiento cíclico y, por lo tanto, la deuda estructural (es decir, el endeudamiento eliminado por el ciclo económico) que un país miembro deberá corregir será más amplia.

Hemos visto en los últimos años la evidencia de las estimaciones de NAWRU que han tendido a aumentar, en lugar de disminuir, la tasa de desempleo de los países miembros, especialmente los países de la periferia de la eurozona más afectados por la crisis con una tasa más alta de desempleo real, con la consecuencia directa de la imposición de políticas fiscales restrictivas que impiden o ralentizan la recuperación.

Esto es exactamente lo que ha sucedido con la imposición de recetas de «austeridad expansiva» y con la introducción del Pacto Fiscal como piedra angular de las políticas económicas y de finanzas públicas en los países miembros de la zona euro. Y es solo uno de los ejemplos de las consecuencias serias y concretas que un marco teórico dado y los modelos económicos resultantes pueden implicar para la definición e imposición de políticas económicas que influyen en nuestro punto de vista y que están en el centro del debate económico y político cotidiano.

Que hacer?

En primer lugar, fomentar el pluralismo en el estudio de la teoría económica y dentro del debate académico e institucional. Las alternativas al paradigma ‘ortodoxo’ dominante existen y están ganando cada vez mayor solidez, tanto en el nivel teórico como en el metodológico.

En un nivel teórico, el papel de la demanda agregada en un sentido genuinamente keynesiano, de la innovación como motor del crecimiento económico [9], la heterogeneidad como elemento central para el análisis de los conflictos distributivos y las desigualdades en el ingreso y la riqueza, y la hipótesis de la inestabilidad financiera (teorizada por Hyman Minsky) como un fenómeno intrínseco de los sistemas capitalistas, hoy son elementos esenciales en muchos campos de investigación, tanto teóricos como empíricos, investigados y desarrollados por un número creciente de investigadores y economistas.

En el campo de la economía aplicada y del análisis econométrico empírico, muchas contribuciones ya subrayan: i) la necesidad de analizar cuidadosamente la interacción entre la demanda agregada, la innovación y el crecimiento económico para comprender la tendencia y los determinantes de los «círculos virtuosos» o «viciosos» para las economías avanzadas [10]; ii) el papel del aumento de las desigualdades en los ingresos y la riqueza y los motores que hacen que se vuelva más intenso [11]; iii) los efectos perjudiciales de las políticas de flexibilización del mercado laboral sobre los procesos innovadores y el crecimiento económico [12].

Desde un punto de vista metodológico, estos enfoques teóricos se insertan cada vez con mayor frecuencia en modelos económicos que utilizan las herramientas analíticas de los «sistemas adaptativos complejos» aplicados a sistemas económicos, en primer lugar, los modelos basados en agentes heterogéneos ABM (Agent-Based Models).

Además, en los últimos años, los modelos basados en agentes heterogéneos se han integrado con frecuencia [13] con modelos agregados de SFC (Stock-Flow Consistent), es decir, modelos macroeconómicos que analizan sistemáticamente la dinámica de las variables de stock y de flujo -ambas realidades financieras- entre los diferentes sectores de una economía de producción monetaria y dentro de cada uno de los sectores, a fin de hacer un seguimiento de la evolución en el tiempo de variables macroeconómicas clave y poder identificar cualquier desequilibrio y fenómeno de crisis, también gracias al análisis explícito del sector financiero [14].

Notas:

[1] Según los periódicos ingleses, el 5 de noviembre de 2008, la reina Isabel de Inglaterra, visitando la London School of Economics, habría preguntado a los presentes por qué nadie había previsto la crisis financiera de 2007.

[2] Ver J. E Stiglitz (2017), “Where Macroeconomics Were Wrong”, en la Oxford Review of Economic Policy: https://www.ineteconomics.org/uploads/papers/Where-Modern-Macroeconomics-Went-Wrong.pdf; P. Romer (2016), “The Trouble with Macroeconomics”, en Stern School of Business Working Paper: https://paulromer.net/wp-content/uploads/2016/09/WP-Trouble.pdf

[3] Oficina de Presupuesto Parlamentario (2016), Informe sobre la Programación Presupuestaria 2016: http://www.upbilancio.it/wp-content/uploads/2016/05/Rapporto-sulla-programmazione-2016.pdf

[4] Para un análisis empírico de los efectos negativos de la Jobs Act, ver M. Fana, D. Guarascio y V. Cirillo (2015), ” Jobs Act: crónica de un fracaso anunciado”, en sbilanciamoci.info: http://sbilanciamoci.info/il-mercato-del-lavoro-ai-tempi-del-jobsact-cro…. Ver también la contribución de Claudio Gnesutta “Il lavoro, quello sconosciuto” más adelante en estas páginas y en http://sbilanciamoci.info/lavoro-quello-sconosciuto/

[5] Los dos principales áreas de desarrollo de modelos DSGE – derivada del RBC (Real Business Cycle) – son, de hecho, el ámbito de la NCM (Nueva Macroeconomía Clásica), estrictamente neoclásico, y el NK-DSGE (neokeynesiano). Este último es el enfoque teórico más utilizado en las instituciones económicas internacionales y europeas, y representa una revisión del sistema marginalista neoclásico con la adición de «rigideces nominales» y las imperfecciones del mercado típicas del análisis keynesiano. Hablamos del modelo keynesiano tal como fue formulado por John Hicks en 1937 con su «síntesis neoclásica», que es lo que J. Robinson llamó “keynesianismo bastardo”.

[6] Como un ejemplo de análisis de las consecuencias económicas de las políticas centradas exclusivamente en el lado de la oferta, consulte la contribución escrita por Francesco Saraceno “La Flat Tax: solo un problema di finanza pubblica?” más adelante en estas páginas y en http://sbilanciamoci.info/la-flat-tax-solo-un-problema-finanza-pubblica/

[7] Ese es el producto que un país obtendría en condiciones de pleno uso de los factores productivos (capital y trabajo), es decir, el «equilibrio del pleno empleo». En este sentido, el tema de la teoría económica subyacente es fundamental, ya que en la mayoría de los casos (si no en todos) el cálculo realizado por las instituciones internacionales (como la OCDE y la Comisión Europea) se apoya, como pilar conceptual, en el modelo de crecimiento neoclásico de Solow (1956) y la llamada «Productividad Total de los Factores» como una fuente exógena de cambio tecnológico. Para una crítica detallada sobre este punto, consulte “El engaño del desempleo de equilibrio” (2014), en Keynes blog: https://keynesblog.com/2014/10/29/limbroglio-della-disoccupazione-di-equilibrio /

[8] La estimación de la brecha de producción es un tema muy controvertido dentro del debate macroeconómico. La OCDE, por ejemplo, utiliza como un indicador para el cálculo de la brecha de producción la NAIRU (Non-Accelerating Inflation Rate Unemployment), es decir, la tasa de desempleo de «equilibrio» que no genera presiones inflacionarias, obteniendo estimaciones drásticamente diferentes de las obtenidos por la Comisión Europea, con efectos sustanciales sobre las políticas y restricciones impuestas a las maniobras de financiación pública otorgadas a los países miembros. Para un análisis detallado sobre el tema, véase C. P Parello y Colocci D. (2015), “L’output gap non è uno solo: le stime della Commissione Europea e quelle dell’OCSE”, en Eticaeconomia: https://www.eticaeconomia.it/loutput-gap-non-e-uno-solo-le-stime-della-commissione-europea-e-quelle-dellocse/

[9] Véase, por ejemplo, G. Dosi, G. Fagiolo e A. Roventini (2010) “Schumpeter Meeting Keynes: A Policy-Friendly Model of Endogenous Growth and Business Cycles”, en Journal of Economic Dynamics y Control, 34 (9 ), pp. 1748-1767.

[10] Para un análisis detallado, véase, por ejemplo, F. Bogliacino, M. Lucchese, L. Nascia y M. Pianta (2016), “Modeling the Virtuous Circle of Innovation. A Test on Italian Firms”, en ISIGrowth Working Paper:: http://www.isigrowth.eu/wp-content/uploads/2016/01/working_paper_2016_3.pdf

[11] Véase M. Pianta y M. Franzini (2016), Disuguaglianze: quante sono, come combatterle, Laterza. Véase también la contribución por escrito de Maurizio Franzini “Disuguaglianze, una cura possibile” más adelante en estas páginas y en http://sbilanciamoci.info/disuguaglianze-cura-possibile/

[12] Véase D. Guarascio, A. Cetrulo y V. Cirillo (2018), “¿Troppa flessibilità del lavoro fa male all’innovazione?”, en Eticaeconomia: https://www.eticaeconomia.it/troppa-flessibilita-del-lavoro-fa-male-allinnovazione/. Para un análisis de los efectos del cambio tecnológico en el PIB y el empleo y algunas propuestas de políticas, ver la contribución de Enzo Valentini y Fabiano Compagnucci “Verso industria 4.0: la governance del cambiamento”, más adelante en estas páginas y en http://sbilanciamoci.info/verso-industria-4-0-la-governance-del-cambiame…

[13] Para una discusión de carácter divulgativo sobre el uso de modelos de agentes heterogéneos en economía, ver M. Gallegati (2016), Acrescita, Einaudi. Como contribución académica, ver el modelo macroeconómico de referencia de A. Caiani, A. Godin, E. Caverzasi, M. Gallegati, S. Kinsella y JE Stiglitz (2016), “”Agent Based-Stock Flow Consistent Macroeconomics: towards a benchmark model”, en Journal of Economic Dynamics and Control, 69 (c), pp. 375-408. Sobre el tema de financiarización y desigualdad, ver también A. Cardaci y F. Saraceno (2016), “Inequality, Financialisation and Credit Booms: a Model of Two Crises”, in LUISS Guido Carli Working Paper, 6/2016.

[14] No es coincidencia que W. Godley, un economista poskeynesiano y padre de la metodología SFC, fue uno de los pocos que predijo la llegada inminente de la crisis financiera de 2007. Véase: http://www.ilsole24ore.com/art/SoleOnLine4/dossier/Italia/2009/commenti-sole-24-ore/09-settembre-2009/chi-ha-visto-la-crisi_PRN.shtml

Lucrezia Fanti: enseña en el Departament de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Sapienza de Roma
Mauro Gallegati: es un reputado economista y catedrático de la Università Politecnica delle Marche de Ancona
Fuente: http://sbilanciamoci.info/gli-incalcolabili-danni-delleconomia-mainstream/
Traducción: Ana Jorge
Sin Permiso.

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