“La emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos”. Entrevista

Karl Marx

Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, entonces parte de la Prusia renana. El autor de El Capital, publicado en 1867, nos legó una obra diversa, compleja e inacabada que ha permitido a la izquierda y al movimiento obrero no solo pensar el capitalismo sino dar consistencia programática a sus luchas por un mundo más justo, sin opresión ni explotación. Para celebrar su 200 cumpleaños el periodista económico francés Romaric Godin le entrevista en profundidad.

¿Considera usted que los mecanismos esenciales del capitalismo, son los mismos después de dos siglos?

Karl Marx: La riqueza de las sociedades en las que reina el modo de producción capitalista aparece como una inmensa acumulación de mercancías. Una mercancía a primera vista parece algo trivial y de comprensión inmediata. Nuestro análisis mostró en cambio, que es una cosa muy compleja.

El capitalismo financiero actual está dominado, más que nunca, por el rendimiento, por el deseo de dinero. ¿Le sorprende?

El dinero en cuanto medio y poder universal (exterior, no derivado del hombre en cuanto hombre ni de la sociedad humana en cuanto sociedad) para hacer de la representación realidad y de la realidad una pura representación, transforma igualmente las reales fuerzas esenciales humanas y naturales en puras representaciones abstractas y por ello en imperfecciones, en dolorosas quimeras, así como, por otra parte, transforma las imperfecciones y quimeras reales, las fuerzas esenciales realmente impotentes, que sólo existen en la imaginación del individuo, en fuerzas esenciales reales y poder real. Según esta determinación, es el dinero la inversión universal de las individualidades, que transforma en su contrario, y a cuyas propiedades agrega propiedades contradictorias.

El dinero aparece, pues, como poder desintegrador para el individuo y los vínculos sociales que se dicen esenciales. Transforma la fidelidad en infidelidad, el amor en odio, el odio en amor, la virtud en vicio, el vicio en virtud, el siervo en señor, el señor en siervo, la estupidez en entendimiento, el entendimiento en estupidez.

Como el dinero, en cuanto concepto existente y activo del valor, confunde y cambia todas las cosas, es la confusión y el trueque universal de todo, es decir, el mundo invertido, la confusión y el cambio de todas las cualidades naturales y humanas. Aunque sea cobarde, es valiente quien puede comprar la valentía. Como el dinero no se cambia por una cualidad determinada, ni por una cosa o una fuerza esencial humana determinadas, sino por la totalidad del mundo objetivo natural y humano, desde el punto de vista de su poseedor puede cambiar cualquier propiedad por cualquier otra propiedad y cualquier otro objeto, incluso los contradictorios. Es la fraternización de las imposibilidades; obliga a besarse a aquello que se contradice.

Desde el colapso de los regímenes del bloque del Este, el marxismo ha sido juzgado, sin embargo, muy negativamente por el mundo intelectual. ¿Qué opina?

Todo lo que sé es que yo no soy marxista.

Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de ajustarse a la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de las premisas actualmente existentes.

Uno de los grandes debates del momento tiene que ver con el libre comercio. Muchos economistas creen que la globalización ha tenido en gran medida efectos positivos y los principales dirigentes europeos se oponen al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en este punto. Emmanuel Macron, el presidente francés, se lo ha recordado recientemente se lo ha recordado a su homólogo de Estados Unidos, a pesar de su cordial visita a Washington. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

No se deje engañar por la palabra abstracta ‘libertad’. ¿Libertad de quién? No es la libertad de cada individuo con relación a otro individuo. Es la libertad del capital para machacar al trabajador.

¿Cómo puede ser?

Toda esta argumentación se reduce a lo siguiente: El libre cambio aumenta las fuerzas productivas. Si la industria crece, si la riqueza, si la capacidad productiva, en una palabra, si el capital productivo aumenta la demanda de trabajo, aumenta igualmente el precio del trabajo y, por consiguiente, el salario. La mejor condición para el obrero es el crecimiento del capital. Hay que convenir en ello. Si el capital permanece estacionario, la industria no sólo permanecerá estacionaria, sino que declinará, y el obrero será en ese caso la primera víctima. El obrero sucumbirá antes que el capitalista. Y en el caso en que el capital vaya creciendo, en ese estado de cosas que hemos calificado como el mejor para el obrero, ¿cuál será su suerte? Sucumbirá igualmente. El crecimiento del capital productivo implica la acumulación y la conservación de capitales. La centralización de capitales conduce a una mayor división del trabajo y a un mayor empleo de las máquinas. Una mayor división del trabajo reduce a la nada la especialidad del trabajador y, colocando en lugar de esta especialidad un trabajo que todo el mundo puede hacer, aumenta la competencia entre los obreros.

¿Sería entonces usted favorable al proteccionismo que vuelve a estar de moda?

No crea que al criticar la libertad comercial tengamos el propósito de defender el sistema proteccionista. Se puede ser enemigo del régimen constitucional sin ser partidario del viejo régimen. Por lo demás, el sistema proteccionista no es sino un medio de establecer en un país la gran industria, es decir, de hacerle depender del mercado mundial; pero desde el momento en que depende del mercado mundial, depende ya más o menos del libre cambio. Además, el sistema proteccionista contribuye a desarrollar la libre concurrencia en el interior de un país.

Pero entonces, ¿qué opina sobre la actual globalización del comercio?

Al igual que la clase burguesa de un país fraterniza y se une contra los proletarios de su país, a pesar de la competencia y la rivalidad entre los miembros individuales de la burguesía, así, los burgueses de todos los países fraternizan y se unen contra los proletarios de todos los países, a pesar de sus conflictos mutuos y su competencia en el mercado mundial.

En Francia, un país que conoce bien y sobre el que ha escrito extensamente, el presidente de la República Emmanuel Macron tiene la intención de llevar a cabo una política de liberalización económica en el nombre del “sentido común”. Más competencia, ¿es esa la razón?

Decir que algunas ramas de la producción no se han desarrollado aún hasta llegar a la competencia, y que otras no han alcanzado todavía el nivel de la producción burguesa, es pura palabrería que no prueba en lo más mínimo la inevitabilidad de la competencia.

Se trata más bien de presentar la producción como regida por leyes eternas de la naturaleza, independientes de la historia, ocasión esta que sirve para introducir subrepticiamente las relaciones burguesas como leyes naturales inmutables de la sociedad concebida en abstracto. Esta es la finalidad más o menos consciente de todo este procedimiento.

Con el proyecto de ley PACTE, el gobierno francés tiene la intención de promover la participación de los empleados en los beneficios de las empresas para aliviar las tensiones sociales. Esto nos lleva a la idea, ya defendida en la reforma del mercado laboral, de que el diálogo social es mejor a nivel de empresa y que es necesario despolitizar, de alguna manera, este diálogo. ¿Qué le parece esta visión?

La condicio?n de la emancipacio?n de la clase obrera es la abolicio?n de todas las clases, del mismo modo que la condicio?n de la emancipacio?n del tercer estado, del orden burgue?s, fue la abolicio?n de todos los estados y de todos los o?rdenes.

En el transcurso de su desarrollo, la clase obrera sustituira? la antigua sociedad civil por una asociacio?n que excluya a las clases y su antagonismo; y no existira? ya un poder poli?tico propiamente dicho, pues el poder poli?tico es precisamente la expresio?n oficial del antagonismo de clase dentro de la sociedad civil.

Mientras tanto, el antagonismo entre el proletariado y la burguesi?a es la lucha de una clase contra otra clase, lucha que, llevada a su ma?s alta expresio?n, implica una revolucio?n total. Por cierto, ¿puede causar extran?eza que una sociedad basada en la oposicio?n de las clases llegue, como ultimo desenlace, a la contradiccio?n brutal, a un choque cuerpo a cuerpo?

No diga que el movimiento social excluye el movimiento poli?tico. No hay jama?s movimiento poli?tico que, al mismo tiempo, no sea social. So?lo en un orden de cosas en el que ya no existan clases y antagonismo de clases, las evoluciones sociales dejaran de ser revoluciones poli?ticas.

Sin embargo, el gobierno quiere que el “trabajo pague” y “poner a Francia a trabajar”. ¿No son buenos objetivos?

El trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo.

Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a si mismo, sino a otro. Así como en la religión la actividad propia de la fantasía humana, de la mente y del corazón humanos, actúa sobre el individuo independientemente de él, es decir, como una actividad extraña, divina o diabólica, así también la actividad del trabajador no es su propia actividad. Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo.

Francia ha suprimido el impuesto sobre el patrimonio y reducido la tributación de los rendimientos de capital. El objetivo del gobierno es apoyar la producción. ¿Es usted de la misma opinión?

Se olvida que despilfarro y ahorro, lujo y abstinencia, riqueza y pobreza son iguales la voluntad del capitalista consiste en embolsarse lo más que pueda. Y lo que hay que hacer no es discurrir acerca de lo que quiere, sino investigar su poder, los límites de este poder y el carácter de estos límites.

Asi?, pues, a medida que crece el capital productivo, la competencia entre los obreros aumenta en una proporcio?n mucho mayor. La remuneracio?n del trabajo disminuye para todos, y el peso del trabajo aumenta para algunos.

Con la masa de objetos crece, pues, el reino de los seres ajenos a los que el hombre está sometido y cada nuevo producto es una nueva potencia del reciproco engaño y la reciproca explotación. El hombre, en cuanto hombre, se hace más pobre, necesita más del dinero para adueñarse del ser enemigo, y el poder de su dinero disminuye en relación inversa a la masa de la producción, es decir; su menesterosidad crece cuando el poder del dinero aumenta. La necesidad de dinero es así la verdadera necesidad producida por la Economía Política y la única necesidad que ella produce. La cantidad de dinero es cada vez más su única propiedad importante. Así como él reduce todo ser a su abstracción, así se reduce él en su propio movimiento a ser cuantitativo. La desmesura y el exceso es su verdadera medida.

¿Usted no cree entonces en ninguna “goteo” o en el efecto beneficioso de las “reformas”?

La tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el salario normal promedio, sino a bajarlo.

Eso explicaría la evolución actual de aumento de la desigualdad … ¿Deberían centrarse en este tema las políticas de la oposición?

Como dice mi camarada Engels, la concepción de la sociedad socialista como el reino de igualdad, es una idea unilateral francesa, apoyada en el viejo lema de «libertad, igualdad, fraternidad»; una concepción que tuvo su razón de ser como fase de desarrollo en su tiempo y en su lugar, pero que hoy debe ser superada, al igual que todo lo que hay de unilateral en las escuelas socialistas anteriores, ya que sólo origina confusiones, y porque además se han descubierto fórmulas más precisas para presentar el problema.

En vez de la vaga frase redundante: “la supresión de toda desigualdad social y política”, lo que debiera decirse es que con la abolición de las diferencias de clase, desaparecen por si mismas las desigualdades sociales y políticas que de ellas emanan.

¿Cuál es su opinión sobre la socialdemocracia, ahora en profunda crisis en todas partes?

El carácter peculiar de la socialdemocracia consiste en exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía. Por mucho que difieran las medidas propuestas para alcanzar este fin, por mucho que se adorne con concepciones más o menos revolucionarias,

el contenido es siempre el mismo. Este contenido es la transformación de la sociedad por vía democrática, pero una transformación dentro del marco de la pequeña burguesía. No vaya nadie a formarse la idea limitada de que la pequeña burguesía quiere imponer, por principio, un interés egoísta de clase. Ella cree, por el contrario, que las condiciones especiales de su emancipación son las condiciones generales fuera de las cuales no puede ser salvada la sociedad moderna y evitarse la lucha de clases.

¿Es necesario, por tanto, propiciar una “convergencia de las luchas” o esperar que los distintos descontentos sociales se encuentren?

La emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos. Todos los esfuerzos dirigidos a este gran fin han fracasado hasta ahora por falta de solidaridad entre los obreros de las diferentes ramas del trabajo en cada país y de una unión fraternal entre las clases obreras de los diversos países.

Los sindicatos actúan útilmente como centros de resistencia contra las usurpaciones del capital. Fracasan, en algunos casos, por usar poco inteligentemente su fuerza. Pero, en general, fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en vez de esforzarse, al mismo tiempo, por cambiarlo, en vez de emplear sus fuerzas organizadas como palanca para la emancipación final de la clase obrera; es decir, para la abolición definitiva del sistema del trabajo asalariado.

El presidente Emmanuel Macron, en una entrevista reciente, ha afirmado ser “la emanación del gusto de los franceses por lo novelesco” y “el instrumento de algo que va más allá de si mismo”. ¿Usted lo ve así?

En la vida corriente cualquier tendero sabe distinguir muy bien entre lo que alguien pretende ser y lo que de veras es. Pero nuestros historiadores no han alcanzado aún ese trivial conocimiento. En cada época creen a pies juntillas lo que esta dice de si misma y lo que se imagina ser.

¿Es decir?

Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación.

Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión, y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean; por ello mismo, las ideas dominantes de la época.

Si los que están en las cimas del Estado tocan el violín, ¿qué cosa más natural sino que los que están abajo bailen?

¿No le ha convencido el primer año de mandato del presidente francés?

Quisiera aparecer como el bienhechor patriarcal de todas las clases. Pero no puede dar nada a una sin quitárselo a la otra. Quisiera robar Francia entera para regalársela a Francia. Empujado por las exigencias contradictorias de su situación, obligado como un prestidigitador a sacar un conejo tras otro de su chistera para mantener fijos los ojos del público, pone toda la economía burguesa al revés, crea la anarquía en nombre del orden.

Su opinión sobre Francia hoy es por lo tanto crítica…

Si alguna vez un período histórico fue gris, es este: el genio colectivo oficial de Francia ultrajado por la estupidez ladina de un solo individuo; la voluntad colectiva de la nación, cuantas veces habla en el sufragio universal, busca su expresión adecuada en los enemigos empedernidos de los intereses de las masas, hasta que, por último, la encuentra en la voluntad obstinada de un filibustero.
Karl Marx
(1818-1883), filósofo, economista y dirigente de la Asociación Internacional de Trabajadores. Esta entrevista ficticia consiste en extractos de las obras de Karl Marx, a veces ligeramente redactados para facilitar la lectura. Las citas son de traducciones al castellano de La ideología alemana, La filosofía de la miseria, los Manuscritos de 1844, Discurso sobre el Partido Cartista, Alemania y Polonia, Discurso sobre el libre comercio, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Crítica de la economía política, Precio, salarios y ganancias, El Capital, las Glosas sobre el programa de Gotha y Erfurt, los Estatutos de la Internacional y la Correspondencia. La cita “Todo lo que sé es que yo no soy marxista” es de Engels, en carta a Bebel, recordando una conversación con Karl Marx. Romaric Godin, reconocido periodista económico, colaborador de Mediapart. Edición castellana de Enrique García para SP.
Fuente:
https://www.mediapart.fr/tools/print/745520

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