Temas recurrentes: corrupción y seguridad nacional

Immanuel Wallerstein
La gente reclama por todas partes y se queja con regularidad de la corrupción y la seguridad nacional. Virtualmente, no hay país en el mundo donde esto no ocurra. Si alguien en algún país no habla públicamente utilizando ese lenguaje, es sólo porque quienes están en el poder responden con una represión excepcionalmente ruda.

De otro modo, estos temas son centrales en la política y la geopolítica de todos los países del mundo. La situación de un país en particular está sujeta también a la discusión que al respecto tengan personas situadas fuera de sus fronteras. Los ciudadanos en el exilio hablan del asunto. Los movimientos sociales en otros países hablan de eso también. Y otros gobiernos también lo hablan.

Sin embargo, la larga lista de personas que discuten estos asuntos públicamente dicen cosas muy diferentes acerca de ellos según el caso de algún país particular. Nos corresponde mirar con mayor cercanía el lenguaje que utiliza la gente y las descripciones de la realidad que hacen si hemos de entender qué está ocurriendo y cómo debemos evaluar los reclamos y las quejas.

La corrupción es, virtualmente, inescapable. Por regla general, mientras más rico es el país mayores son los montos que puede acumular mediante la corrupción. Nos informan todo el tiempo en los titulares de la prensa acerca de alguna figura política de alto nivel o algún ejecutivo de alguna corporación de alto nivel a quienes se acusa de corrupción y se les procesa por ello e inclusive se les encarcela. También nos enteramos de lo mismo con personas de menores niveles. Pero la prensa es menos propensa a hablar de estas personas.

¿Cómo puede alguien practicar la corrupción? La respuesta es bastante simple. Uno tiene que estar situado en un sitio donde el dinero fluya de una persona en la cadena a otra. Sin duda existen algunos individuos cuyos valores internalizados les impiden jugar el juego. Pero son más raros de lo que admitimos públicamente.

¿Cuál es el propósito de denunciar algunas de las sinvergüenzadas de la corrupción? Puede ser el deseo de un cambio de gobierno. La crítica pública puede conducir a manifestaciones callejeras o a otras formas organizadas de esfuerzos antigubernamentales. Tales esfuerzos pueden tener éxito o fracasar, pero el cambio de gobierno sigue siendo su objetivo.

Al mismo tiempo, el gobierno y otras personas en posiciones dominantes pueden acusar a los manifestantes antigubernamentales de ser corruptos y, por tanto, alegar que no están en posición de denunciar a nadie en el gobierno de esto.

Cuando vemos a algún gobierno hablando de otros, las acusaciones de corrupción reflejan primordialmente intereses geopolíticos. De nuevo, por regla general, un gobierno no acusa a otro gobierno de corrupción si es un aliado o si es un gobierno que preferimos que se mantenga en el poder. No obstante, un gobierno puede denunciar a otro por corrupción cuando considera enemigo al otro gobierno o si cuando menos prefiere que tal gobierno sea retirado del poder. O un gobierno puede restringir su acusación pública de otro gobierno por corrupción, mientras sugiere en lo privado que dicha restricción es temporal y que continuarla depende de algún viraje en la posición del gobierno en cuestión.

El problema de la seguridad nacional tiene una gama semejante de significados. Los gobiernos esperan restringir, inclusive eliminar, la discusión pública sobre la corrupción o de las alianzas geopolíticas invocando el tema de la seguridad nacional. Éste es un método relativamente eficaz de lograr varios fines. Los gobiernos pueden hacer un reclamo de seguridad nacional sin tener que probar su validez. Pueden argumentar que brindar la evidencia en sí mismo viola la seguridad nacional.

Un modo de contrarrestar tal bloqueo es la filtración, hecha por gente que desde dentro confía en que la prensa esparza la palabra de que el reclamo en torno a la seguridad nacional es un invento cuyo propósito es silenciar a la oposición. Y tal filtración (también conocida como “dar el pitazo”) es contrarrestada por el gobierno procesando al informante por poner en riesgo la seguridad nacional.

Un lenguaje aliado de la seguridad nacional es el del espionaje. El espionaje es también universal. No obstante, es costoso y difícil. Por tanto, lo ejercen más extensamente y sin duda con mayor eficacia los gobiernos más ricos. Y los espías pueden ser castigados con mayor severidad.

Quien lea esto puede haberse dado cuenta que me abstuve de utilizar el nombre de algún país en particular en este comentario. Esto, porque este artículo no trata de ninguna situación política o geopolítica de algún país particular. El punto esencial que estoy intentando es que casi no hay nada salvo “noticias falsas”, a como se utiliza la expresión en los días que corren. Pero debemos recordar que invocar la falsedad de las noticias acerca de acusaciones en sí mismo es un modo de intentar suprimir la discusión pública.

¿Estamos entonces indefensos para ver lo que realmente ocurre? ¿No hay manera de discernir la realidad? Por supuesto que no. Podemos involucrarnos, cada uno de nosotros, en la necesaria tarea detectivesca de tamizar por entre el uso de estos temas recurrentes vis-à-vis una situación particular, con el fin de realizar un análisis relativamente plausible.

El punto es que ser un detective implica trabajo, muchísimo trabajo. Pocos de nosotros tenemos el gusto, el dinero y el tiempo para realizar esto. Por tanto, subcontratamos este trabajo a otros: uno o más movimientos sociales particulares, uno o más periódicos, uno o más individuos, etcétera. Para hacer esto necesitamos confiar en los subcontratistas y hacer que se renueven regularmente. Un gran trabajo. Pero a menos que hagamos esto, nosotros mismos o dependamos de subcontratistas de primera, estamos condenados o empantanados por la utilización de estos temas recurrentes. Y nos quedamos sin poder hacer nada.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

© Immanuel Wallerstein

La Jornada

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