El círculo vicioso de la miseria en la Ciudad de Guatemala

Edi D. López S.
Aunque se quiera nega, los índices de pobreza, exclusión social y económica en Guatemala se han incrementado, en esta región del planeta, únicamente Haití está peor que nosotros; como bien dice el refrán: mal de otros, consuelo de tontos…

A pesar que algunos cuantos, han querido minimizar, descalificar la información que, nos refleja esa dura e insostenible realidad; es importante conocer, descubrir para algunos ese otro mundo que se ignora, en el que se desenvuelven miles de familias, y que adquiere formas, modalidades en la ciudad capital, que nos hemos acostumbrado ver como “normal”.
El área rural expulsa personas que, viven en condiciones históricas de pobreza y pobreza extrema, debido a lo cual sin mayor estudio, ni preparación, es decir mano de obra no calificada…toman la aventura de venirse a la ciudad capital, con la esperanza de una vida mejor. Se encuentran con la realidad que, su única posibilidad de empleo, es en trabajos mal remunerados, marginales, en muchos casos con horarios extenuantes, más allá de la jornada de 8 horas. Ejemplos de ello, se puede observar en las tortillerías, trabajo doméstico, ayudantes de albañil, policías particulares; la remuneración que se recibe, está lejos del salario mínimo. Los ingresos paupérrimos que reciben estas personas, los hunde más en la pobreza, miseria; sus trabajos son pan para hoy, hambre para mañana

Estos empleos y las personas inmersas en ello, terminan subsidiando a las capas medias, quienes al pagar poco, pueden “estirar” su ingreso para cubrir sus necesidades; es decir facilitan económicamente el acceso a determinados servicios y productos; aunque debido a la discriminación y la enajenación de nuestra sociedad, no se reconoce esta situación.
Son miles de familias las que, actualmente viven en los cinturones de miseria; en estas condiciones, no se tiene capacidad de adquirir, ni alquilar vivienda digna, por ello el surgimiento de los llamados asentamientos humanos, donde se vive con una serie de limitaciones de espacio, agua, drenajes, en áreas de riesgo por derrumbes o deslaves. Las viviendas que, no reúnen condiciones mínimas facilitan la promiscuidad, violaciones de niños(as) por parte de familiares, que en su mayor parte no se denuncia.

En la actualidad es conocido el mal sistema educativo público, los niños/niñas nacidos y crecidos en los asentamientos tienen mayor acceso a educación, por consiguiente sus oportunidades de trabajo son restringidas, similar o peor al de los padres que migraron del interior. Es sabido que este contexto, ha facilitado el surgimiento y crecimiento de los grupos pandilleros, llamados maras.

Desafortunadamente, son excepciones los casos de jóvenes que logran superar sus condiciones económicas y por ende mejorar la satisfacción de sus necesidades de vivienda, salud, educación; es común observar en éstas áreas marginales niñas/adolescentes convertidas en madres y/o embarazadas…cuyos hijos no tienen futuro, porque al igual que ellas, únicamente pueden vivir el presente. Estamos perdiendo como país un potencial, que otros países desean: una cantidad mayoritaria de población joven, que no encuentra una sociedad y país que satisfaga sus necesidades, sus inquietudes, que les brinde la oportunidad de realizarse…muchos únicamente tienen el camino –no opción- de la delincuencia juvenil, para sobrevivir, en este círculo de la miseria, producto de una sociedad que no atiende a su potencial humano.

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