Margarita Carrera Molina: primera mujer graduada en Letras en la Universidad de San Carlos de Guatemala, en 1957

Margarita Carrera Molina (Ciudad de Guatemala, Guatemala, 16 de septiembre de 1929) es una escritora guatemalteca. A lo largo de su carrera la escritora ha logrado desarrollar diversos géneros, entre los que se encuentran la poesía y el ensayo. Ha publicado 2 novelas, 13 libros de ensayo y 11 de poesía. Actualmente es académica de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua, que corresponde a la Real Academia Española.

Biografía

Hija de Josefina Molina Llárden y Antonio Carrera Martello, quien nació en París. Carrera es la primera mujer graduada en Letras en la Universidad de San Carlos de Guatemala, en 1957, y la primera mujer que hizo su ingreso a la Academia Guatemalteca de la Lengua, correspondiente de la Española, en 1967.

Catedrática universitaria desde 1957 en las Universidades San Carlos de Guatemala, Rafael Landívar y Del Valle de Guatemala. La Universidad de San Carlos de Guatemala le otorgó la Medalla Universitaria en el año 2000. La Universidad del Valle de Guatemala le otorgó sendos Diplomas de Merito y de Profesor Distinguido, en los años 1998 y 2001, respectivamente.

Como periodista laboró en los diarios El Imparcial, La Hora, Diario de Centro América. Actualmente es columnista del diario Prensa Libre, donde trabaja desde 1993.

Es miembro del International Writing Program, en la Universidad de Iowa, desde 1982 y escritora huésped e invitada especial en viajes y congresos internacionales sobre lengua y literatura española, realizados en España, Francia, Alemania, Suecia, México, Venezuela, Costa Rica, Miami, Puerto Rico, Panamá. También es miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

Finalista en el XI Premio Anagrama de Ensayo, Barcelona, 1982.

En 1980 trabajo con la Real Academia Española durante los meses de marzo-junio, como miembro de la Comisión Permanente de la Asociación de Academias.

Su obra En la mirilla del jaguar: biografía novelada de Monseñor Gerardi,(2002), publicada por Fondo de Cultura Económica ha sido best seller. Por tal libro recibió la “Orden Monseñor Gerardi Conedera” en 2004. La segunda edición de En la mirilla del Jaguar fue editada (sept.2005) por FCE. En el 2007, FCE también publicó Sumario del recuerdo. Memorias (1929-1981). En mayo de 2008 se publicó en Madrid su poemario Iracundiae Dea.

En el 2003 y 2004 fue propuesta por la Universidad del Valle de Guatemala, para el XII Premio Sofía de Poesía Iberoamericana, que conduce la Universidad de Salamanca.

En el 2008, fue invitada el 26 de mayo por la Universidad Autónoma de Madrid para impartir conferencias sobre su obra “En la mirilla del jaguar. Biografía novelada de Monseñor Gerardi”; y, en el mismo año, invitada por “Casa de América”: el 4 de octubre (“Gala de poesía”: lectura de poemas) y el 5 de octubre (“Centroamérica: pensamiento y literatura”). Para estas 2 invitaciones intervino el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, el Caribe, España y Portugal-CERLALC-.
Obra
Novela

En la mirilla del jaguar (2002)
Sumario del recuerdo (2006)

Poesía

Poemas pequeños (1951)
Poesías (1957)
Desde Dentro (1964)
Poemas de sangre y alba (1969)
Del noveno circulo y antología mínima (1977)
Letanías malditas (1979)
Mujer y Soledades (1982)
Toda la poesía de Margarita Carrera (1984)
Signo XX (1986)
Sumario del olvido (1994)
Antología personal de poesía (1998)

Ensayo

Temática y romanticismo en la obra de Juan Diéguez (1957)
Corpus poeticum de la obre de Juan Diéguez (1959)
Ensayos (1957)
Literatura y psicoanálisis (1979)
Ensayos-contra reloj (1980)
Antropos (La nueva filosofía)(1985)
Rebeliones y revelaciones en los signos literarios (1985)
El desafío del psicoanálisis freudiano (1951)
Freud y los sueños (1990)
El mundo a la luz de Nietzsche y del psicoanálisis (1995)
Hacia un nuevo humanismo (1996)
Antología personal: ensayo (1997)
Ensayos sobre Borges (1999)

Antología

Para conjurar el sueño: poetas guatemaltecas del siglo XX.(1998)
Rosa palpitante: sexualidad y erotismo en la escritura de poetas guatemaltecas nacidas en el siglo XX.(2005)

http://latinoamericaexuberante.org

Recordando a monseñor Gerardi

Margarita Carrera

Gerardi rayaba en los 50 años cuando fue elegido tercer obispo de la Diócesis del Quiché. Alto, blanco de tez, nariz aguileña, cabellos castaños, sus facciones reflejaban una belleza física que se empezaba a extinguir. Sus ojos eran de mirada dulce y profunda. De joven había sido delgado, pero con el correr de los años su constitución física había cambiado. A partir de los 40 años se mostraba fornido y corpulento. Por los años 50 se le recordaba siempre vestido de negro, luciendo una figura más esbelta. Desde que le nombraron obispo de Verapaz había abandonado el traje negro y vestía de manera informal, sobre todo para ir al campo. Entonces usaba pantalones caqui y ocasionalmente suéter o chumpa. Cuando hacía mucho frío, ambos. Era sencillo y amable, aunque tímido y dado a la soledad. En reuniones, gran platicador y contador de chistes. Reía espontáneamente y gozaba de las cosas simples de la vida. Su calidad humana conquistaba a cuantos trataba. Más que hablar, tenía el don de saber oír. Escuchaba en silencio a todos, como si estuvieran en confesión. Y solo al final, cuando el interlocutor había terminado lo que tenía que decir, daba su opinión. Y lo que decía valía oro. Sobre todo en el momento de la toma de decisiones. Medía los pros y los contras y siempre buscaba el justo medio, la mesura, el equilibrio. Un gran coordinador a la hora de las discusiones. Al final, él tenía siempre la última palabra, jamás despreciable, por cierto. Por ello había sido nombrado presidente de la Conferencia Episcopal desde 1972. Hasta 1974 fue obispo de Verapaz, donde desempeñó una labor ejemplar como religioso y como pastor de la gente sencilla y humilde, a quien amaba de todo corazón.

Reía espontáneamente y gozaba de las cosas simples de la vida. Su calidad humana conquistaba a cuantos trataba. Más que hablar, tenía el don de saber oír. Escuchaba en silencio a todos, como si estuvieran en confesión. Y solo al final, cuando el interlocutor había terminado lo que tenía que decir, daba su opinión. Y lo que decía valía oro. Sobre todo en el momento de la toma de decisiones.

A través de la radio, la emisora Tezulutlán, difundía la palabra de Dios, pero también dejaba oír su voz de protesta en contra de la injusticia social, sobre todo en sus homilías dominicales. Como no todos hablaban castellano, se usaba la lengua de la región, que era la maya keqchí. Así su mensaje podía llegar a las comunidades más recónditas como la voz de la esperanza. Logró, de esta manera, el despertar de la conciencia e identidad keqchí. Su nombramiento como obispo de Verapaz se había dado el 9 de mayo de 1967, dos años después de la conclusión del Concilio Vaticano II, que motivó a Gerardi a escribir, en 1968, la Carta Pastoral: “A la luz del Vaticano II. Diócesis, comunidad viva y operante”, en donde daba a conocer, por primera vez, su lucha por que llegara a establecerse la justicia social en Guatemala. Hablaba del “hombre concreto” y de la necesidad de conocer la realidad humana. Por primera vez en Guatemala, un obispo empezaba a hacer hincapié en el conocimiento de las necesidades y condiciones sociales en que viven los guatemaltecos.

«… en el tiempo que hemos permanecido en la diócesis lo hemos dedicado, hasta hoy, a observar la realidad, a estudiar las diversas situaciones y necesidades (del hombre concreto), y de acuerdo a ellas elaborar un plan de trabajo pastoral.»

Era la época en que empezaba a surgir en Latinoamérica la teología de la liberación. Gerardi reconocía el espíritu de renovación de la nueva Iglesia, que consiste no solo en predicar para la otra vida, sino en tratar de rescatar a los pobres de las situaciones infames en que viven. Pero como la teología de la liberación era vista por los gobiernos dictatoriales como aliada del comunismo, creía oportuno aclarar que esta teología no implicaba ni revolución ni subversión, “ni mucho menos una oposición sistemática, abierta o solapada, a las instituciones eclesiales tal y como Cristo las quiso y las fundó”. Sin duda, el señalamiento de que la Iglesia debe participar en los problemas relacionados con la posesión de riquezas materiales fue lo que más inquietó a los gobernantes militares de aquella época, que estaban al servicio de terratenientes y empresarios.

…el señalamiento de que la Iglesia debe participar en los problemas relacionados con la posesión de riquezas materiales fue lo que más inquietó a los gobernantes militares de aquella época, que estaban al servicio de terratenientes y empresarios.

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