Coloquio con la muerte

Lorena Medina

(a la sucia memoria del genocida E. Ríos Montt)
No voy a ninguna parte
No creo que encuentre sitio alguno.
Nadie quiere que me recueste a su lado.
De todas partes he sido exorcizado,
como cualquiera que jamás esta tierra hubiera pisado.
No encuentro ni un nicho ni una tumba
que abrazar mi caja con muerto y mortaja quiera
Ángeles llorones, me dan la espalda me miran con desdén.
¡Denme espacio, estoy arrepentido de lo malo que yo era!
En vano ruego, ni los muertos ni los vivos quieren de mi saber.
¿Por qué no pude ser diferente?
Actuar como un ser humano y no como demente
Las órdenes fluyeron desde mi entraña;
la misma que se pudre en esta hora
Nadie me ríe, nadie me llora,
Ni mi madre, ni mi familia, nadie, ninguno me extraña!
Me pude burlar tantas veces de la justicia y su proceder
Tuve amigos a montones, dinero , carros y placer
Fui el que mandaba siempre,
Las cosas se hacían según mi parecer
Pero al fin, la muerte tocó a mi puerta,
me abrazó con su frialdad y manos huesudas y me hizo fenecer.
¿A qué le temes tú padre del dolor?
Maestro de la tortura
Déjame llevarte conmigo
Muchos reclaman tu castigo
Te llevo a la sepultura
De la vida, de la historia y del odio sin olvido.
Niños, mujeres y ancianos y miles de desaparecidos
Te señalan por culpable y son los testigos
de las atrocidades que has causado, viejo insolente y sin pudor.
No esperes tener una muerte buena
como anhelabas, senil y paciente.
Todo carroñero detesta tu carne
Porque provocaste a tu paso, ruina, tristeza, tanta injusticia y pena.
Ni los gusanos te apetecen, pues procediste vilmente
Siempre creyéndote todo: Un dios, un dictador, un loco y hasta un buen presidente
Moralista de pobres, complaciente de ricos
Papas, ricachones y otros milicos que lamían tus botas plácidamente.
Yo no te había venido a buscar
Porque observaba como estuviste podrido siempre
Gozaste con el dolor ajeno. Tu sangre contiene rabia, fascismo y desamor
Esa es la herencia de tu simiente, llenaste este mundo con suciedad
Eres un tirano, malviviente y para mí llevarte será todo un honor!
Porque el que vive sin amor y sin probar una gota de humanidad
Despreciado es al llegar al destino que se comparte al final
Entre verdugo y víctima, salvo que hay quienes aunque hayan muerto
viven siempre en la memoria, en sus hijos, en las madres y en sus sueños que jamás morirán
Mientras que los verdugos como tú no tienen un sitio para descansar
Siempre van a ser recordados como asesinos de niños, de mujeres y de muchas cosas más
Aquellos que llenaron el mundo con veneno, que emanan fétidas ideas de muerto
Quienes como tú mueren desde que nacen, mueren una y mil veces más
con cada una de las vidas despojadas, y siempre morirán
por cada cabello y uña arrancada, por cada amanecer que negaron al poeta, al escribiente y al que se ocupa de la tierra para alimentar.
Hoy al fin ha llegado tu hora, no valen tus influencias, ni tus conexiones
ni el cielo, ni el infierno te podrán separar, del frío y esperado momento
que no poca gente ha soñado poder acariciar
Hasta aquí llegaron tus chifladuras, tus botas, tus aires de dictadura,
vamos anda, tienes tanto que pagar. Ve despojándote de tu traje militar
hoy me toca a mí el turno de abrazarte, querido general.

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