Las hermanas Molina Theissen testifican: “Nuestra familia era considerada enemiga de estado”

Por Jo-Marie Burt y Paulo Estrada

María Eugenia, seguida de su hermana Ana Lucrecia testificó el tercer día de audiencia del caso Molina Theissen, en el que cinco militares retirados enfrentan acusación de delitos contra los deberes de humanidad y violencia sexual agravada contra su hermana Emma y por la desaparición forzada de su hermano Marco Antonio. Su testimonio fue una narrativa paralela de los hechos descritos por su madre, Emma Theissen Álvarez de Molina, durante su declaración la audiencia previa, dando detalles adicionales.

Las hermanas hablaron sobre la tortura y violencia sexual que Emma sufrió cuando estuvo capturado por los militares y que le causó tanto daño, y de cómo la desaparición forzada de Marco Antonio y la incertidumbre de su paradero afectaron a la familia.

“Marco Antonio era un chico feliz, estudioso, juguetón”, le dijo María Eugenia al Tribunal. “Su desaparición fue devastadora y muy dolorosa para la familia. Los abusos sufridos por Emma, y la desaparición forzada de Marco Antonio, marcaron un antes y un después en nuestras vidas”.

Las hermanas también dieron su testimonio sobre el largo camino para encontrar verdad y justicia que la familia emprendió el mismo día de la desaparición forzada de Marco Antonio hace 37 años.

Por la tarde, Carlos Martín Beristain dio su testimonio experto sobre el impacto que la desaparición forzada de Marco Antonio tuvo en la familia. El doctor Beristain, de renombre internacional, es experto en los efectos psicosociales que los estados de violencia generan en las víctimas, su familia, y en sus comunidades, también en los amplios efectos sociales generados.
El arresto de Emma

Durante los años de los eventos del caso, María Eugenia vivía junto su esposo e hija en la casa familiar de sus padres en la Ciudad de Guatemala. Ella dijo que conoció de la captura de su hermana y su traslado a la Zona Militar No. 17 en Quetzaltenango (ZM17) el 28 de septiembre, el día siguiente de la captura. Supo de la captura de Emma por su esposo, Héctor Alvarado, quien era miembro del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). Emma era parte de la Juventud del Partido Guatemalteco del Trabajo (JPT).

Días después, otro miembro del partido le dijo a Alvarado que había visto a Emma ser trasladada en un vehículo del Ejército con hombres armados en Quetzaltenango. Alvarado lo comunicó a María Eugenia, pero ella no les dijo a sus padres tal información porque no quería preocuparlos.

Ana Lucrecia vivía con Emma en Quetzaltenango. En su testimonio, dijo que supo por el novio de Emma que esta no había regresado a dormir la noche de septiembre 27. Temiendo que hubiera sido capturada, Ana Lucrecia comenzó a buscarla de inmediato. Ella se enteró que los cuerpos de cinco mujeres habían sido hallados cerca del Cementerio La Verbena, así que fue allí a ver si Emma estaba entre los muertos. Poco después supo, por un miembro del PGT, que Emma estaba bajo custodia militar.
Enemigos de estado

El activismo político de la familia Molina Theissen fue evidente en el testimonio de ambas hermanas. María Eugenia le dijo al Tribunal que el gobierno militar identificaba a la familia como enemiga de estado por sus actividades políticas. El Ejército detuvo dos veces a su padre Carlos Molina, en los años posteriores al golpe financiado por la CIA de 1954, por su oposición a los regímenes militares. Emma fue arrestada en 1976, cuando era una líder estudiantil y su novio, Julio César del Valle Cóbar, también líder estudiantil, fue víctima de ejecución extrajudicial en 1980. Eso obligó a Emma a mudarse a Quetzaltenango por motivos de seguridad. Ella entonces comenzó a utilizar una identidad falsa para evitar ser detenida.

Ambas hermanas testificaron que dejaron Guatemala en 1984, después que el esposo de María Eugenia fuera ejecutado extrajudicialmente. Con la ayuda de miembros del PGT, María Eugenia buscó protección para su hija y ella en la embajada de Ecuador, donde vivieron exiliadas por años, hasta que pudieron mudarse a Costa Rica y reunirse con el resto de la familia. Ana Lucrecia se exilió en México y después se trasladó a Costa Rica.
Detención y fuga de Emma

Años después, dijo María Eugenia, Emma me contó lo que le paso. El bus en el que viajaba a Quetzaltenango fue detenido en un retén militar el 27 de septiembre. De acuerdo a Ana Lucrecia, Emma tenía un puesto de liderazgo en JPT y por eso viajaba a Guatemala constantemente. Cuando los soldados encontraron los documentos que llevaba relacionados con el JPT y PGT, fue detenida por horas y trasladada posteriormente a la ZM17.

En ese punto, el Ejército la había registrado como María Margarita Chapetón, el nombre e identidad falsa que ostentaba. Unos días después, los militares la identificaron como Emma Molina Theissen.

En el juicio, a ambas, María Eugenia y Ana Lucrecia, se les pidió que revisaran el carné de identidad que Emma portaba el día que fue capturada, que la identificaba como María Margarita Chapetón Rosales. Ambas confirmaron que la foto era de su hermana Emma Molina Theissen. También reconocieron la firma del carné de identidad de Emma.

Ambas testificaron que Emma sufrió tortura y violencia sexual durante y fuera de los interrogatorios mientras la mantenían retenida e incomunicada en la ZM17. Ana Lucrecia testificó que Emma le dijo que los hombres que la interrogaban le preguntaban constantemente por miembros del JPT y el PGT, así como de los colaboradores o las casas de seguridad. Le mostraron a Emma un folder con información sobre ella, que incluía fotos de ella y su novio, del Valle Cóbar, quien había sido asesinado el año anterior. Los captores de Emma también la llevaban en un vehículo militar alrededor de Quetzaltenango, coaccionándola para que identificara a miembros del partido y las casas de seguridad, mientras Emma se negaba.

Ana Lucrecia dio detalles adicionales de cómo Emma logró escapar de la ZM17. Después de haber sido conducida por las calles del pueblo, Emma fue llevada de vuelta a su celda en la base militar, donde la dejaron sola por unos momentos. Ella no había recibido comida y muy poca agua durante su detención. Como resultado de eso había perdido más de 20 libras, lo que le permitió deslizarse fuera de las esposas de sus muñecas. Cuando descubrió que la ventana de su celda no tenía cristal, escapó a través de la ventana, caminó hasta afuera de la base militar y tomó un taxi a casa de un pariente. Fue llevada a la Costa Sur por su seguridad.

“Cuando supe que Emma había escapado” dijo Ana Lucrecia “fue como tocar el cielo con las manos”.

Sin embargo, el estado emocional de Emma era extremadamente delicado como resultado de la tortura y las violaciones sexuales. Ana Lucrecia testificó que sufría ataques de pánico y que despertaba gritando por las noches. En enero de 1982, Emma dejó Guatemala para ir a México, donde vivió por años, hasta que pudo mudarse a Costa Rica.
La desaparición forzada de Marco Antonio

El 5 de octubre de 1981, María Eugenia y Ana Lucrecia dijeron a sus padres y a Marco Antonio que Emma había sido capturada por los militares. Esa tarde, todos decidieron abandonar la casa y quedarse en distintas casas de familiares.

La mañana del 6 de octubre, Ana Lucrecia supo que Emma había logrado escapar la base militar, así que fue a la casa se sus padres a informar a la familia. Su madre y Marco Antonio estaban en casa, recogiendo algunas cosas que necesitaban, ella les pidió que se apresuraran a salir. Poco después que Ana Lucrecia se marchó, dos oficiales del Ejército llegaron a la casa, obligaron a Marco Antonio a abrir la puerta y lo ataron. Registraron la casa usando a doña Emma como un escudo humano.

“Nunca imaginamos que los militares pudieran hacer un operativo de ese tipo a plena luz del día” dijo Ana Lucrecia.

Ana Lucrecia dio detalles adicionales sobre la desaparición de Marco Antonio, misma que le fue dada por su madre el día de los hechos. Los oficiales que entraron a la casa repetían que dónde tenían guardadas las armas, y también preguntas sobre la guerrilla.

“No encontraron armas”, dijo. “Solo teníamos libros en casa”.

Ana Lucrecia testificó que su madre le dijo, que mientras se llevaba a cabo el operativo militar, Marco Antonio le preguntaba “¿Qué hacemos mamá? ¿Qué hacemos mamá? y cuando escuché eso se me partió el corazón”, dijo. “¿Qué podría haber hecho un niño en una situación como esa?”

Las hermanas testificaron que la familia nunca paró de buscar a Marco Antonio, comenzando el mismo día de su desaparición. Interpusieron varios recursos de habeas corpus, visitaron cuarteles, comisarías y hospitales. Sostuvieron reuniones con generales del Ejército tratando de obtener información sobre Marco Antonio, en una ocasión incluso se reunieron con el comandante de la ZM17, Gordillo Martínez, quien está acusado en el caso.

Durante las preguntas que hiciera la defensa, Ana Lucrecia mencionó que incluso apelaron a las convicciones religiosas de Efraín Ríos Montt, quien había llegado al poder en marzo de 1982, para que les ayudara a localizar a Marco Antonio. “Todo fue en vano. Nunca más volvimos a saber de Marco Antonio”.

Poco después de los hechos, un dibujante de la policía hizo retratos de los hombres que allanaron la casa de la familia y secuestraron a Marco Antonio en base a las descripciones dadas por Emma Theissen Álvarez de Molina. Fue hasta el 6 de enero de 2016 cuando se detuvieron a los acusados en el caso, que doña Emma vio a Zaldaña Rojas en persona. Inmediatamente lo identificó como uno de los secuestradores de su hijo.
El largo camino a la Justicia

Ana Lucrecia le dijo al Tribunal en el momento de los hechos, el sistema de justicia carecía de capacidad para responder a las demandas y conocer la verdad sobre Marco Antonio. Los jueces no estaban dispuestos a responder a sus peticiones de habeas corpus. A la larga, la familia decidió someter su denuncia ante la Procuraduría de Derechos Humanos y tiempo después ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En 2004, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió sentencia hallando a Guatemala responsable de la desaparición forzada de Marco Antonio y ordenó reparaciones simbólicas y económicas. La Corte también ordenó al Estado a ubicar y entregar los restos de Marco Antonio y crear una base de datos de ADN que ayude a la búsqueda de víctimas de desaparición forzada, lo cual no ha sucedido.

Cuando le preguntaron qué esperaba del proceso, María Eugenia dijo que hablar de esos eventos la hizo sentir profundamente triste, pero también aliviada de haber podido finalmente dar su testimonio frente a un tribunal de justicia en Guatemala.

“Yo quiero justicia para mi hermana y para mi hermano”, dijo María Eugenia. “Quiero que nos devuelvan los restos de mi hermano. Pido verdad. Queremos saber qué pasó con Marco Antonio. Queremos saber quién lo mató, dónde está su cuerpo. Queremos sepultarlo dignamente”.

La defensa

Los abogados de la defensa se enfocaron en preguntas relacionadas con la ideología del JTP y el PGT y sobre la reparación económica que la familia Molina Theissen recibió del Estado. María Eugenia respondió que el PGT era marxista y representaba un justo intento de cambio social.

Un representante de la Procuraduría General del Estado (tercero interesado y entidad distinta que el Ministerio Público) preguntó a ambas testigos si lo que buscaban era una reparación económica. Ambas respondieron que ya habían recibido reparación económica del Estado como resultado de la sentencia de la CIDH y que no buscaban más reparación económica.

También preguntaron porque el caso ante la CIDH solo se centraba en la desaparición forzada y no existían alegatos de violencia sexual. Ana Lucrecia respondió diciendo que Emma se sentía culpable por lo que había sucedido con su hermano y no quería que el caso se enfocara en ella. También, aún estaba severamente traumatizada por los abusos que sufrió de manos de los militares.

El juicio se lleva a cabo frente al Tribunal de Alto Impacto “C” en la Ciudad de Guatemala, dio inicio el 1 de marzo. La próxima audiencia está programada para el martes 13 a las 8:30 a.m.

Jo-Marie Burt es profesora asociada de Ciencias Políticas y Estudios Latinoamericanos de la Universidad George Mason. Es también asesora principal de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA) Paulo Estrada es activista por los derechos humanos, estudiante de arqueología en la Universidad de San Carlos de Guatemala y querellante en el caso Diario Militar. Este artículo fue publicado por primera vez en el IJM y traducido por Evelyn Recinos Contreras.

Fuente
CMI-Guate

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