Mostrar la vulva

Por: Gabriela Miranda García

“Advertí que sólo podíamos ver imágenes de la vulva como productos de la industria porno y de la higiene”

Mithu M. Sanyal

La vulva no es un agujero. La vulva no es la vagina. La vulva ha ido desapareciendo como palabra y como imagen. Su eliminación ha sido intencional, pero no completa. Su omisión es una cooptación patriarcal, por eso nos cuesta reconocerla, tocarla, dibujarla, decirla y verla.

El pasado 8 de marzo en Guatemala, un grupo de mujeres organizó “una procesión” dedicada a la Poderosa Vulva. Caminaron algunas calles con una enorme vulva hecha de papel y gritaron consignas hasta la plaza central. Los comentarios no se hicieron esperar, desde opiniones de hombres y mujeres en las redes sociales hasta un comunicado dirigido por ciudadanos guatemaltecos, al Nuncio Apostólico de Guatemala, ni más ni menos. Pero por qué provoca tanta indignación esta actividad, por qué se dice que atenta contra las buenas costumbres de la sociedad guatemalteca, qué es lo que molesta a la vista y al oído.

La eliminación de la vulva ha sido paulatina y variable, y los restos de su imagen, apócrifa y críptica, son una forma de resistencia. Su desaparición es variable porque no ha sido así ni siempre, ni en todo el mundo, ni en todos los géneros, ni en todas las edades.

La omisión de la vulva no es total cuando está reservada al consumo masculino: los hombres sí pueden verla, poseerla, tocarla, aunque la llamen vagina. La vulva es innombrable y es invisible siempre que no esté destinada al beneficio de un mercado masculino: desde el viagra hasta la industria de la pornografía. Convertir la vulva en vagina es parte de esta cooptación, la vagina es el orificio por donde podría introducirse el pene y por donde se expulsa el sangrado menstrual y el bebé al momento del parto, pero hemos aprendido a nombrar (con trabajo, incluso) la vagina pero no la vulva. Esto es porque la vagina cumple con las expectativas y funciones de la sexoreproducción heteronormativa, que tutela y controla los cuerpos de las mujeres: la penetración sexual y la maternidad. No así la vulva, cuyo objetivo es más que el recubrimiento del orificio vaginal, es el placer sin necesidad de penetración. La vulva entonces ha sido suplantada por la vagina. Así la vulva es la parte visible del cuerpo que se hace invisible.

La ‘aparición’ de la vulva en el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, derrota un discurso que trata de limitar la idea de qué mujeres son las castas, las puras, las sumisas, las madres sacrificadas, las vírgenes, las esposas esposadas. Deja fuera la más importante lucha de las mujeres: nuestra emancipación en la casa, en la plaza y en la cama.

De hecho, que un grupo de ciudadanos apele a su favor y exija la restricción del espacio público, es justamente en donde se enmarca el problema: las mujeres salimos a la calle como intrusas y esto siempre nos pone en peligro, pero relativamente podemos hacerlo, siempre y cuando llevemos la casa a cuestas: acompañadas de un marido o un padre o con el velo de la pureza como un techo que nos cubre. Pero llevar una vulva en lugar de un velo o de un hombre, es un atentado contra los valores patriarcales, matizados como valores cristianos o familiares.

El escándalo que provoca sacar una vulva a la calle, no es por herir las buenas costumbres de un pueblo cristiano, no, es porque avecina la derrota del sometimiento patriarcal y se hace evidente que no todas estamos dispuestas a seguir ocultas, encerradas, reprimidas, amordazadas ni vírgenes. Es evidencia de que la eliminación de la vulva ha sido una disputa y una lucha que aún prevalece. Es evidencia que no vamos a tolerar más la ausencia ni la desaparición de nuestro placer y voluntad. Y evidencia, que sí habitamos este mundo con vulva. Si alguien le tiene temor a la vulva, no seremos nosotras, si alguien quiere desaparecer a la vulva, no seremos sus cómplices. Esto no es una disputa por la exhibición, es una disputa por la invisibilización. Somos más que vulva, está claro, lo que si no somos, es sólo vaginas.

Ya sé que en el idioma castellano no es bien visto usar una misma palabra una vez tras otra, se ve mal, cansa, distrae, no es correcto, pues con esa intensión escribí escribí 25 veces vulva para este texto, para incomodar, para obligar a los conservadores a que sepan que nunca más habrá un mundo sin nosotras completas.

Fuente: Centro de Medios Independientes CMI-Guate

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