Déficits Gemelos: una teoría a ser reescrita en América Latina

Nicolás Oliva

Desde los años 70 la teoría de los déficits gemelos (DG) ha ocupado una parte importante dentro de la discusión de política económica. Según ésta, cuando un país incurre en recurrentes déficits fiscales causa déficits de cuenta corriente. El déficit fiscal lleva al Gobierno a buscar financiamiento en el mercado, provocando una subida de la tasa de interés de la economía. Este incremento de la tasa de interés respecto al resto del mundo atrae capitales y aprecia el tipo de cambio, lo cual hace que las importaciones sean más baratas y las exportaciones más caras, desencadenando en un déficit de cuenta corriente (modelo Mundell-Fleming). Cuando el tipo de cambio es fijo, el canal no se da vía la tasa de interés, sino por un efecto ingreso que presiona el consumo y las importaciones. En cualquiera de los dos casos el mantra neoliberal señala que la política fiscal expansiva no hace más que presionar las importaciones, lo cual socava el multiplicador fiscal y con ello reduce la efectividad de la política fiscal para estimular el crecimiento. En términos sencillos la teoría de DG señala que el impulso fiscal se fuga vía importaciones, lo cual desequilibra la economía y minimiza su efecto sobre la actividad económica.

La teoría de DG sumada a la subestimación del multiplicador fiscal, el efecto desplazamiento (“crowding out”) y la Curva de Laffer son parte de la estrategia del pensamiento hegemónico para debilitar el papel del Estado.

La teoría de DG sumada a la subestimación del multiplicador fiscal, el efecto desplazamiento (“crowding out”) y la Curva de Laffer son parte de la estrategia del pensamiento hegemónico para debilitar el papel del Estado y con ello avanzar hacia la reconstrucción del orden económico neoliberal que habían perdido apoyo desde finales de los años 90 en América Latina.

La relación entre el déficit fiscal y de cuenta corriente es una de las piedras centrales del desempeño económico, pues su validez o rechazo brindan luces sobre por dónde debería avanzar la política económica. En caso de que la hipótesis de DG sea cierta, si bien no invalida la política fiscal, sí impone restricciones importantes a su efectividad y se deben buscar mecanismos para que el gasto público no fugue a través de las importaciones. En este escenario un gasto público que cree oferta nacional hacia la reconversión de la matriz productiva emerge como imprescindible para evitar que una política fiscal expansiva genere desequilibrios a futuro sobre los precios y/o el tipo de cambio. En cambio, si se rechaza la hipótesis de DG, entonces se tiene certeza de que el multiplicador fiscal es más alto y por ende la política fiscal expansiva será determinante para estimular el crecimiento económico.

¿Podemos asumir como una verdad impoluta a los déficits gemelos?

La literatura no ha llevado a un acuerdo: existe evidencia en las dos direcciones. Unos estudios encuentran que el sector fiscal influye en el sector externo, otros encuentran una relación inversa y otros más, muestran que son una serie de factores los que están desencadenando un déficit de cuenta corriente. Ya en los años 80 y 90 algunos estudios encontraban que déficits fiscales causaban déficits comerciales (Abell, 1990; Volcker, 1984), mientras que otros autores hallaban una causalidad inversa (Summers 1988; Reisen 1998). Alkswani (2000) encontró que un déficit comercial es causante del déficit fiscal en países que son exportadores de ‘commodities’, pues como es lógico, un boom en el precio de estos bienes aumenta los ingresos para el Gobierno y ayuda a cerrar el déficit fiscal y comercial al mismo tiempo. Incluso hay estudios que hablan de evidencia a favor de los déficits gemelos en momentos específicos del tiempo, lo cual apoyaría la hipótesis de un fenómeno multicausal (Leachman y Francis, 2002). Hay otro grupo de estudios que encuentra doble causalidad donde ambos déficits se retroalimentan (Normandin, 1999).

Al parecer existen hechos subyacentes que hacen que ambos déficits estén correlacionados o no. Fleegler (2006) encuentra que para la Unión Europea las diferencias de competitividad entre países desempeñan un papel central en los déficits comerciales. Así el estudio encuentra que el nivel de desarrollo de los países, las regiones con las que se relaciona y la composición de las importaciones y exportaciones, son factores importantes a la hora de explicar el balance comercial. En resumen, la hipótesis de déficits estructurales de cuenta corriente emerge como una explicación plausible donde el desbalance comercial se origina en las relaciones productivas internas que hacen que ciertos países se hayan insertado en el mercado mundial como proveedores de bienes de baja productividad, mientras que otros se instalaron en el mercado mundial con una estructura de exportación diversificada, alto nivel de productividad laboral e intensiva en capital. Esta asimetría estructural norte-sur no puede dejarse de lado a la hora de explicar los déficits gemelos. Como señala Krugman (2013) una de las razones porque la economía europea sigue viviendo una demanda agregada débil e inestable es por el excesivo superávit comercial alemán en el marco de un mercado (sin barreras arancelarias) y moneda común (que evita que estos déficits se corrijan vía una apreciación del tipo de cambio). El Diagrama 1.a, muestra cómo Alemania en el período 2001-2011 registra crecientes superávits de cuenta corriente y al mismo tiempo experimentó recurrentes déficits fiscales. En el período 2012-2016 muestra ligeros superávits fiscales y exorbitantes superávits de cuenta corriente. Alemania es un ejemplo que contradice la teoría de déficit gemelos y da credibilidad a las diferencias de competitividad. En cambio, el Diagrama 1.b evidencia el caso de Estado Unidos, del cual se desprenden varios hechos: entre 1979-1989 en Estados Unidos parece que ambos déficits evolucionan de forma igual, lo que respaldaría la hipótesis DG. No obstante, entre 1990 y 2001 ambas variables evolucionan de forma inversa lo cual rechazaría la hipótesis convencional. Esta evolución también la documenta Leachman y Francis (2002) para Estados Unidos desde los años 40. La existencia de una correlación temporal tanto positiva como negativa -o nula- abre la pregunta sobre qué variables subyacentes están influyendo en esta doble condición histórica.

América Latina: ¿se cumple la teoría de los déficits gemelos?

En las últimas cuatro décadas la balanza comercial agregada de América Latina muestra cuatro ciclos importantes: (I) entre los años 1982-1991 muestra un superávit comercial, (II) entre 1992-2002 evidencia un déficit, (III) 2003-2012 nuevamente un superávit y finalmente (IV) desde 2012 hasta 2016 se evidencia un balance comercial negativo (ver diagrama 2). Estos ciclos tienen una correlación importante con los ciclos de los precios de las materias primas y los términos de intercambio lo cual, como ya es sabido, demuestra que la región mantiene una estructura productiva heterogénea que le impide insertarse en una estrategia de crecimiento económico en base a la exportación de bienes industriales; en este sentido, por décadas se ha documentado cómo la región se ve inmersa en un déficit estructural de la cuenta corriente.

Bajo la premisa de que hay problemas estructurales de cuenta corriente, ¿se puede decir que la teoría de déficit gemelos se cumple para los países de América Latina? Revisemos los siguientes gráficos que resumen en perspectiva histórica información de déficit de cuenta corriente (desde el año 1976) y déficit fiscal (desde los años 90) para varios países de la región.

En Argentina durante los años 90 (Diagrama 3.a) las políticas neoliberales de austeridad llevaron a la consecución de superávits fiscales, no obstante, eso no pudo evitar los recurrentes déficits de cuenta corriente durante todos los años 90. Esto provocó grandes desequilibrios monetarios y la consiguiente expulsión de la convertibilidad en el año 2001. La grave crisis económica de principios de siglo llevó a Argentina a un superávit de cuenta corriente como consecuencia de la devaluación, el achicamiento de la demanda, el desempleo y la pobreza. Es decir, se cumplió la teoría de DG vía ajuste social de altísimas consecuencias históricas para la población argentina. No obstante, desde el 2004 la tesis de DG parece cumplirse, pues ambas series evolucionan de forma similar, lo que abre una gran incógnita sobre qué está causando esta correlación. ¿Por qué en Argentina durante los 90 no se cumplió la teoría y desde el año 2004 parece ser que sí?

Tanto el caso colombiano como brasilero comparten un proceso de desindustrialización recurrente en los últimos 30 años, que puede estar explicando el déficit de cuenta corriente.

En el caso de Brasil la evidencia es más concluyente: a pesar de la liberalización comercial y de achicamiento del Estado durante los años 90, el país evidenció recurrente déficit de cuenta corriente. Con excepción de los años 2002-2007 Brasil muestra déficit de cuenta corriente con superávits fiscales, lo cual desvanece la hipótesis de DG.

Otras de las economías más grandes de la región son las de México y Colombia (Diagrama 3.b). En el caso de México la teoría parece ir en el sentido inverso: desde los años 90 el alto superávit fiscal (6 % del PIB) vino reduciéndose de forma recurrente hasta el año 2005 (llegó prácticamente a cero). En cambio, el déficit de cuenta corriente fue en dirección inversa a la teoría, donde a inicios de los años 90 era aproximadamente del -4 % del PIB y vino reduciéndose hasta llegar a ser -0.3 % del PIB en el año 2006.

Colombia tampoco parece cumplir la hipótesis de DG. Durante los años 90, al igual que muchas economías de América Latina, tuvo recurrentes déficits de cuenta corriente y déficits fiscales. No obstante, a partir del año 2000 el déficit fiscal viene reduciéndose, sin embargo el déficit de cuenta corriente siguió ampliándose. Tanto el caso colombiano como brasilero comparten un proceso de desindustrialización recurrente en los últimos 30 años, que puede estar explicando el déficit de cuenta corriente.

Otros casos como Costa Rica, Perú o Paraguay proveen nula evidencia para respaldar los DG (Diagramas 3.c y 3.d). Lo que sí se evidencia es un déficit estructural de la cuenta corriente. En los casos de Bolivia, Ecuador o Chile, parece ser que se cumple la hipótesis de que el déficit comercial arrastra al déficit fiscal, debido que estos países tienen un fuerte componente de exportación vinculada a la explotación de recursos naturales. Es decir, la causalidad sería a la inversa de lo que pronostica la teoría dominante.

Concluyendo sin punto final.

La primera conclusión a la que podemos llegar es que la convencional mirada neoclásica de monocausalidad es inválida. El déficit de cuenta corriente es un fenómeno multicausal. Segundo, es iluso atribuir los problemas de cuenta corriente únicamente a causas internas de los países (exceso gasto público), cuando de hecho el déficit de cuenta corriente es por construcción una relación bilateral con el resto del mundo. En este sentido la competitividad relativa entre los países no puede ser dejada de lado.
Casi todos los países de América Latina que hemos mostrado en el Diagrama 3, tal vez con excepción de Paraguay, tienen una tendencia estructural por estar en un ahorro neto negativo con el exterior (déficit de cuenta corriente), con mayor énfasis durante los 80 y 90. Si bien existen episodios de superávit de cuenta corriente, estos tienden a ser pasajeros y en poco tiempo se recobra el equilibrio histórico: el déficit.
Tal vez sólo la Argentina posconvertibilidad muestra una correlación del déficit fiscal y de cuenta corriente lo que validaría la hipótesis de los déficits gemelos. No obstante, es prematuro hacer esa aseveración pues primero se debería descartar que el déficit comercial ocasiona el déficit fiscal. En el resto de los países, los hechos estilizados sugieren que la hipótesis de déficits gemelos no se cumple.
Este documento intenta abrir un debate central para el pensamiento heterodoxo: ¿el Estado se choca inexorablemente con el déficit de cuenta corriente? De ninguna manera este corto análisis es un análisis exhaustivo; se requiere seguir profundizando en las causas subyacentes del déficit estructural de cada economía latinoamericana. Este documento pretende motivar el debate y la reflexión para rescribir una teoría que, como muchas en la disciplina económica, se ha convertido en un credo sin una robusta contrastación empírica.
El rechazo de la teoría de déficits gemelos sería un duro golpe a las políticas de austeridad que se han impuesto en América Latina en los 80 y 90 y que ahora nuevamente han recobrado fuerza en una América Latina ciertamente en disputa.

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Referencias

Abell, J. D. (1990) Twin deficits during the 1980s: An empirical investigation, Journal of Macroeconomics, 12(1), 81-96.

Alkswani, M. A. (2000) The twin deficits phenomenon in petroleum economy: Evidence from Saudi Arabia, Paper presented in Seventh Annual Conference, Economic Research Forum (ERF), 26-29 (October).

Krugman, P. (2013) German Surpluses: This Time is Different, The New York Times: The Conscience of a Liberal, (November).

Leachman, L. y Francis, B. (2002). Twin deficits: Apparition or reality? Journal of Applied Economics, 34 (9), 1121-1133. Retrieved August 31, 2005, from http://infotrac.galegroup.com/itw/infomark.

Normandin, M. (1999). Budget deficit persistence and the twin deficits hypothesis, Journal of International Economics, 49(1), 171-193.

Reisen, H. (1998) Sustainable and excessive current account deficits, OECD Development Centre, Technical Paper, #132.

Summers, L. H. (1988) Tax policy and international competitiveness, in: Frenkel, J. (ed.), International aspects of fiscal policies, Chicago UP, Chicago, 349-375.

Volcker, P. A. (1984) Facing up to the twin deficits, Challenge, 4-9, (March/April).
Fuente: CELAG

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