A propósito del tal frente… Algo más que la coyuntura en juego.

Lorena Lalore·

Por si uno pensaba que ya lo había visto todo en este país, no, cada día se les ocurre a los sectores de poder económico y político otra jugarreta, para seguir esquivando la justicia por sus actos de corrupción sistémica e histórica. Han despojado al pueblo de Guatemala de servicios públicos básicos a raíz de la privatización que viene viento en popa desde finales de los 80’s y los 90’s con las políticas de ajuste dictadas por las recetas del FMI y el BM, que se terminan de consolidar desde el 96 y tras la firma de la Paz.

Ahora se visten de ovejas queriendo abanderar la lucha contra un problema que justamente ellos (sector empresaurial) han creado, a través del clientilismo político con que se ha manejado este sistema, en el que los grandes ganadores son y han sido siempre los de cuello blanco y los finqueros. Ahora con una mezcla tan consistente como el agua y el aceite pretenden darnos atole con el dedo. Claro, esa es la ciudadanía permitida. Otra no, la ciudadanía crítica, consecuente e independiente está censurada y amenazada, son terroristas, dicen y se preparan para que el Congreso les ponga en las manos un par de leyes para censurar, inmovilizar y criminalizar a toda oposición ciudadana real a su proyecto.

La lucha legítima de un pueblo contra la corrupción no solo va hacia ella, que es un efecto de este sistema que nació corrupto, sino también analiza y atiende sus causas estructurales, porque esa corrupción no se generó por ósmosis, o de manera espontanea. Ha sido fruto de siglos de una historia de opresión, de despojo y exterminio contra el pueblo, desde la invasión española, desde la colonia, desde la patria del criollo. Por ello me resulta triste y patético ver que las dignas autoridades ancestrales se presten a esta clase de juegos políticos, sí, POLÍTICOS, pues aunque pretendan ser “apolíticos” sólo favorecen y refuncionalizan al sistema caduco, que se cae a pedazos, que ya no tiene arreglo, porque está socavado desde sus raíces y cuya expresión de la corrupción en el sistema de partidos políticos y la maquinaria electoral, es solo la punta del iceberg.

Es un sistema esencialmente excluyente, patriarcal y racista que está usurpando territorios, que favorece al capital nacional y extranjero, no al pueblo. Este es el sistema que está criminalizando a quienes defienden la Tierra, los ríos, la vida, etc. Algunos nombres y figuras de “sociedad civil” no me resultaron extraños en ese espacio, pues ya se ha evidenciado su tendencia ideológica proclive a la oligarquía, demostrada en su práctica.

Lo que si me dejó sin aliento fue ver en primera línea a las autoridades ancestrales. Tristemente cierto lo dicho por Maquiavelo: Divide y vencerás. Que diversos sectores luchen contra la corrupción, magnífico, es algo que todos los y las guatemaltecas deberíamos tener en la práctica cotidiana, pero que lo hagan de la mano del sector empresaurial recalcitrante es lo lamentable. Si los corruptores del sistema político nacional han sido precisamente ellos.

Luchar contra la corrupción es una bandera legítima de los pueblos, de las comunidades y movimientos sociales que siempre han denunciado sus efectos devastadores en todos los ámbitos, pero esencialmente en las carencias de los servicios públicos que se traducen en falta de acceso a la salud, educación, incremento de la pobreza, salarios de hambre para beneficio de los empleadores y no del pueblo trabajador, en la falta de acceso a alimentos, y un larga lista de efectos perversos en la vida de los sectores mayoritarios.
CICIG con Iván, sí, es lo que el pueblo ha exigido desde que se develaron los mezquinos intereses de sacarlo del país y de esa comisión, para que no continúe incomodando y persiguiendo a los corruptos. Eso no está en cuestión, al menos por parte de los sectores sociales que han dado la cara y se han hecho sentir para respaldar esa labor que es el mandato para el que fue creada la CICIG. Y asimismo, se ha respaldado a Thelma Aldana como Fiscal General del MP, para que continúe ejercitando su labor con independencia y acertividad. Lo que hace mucho ruido es que esta cruzada tome ahora otros derroteros, incorporando a quienes están en tela de juicio por sus consabidas prácticas corruptoras del Estado. Esto no es secreto, es lo que ha trascendido en medios de comunicación, por lo que resulta por demás cuestionable los alcances que podría tener la lucha anticorrupción si incorpora a los corruptos y a quienes financian a partidos corruptos para blindarse de impunidad a toda costa.

Planteo algunas preguntas:
¿Estos son los aliados que necesita la CICIG y esta es la clase de alianza que hará avanzar a los Pueblos en sus legítimas aspiraciones de cambios en el país? ¿El fin justifica los medios? ¿A esto se reduce nuestra capacidad de establecer alianzas?. ¿Quien tiene el poder, quien logra que su agenda avance?

Yo respeto muchísimo a las autoridades ancestrales de los pueblos. Sin embargo considero que aún no quedan claras sus razones para embarcarse en un proyecto tan cuestionable y perjudicial para los intereses del pueblo. El costo político de tal decisión creo no sólo será en la coyuntura, sino en procesos futuros.
Reitero, hay consensos importantes entre los sectores populares y democráticos que aspiran a la justicia en el país de que Iván y CICIG necesitan el respaldo social interno. El pueblo ha mostrado este respaldo reiteradamente en varias de las movilizaciones desde agosto y septiembre 2017 y lo sigue expresando, sin duda. Pero este “frente”, deja por tierra las luchas y las posibilidades de profundizar las alianzas entre los sectores populares, los movimientos sociales autónomos y legítimos y los pueblos en general, para avanzar en la elemental tarea de fortalecer procesos que también redundan en la reconstrucción del tejido social comunitario.

Lo que está en juego es algo más que la coyuntura. Por eso me parece que este ha sido un error no sólo táctico, sino estratégico, pues pone en entredicho historia, memoria y compromete visión de futuro.

Los movimientos sociales deben tener independencia y autonomía plena, para auditar la lucha contra la corrupción, y no sólo eso: también velar porque acabe la impunidad del sector empresaurial así como que el MP no siga siendo instrumentalizado por ellos para reprimir al pueblo.

Te gusto, quieres compartir