La felicidad universal trastorna

Por María Cristina Oleaga
mcoleaga@elpsicoanalitico.com.ar

“Éste es el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que uno tiene que hacer. Todo condicionamiento tiende a esto: a lograr que la gente ame su inevitable destino social.”
“No deseamos cambios. Todo cambio constituye una amenaza para la Estabilidad.”
“La felicidad universal mantiene en marcha constante las ruedas, los engranajes; la verdad y la belleza, no.”

Aldous Huxley (“Un mundo feliz”)

La represión no es lo que era

En nuestra clínica, a diferencia de lo que nos transmitió la freudiana, no predominan los síntomas que se organizan como retorno de lo reprimido. Pensamientos obsesivos y conversiones han cedido su lugar a compulsiones, adicciones, sufrimientos somatoformes inespecíficos y todo tipo de patologías del acto que se presentan, a menudo, como expresiones violentas. Asimismo, vemos padecimientos silenciosos, negativos, como las inhibiciones y las depresiones. Estamos ante los efectos de la declinación del Nombre del Padre y, por lo tanto, de las neurosis clásicas. A pesar del nombre dado por Lacan a este operador, fruto del lugar que atribuyó inicialmente al padre en el Edipo, sabemos que no se trata del padre como tal sino de una aprehensión por el simbólico –que conlleva pérdida de goce- a la que el sujeto presta, en ese caso, su consentimiento. Cuando mencionamos su declinación, nos referimos -por lo tanto- a la caída de un operador simbólico que, de ser el principal a la hora de la constitución subjetiva, de ser un ordenador central del goce a través del mecanismo de la represión, pasó a ser uno más entre otros. El marco social para este desplazamiento implica que, en relación al poder, el supuesto rey está desnudo. La autoridad vacila tanto respecto de la religión como del Estado y sus efectos alcanzan al núcleo de la familia. Estas transformaciones, que podríamos saludar en tanto grave herida al patriarcado, mucho tuvieron que ver con desarrollos del Psicoanálisis mismo en su trabajo contra la represión propia de la época victoriana. Así, alimentó la lucha feminista y por la diversidad sexual, como muchas que se dieron en nombre de liberaciones varias. Tenemos, sin embargo, que considerar los efectos en la patología subjetiva, en cuadros que florecen al compás de los cambios.

Las subjetividades así constituidas -sin que la represión sea la defensa central, con otra consistencia identificatoria, con una distinta relación con el sentimiento de culpa, con una rémora en cuanto a la disponibilidad de recursos para tramitar los impulsos, etc.- se insertan de otro modo en relación con los ideales, están más a merced del sesgo tanático del Superyó. En la cultura del “Todo es posible” la relación del sujeto con el objeto es otra así como es otro el modo en que resulta afectado y es de otra cualidad su vínculo con el semejante. La violencia es uno de los rasgos que resaltan en este escenario en el que reina la pulsión de muerte, así como la proliferación de modos de goce ya no encorsetados por un Ideal ni regulados por la castración.

Bifo Berardi ha resaltado el tránsito de la represión, como mecanismo dominante y productor del malestar que señalara Freud en relación con la cultura, a “la hiperexpresividad (como) el contexto tecnológico y antropológico en el interior del cual podemos comprender la génesis de la psicopatología contemporánea: DDA [desorden por déficit de atención o por hiperactividad], dislexia, pánico. Patologías que aluden a otra modalidad de elaboración del input informativo y que se manifiestan como enfermedad, malestar, ostracismo.” Alude así a lo que denomina “patologías de la hiperexpresividad”.[1]

En otro texto, Berardi nombra esta etapa como la del “capitalismo absoluto” y da las razones por las que ya resulta insuficiente el término neoliberalismo. En este contexto, privilegia incluso un rasgo de época que venimos señalando en otros números de esta Revista: “El lenguaje se está volviendo cada vez más frágil, dado que una nueva generación de humanos ahora aprende más palabras de una máquina que de sus madres.” Bifo señala que esta nueva forma de entrada en el lenguaje, desafectivizada, precariza la relación entre significante y significado. Los cambios en los sujetos y en las familias devienen en cambios en la constitución. Así, ubica efectos contundentes en el psiquismo humano: “El debilitamiento del lenguaje, su reducción a un modo operacional, es la condición cognitiva y emocional para el actual proceso de precarización de la vida en el espacio social.” También la memoria y la capacidad crítica resultan afectadas; para Berardi la aceleración del flujo electrónico de la información reduce el tiempo de la elaboración y de la interpretación crítica: “La mitología se vuelve el modo predominante de elaboración mental, ya que la simultaneidad de los medios configuracionales de comunicación reemplaza la secuencialidad del texto escrito” [2]. Es en relación con esta elaboración mitológica que podemos pensar el avance de lo que se ha dado en llamar posverdad [3], el alcance de algunos relatos políticos exitosos, y -en el mismo sentido- el crecimiento de sectas que pretenden enseñarnos cómo vivir.

La Revolución de la Alegría o el Arte de Vivir

Veamos -como ejemplo- efectos concretos de estos rasgos de época, en relación con realidades políticas actuales. Quizás exista más de una íntima conexión, representativa de la mencionada elaboración mitológica, entre la coalición que nos gobierna y el grupo que pretende enseñarnos a respirar/vivir. Sabemos que hay relaciones de pertenencia entre miembros de ambos espacios. Lo concreto es que ambos se mueven con mentalidad empresarial. Cambiemos, la coalición que ganó las elecciones en 2015, ha ubicado -en prácticamente todos los lugares claves de gobierno- a empresarios de reconocida trayectoria privada que cuentan con abultadas cuentas aquí y/o en el exterior. Los negocios, blanqueos y contratos con los que se benefician son por todos conocidos. El grupo llamado El Arte de Vivir se autodenomina ONG, pero cobra muy bien por sus actividades y, según nos dicen los que lo han investigado, tienen como target a la porción más rica de la población de cada lugar del planeta en el que se han instalado, hacen propaganda y entrismo con su labor en cárceles y escuelas mientras engordan sus reservas con otros nichos de modo impresionante.

Pablo Duggan es periodista, ha trabajado para el grupo, ha organizado la visita de su gurú Sri Sri Ravi Shankar a Buenos Aires en 2008, por lo que su visión de “arrepentido” es muy confiable: “Desde un punto de vista económico es ínfimo el aporte de El Arte… a la comunidad, en relación a los millonarios recursos que generan sus cursos. Eso es contrario al espíritu de una ONG. Y aquí reside uno de los primeros cuestionamientos que recibe esta institución. Según me han dicho sus autoridades en nuestro país, todo el dinero que se recauda se guarda para, el día de mañana, construir un hospital y un “ashram”. Creer que ese objetivo pueda cumplirse es ilusorio e infantil. La realidad, que El Arte… niega, es que los recursos de la fundación se envían periódicamente a la India, a través de los “teachers” (personas que han recibido instrucción para dictar los cursos básicos) que viajan anualmente. El dinero llega a manos de su fundador, el hombre que está cambiando el mundo. De hecho, no funciona diferente de cualquier empresa transnacional que gira sus suculentos dividendos a la casa matriz, aunque, en este caso, sin que quede registro alguno.” [4]

El esquema de la Revolución de la Alegría de Cambiemos suena parecido, ¿o no? Sólo que Cambiemos no promete ni un hospital ni un ashram sino que amenaza conducirnos hacia la Pobreza Cero. Quizás cumpla, ya que sus medidas podrían terminar con todos los pobres a la brevedad. En medio de globos de colores y bailes vergonzosos -con los que intentan promover felicidad- los dirigentes del partido de gobierno nos impulsan a Poder, nos dicen que Se Puede. Imágenes vertiginosas y frases hechas vienen al lugar de propuestas que requieran del espíritu crítico para ser sopesadas. En esa misma dirección, en la que priman la disociación y la negación, reniegan de todo aquello, crímenes de estado incluso, que revele su verdadera cara autoritaria y represiva. En El Arte de Vivir prometen enseñarnos un modo de respirar que nos cambiará la vida. Los ex miembros, sin embargo, aquellos que lograron zafar de este grupo de riesgo, denuncian un accionar manipulatorio que poco tiene que ver con el acceso a una supuesta felicidad. No quiero extenderme en estas consideraciones. Baste ver el hilo conductor entre estos dos organismos y apreciar el mandato paradojal de felicidad que promueven, acorde con la época y dentro de la lógica más brutal del “capitalismo absoluto”. Podemos encontrar muchas referencias de los vínculos entre ambos espacios y cada uno sacará sus conclusiones [5]. El rasgo del Otro del Poder es la estafa en ambos casos. Los discursos venden felicidad mientras esquilman a los incautos y a los débiles, terreno fértil para la elaboración mitológica. Finalmente, también por la crudeza del régimen represivo que ha accedido al gobierno, su perversidad será el dato que favorecerá, a mi criterio, el retorno del populismo; otro modo de promover la elaboración mitológica en el que no me detendré aquí. Se trata, en ambos casos, de insuflar vida, de asistir con una suerte de respirador artificial, a un capitalismo descompuesto que encuentra, por ahora, nuevas formas de persistir.

El empuje a la felicidad deja al sujeto en soledad.

Hay un déficit en el tratamiento de lo real por lo simbólico, una depreciación de lo simbólico -incluso es el mandato de época el gozar sin restricciones- que acompaña la entronización de las imágenes, el vértigo de la velocidad, la búsqueda de obtener satisfacción con la menor demora posible y todo lo que va aplanando la subjetividad -y el recurso a la elaboración crítica- por el empuje a la uniformización que promueve el mercado. El todos felices se ha transformado en una cuestión de Estado. Dice Bauman: “(…) en la sociedad actual, todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda” [6]. El capitalismo necesita ofrendar consumidores al dios mercado; de ahí que el sujeto se vea colocado en relación directa con un objeto, con múltiples objetos en verdad, que son los anzuelos ofrecidos para acceder a la anhelada supuesta felicidad. El lazo social vacila frente al predominio del individualismo narcisista e, incluso, de la satisfacción autoerótica del sujeto con su objeto novedoso, siempre intercambiable y fugaz [7].

El resultado es la insatisfacción, como es esperable, y el sentimiento de culpa ante el no dar la talla, así como la renovación adictiva del circuito de consumo. Son -también- retornos inevitables del deseo que insiste en preservarse como tal. Si bien, al decir de Lacan, el sujeto siempre es feliz, siempre se satisface aunque para ello sufra [8], sabemos que esa afirmación refiere a la pulsión -que siempre alcanza alguna extraña satisfacción, siguiendo destinos variados- y no al deseo, salvo en el caso de la sublimación, en que no opera la defensa de la represión. La satisfacción de la pulsión es una singularidad que no reconoce decretos ni mandatos normativos para su realización. La normalidad humana, por otro lado, incluye invariablemente el sufrimiento aunque el mercado lo estigmatice. Ante el mandato de felicidad y frente a la insistencia del dolor de existir, los conflictos, los duelos y la angustia se recurre a la ciencia para que ponga un remedio y es la Neurociencia quien responde. Para esta disciplina, el cerebro es el lugar donde reside el problema que daría un efecto de trastorno, de alejamiento de lo esperable, en el sujeto. Así, pone la causa en el cerebro y medica. Las Terapias Cognitivo Comportamentales, auxiliares de la Neurociencia, proceden a domesticar esos trastornos, mediante ejercicios adaptativos varios. Los trastornados tienen que volver a producir y a consumir cuanto antes. Y si lo hacen mientras son felices, mejor.

Del acento en el sujeto/síntoma al foco en el hablanteser/acontecimiento del cuerpo

El Psicoanálisis, desde luego, no ha pensado así esta dualidad causa/efecto de los Neurocientíficos. Al compás de los cambios de época, Lacan -por ejemplo- hace un viraje e incluye el término “hablanteser”, más referido al ser que tiene un cuerpo -un cuerpo que goza- que al término “sujeto del Inconsciente” que -se sabe- señala precisamente al sujeto del significante y enfatiza el barrimiento de goce que el lenguaje y la represión operan sobre el cuerpo. Se resalta, bajo este término hablanteser, la función de producción de goce de la operación simbólica misma así como los cambios en la constitución subjetiva cuando no prima la represión. Es que, entiendo, el lenguaje opera sobre el cuerpo del infans por mediación del Otro que libidiniza al tiempo que habla. Son dos operadores que no son separables más que para estudiarlos. El Otro erotiza el cuerpo del infans y en los vaivenes de la Demanda lenguajera se recortan en él los objetos parciales y se constituye la pulsión. En este sentido, Lacan separa el lenguaje de lalengua. El primero -que tanto lugar tuvo en su enseñanza inicial- queda del lado de lo que se elabora para comunicar, en tanto que lalengua apunta a lo que Freud designa como “visto u oído” antes de que el sujeto entre en el lenguaje y alude a lo que insiste, casi como signo, fuera de sentido. El Otro de la historia individual abreva en el Otro de la cultura y marca, a su modo, al sujeto a venir.

Miller hace un trabajo sobre los últimos textos de Lacan, en esta dirección, y señala cambios en las subjetividades que responden a los cambios epocales. Marca un desplazamiento, un acento en la enseñanza lacaniana: del síntoma como metáfora -en relación al efecto de retorno de lo reprimido- al sinthome como acontecimiento del cuerpo, emergencia de goce, sin por ello desestimar ni descartar los conceptos de la primera ápoca [9]. Los tres registros lacanianos -Simbólico, Imaginario y Real- adquieren, en esta conceptualización, una equivalencia que trastoca la intervención del analista en la clínica. Ya no todo depende de la operación simbólica sobre lo real. Las suplencias posibles, en el equilibrio necesario entre los tres registros, complejizan la clínica de la oposición neurosis/psicosis. Lacan pluralizó, en este sentido, -y los denominó Nombres del Padre- los posibles operadores, incluidos los imaginarios y reales, que mantendrían el anudamiento entre esos tres registros. Así -en estos sujetos en los que la represión no ha cavado su surco- una identificación imaginaria o una intervención en lo real del cuerpo podrían hacer de operador de equilibrio, de anudamiento, aunque su fragilidad sea mayor. No se trata, por lo tanto, de restaurar el operador simbólico -el denominado Nombre del Padre- ni de añorar melancólicamente su eficacia, sino de trabajar con el sujeto en la singularidad de su constitución. Estos desarrollos resultan de suma importancia en la clínica actual pues iluminan los diagnósticos y ayudan a ubicar, a valorar y a respetar, en nuestras intervenciones, lo que funciona como sostén para cada sujeto.

Las neurosis actuales freudianas podrían enriquecer estas cuestiones. Su relación al término de “psicosis ordinarias”, acuñado por Miller, no es el objetivo de este artículo pero surge para mí como un punto a investigar [10]. Me interesa, sobre todo, lo que refiere al modo de favorecer la instalación de la transferencia y a los caminos de la cura teniendo en cuenta el decir de Freud al respecto: “(…) sus síntomas no se pueden descomponer analíticamente como los psiconeuróticos. (…) no consienten su reconducción histórica o simbólica a vivencias eficientes, no se los puede comprender como unos compromisos de mociones pulsionales contrapuestas, al revés de los que ocurre con los síntomas psiconeuróticos (…)” [11]

Notas

[1] Berardi, Franco “Bifo”, Patologías de la hiperexpresividad.
[2] Berardi, Franco “Bifo”, Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva, pág 259/262, Caja Negra Editora, Bs. As. 2017.
[3] Oleaga, María Cristina, Revista El Psicoanalítico No. 29: “¡No se aguanta más …!”, Ni verdad ni consecuencia. Creencias.
[4] Duggan, Pablo, Pablo Duggan, el arrepentido del Arte de Vivir.
[5] Pastorino, Miguel, El “arte de vivir” de Ravi Shankar
Blog: Beyond the Art of Living
De la Vega-Hazas, J. Sri Sri Ravi Shankar y el Arte de Vivir
El oscuro pasado de Ravi Shankar
Hemerosectas: Recopilación de noticias sobre El Arte de Vivir
Salum, Pablo, Investigación Exclusiva sobre El Arte de Vivir de Sri Ravi Shankar.
Perlado, Miguel, Macri se bajó a último momento de un megashow de El Arte de Vivir
Complicada visita de Ravi Shankar
De la Mano de Macri, el Arte de vivir entra en la UBA
Linder, Franco, Rompecabezas Awada: Jesús, Francisco y El Arte de Vivir
[6] Bauman, Zygmunt, Bauman: En el mundo actual todas las ideas de felicidad acaban en una tienda”
[7] Franco, Yago; Revista El Psicoanalítico No. 24: “Síntomas de la época”, “Más allá del narcisismo”.
[8] Lacan, Jacques, Televisión.
Lacan, Jacques, El Seminario 11: “Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis”, pág. 173, Paidós, Buenos Aires, 1986.
[9]Miller, Jacques Alain, Presentación del tema del X Congreso de la AMP en Rio de Janeiro 2016: El inconsciente y el cuerpo hablante
[10] Miller, Jacques Alain, Revista Consecuencias no. 15, Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria; Vaschetto, Emilio, Revista Enlaces No. 23, Lo extraordinario de las psicosis ordinarias.
[11] Freud, Sigmund, Obras Completas, Contribuciones para un debate sobre el onanismo, Tomo XII, pág. 258, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1986.

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