Contribución del sector forestal para el desarrollo rural en Guatemala

Obdulio Saturnino Cho Chén

El nombre Guatemala viene del vocablo “Coactemalan”, que significa “tierra de árboles”. Este término reconoce la gran fertilidad del suelo guatemalteco y su gran variedad de microclimas que permiten el desarrollo de una alta gama de especies forestales de la mejor calidad como cedro, caoba, rosúl, palo blanco, entre otras. (CLUSTER FORESTAL, 2013).
En Guatemala la administración y gestión de los Bosques y tierras de vocación forestal, a nivel nacional; está a cargo de dos instituciones: INAB y CONAP, la primera en la gestión administrativa y productiva de las tierras forestales y bosques fuera de áreas protegidas, y en el caso del CONAP tiene la responsabilidad dentro del Sistema Guatemalteco de áreas Protegidas -SIGAP-. No obstante, en la gestión local de los bosques participan diversas instituciones u organizaciones, muchas de ellas de carácter local o regional, como es el caso de las Municipalidades, Consejos de Desarrollo y Organizaciones Comunales. En términos de administración de los bosques existentes en el país, un 47% del territorio nacional está bajo la competencia del INAB y la diferencia 53% los administra el CONAP.
Según el estudio del Mapa de Cobertura Forestal por Tipo y Subtipo de Bosque (INAB-CONAP, 2,014), la cobertura forestal nacional al año 2012 era de 3.7 millones de hectáreas, es decir el equivalente a un 34% del territorio nacional.

Guatemala ofrece alrededor de 360 microclimas que permiten el cultivo de una gran variedad de especies forestales. El tiempo promedio mundial de crecimiento de un árbol es de 80 años; mientras que en Guatemala el tiempo promedio es de tan solo 15 años.

El Gobierno de Guatemala ofrece un subsidio a toda institución, empresa o personas individuales para establecer plantaciones forestales o manejar bosques forestales, tanto para la protección como para propósitos productivos. (CLUSTER FORESTAL, 2013).

El tipo de bosque que mayor abundancia tiene en el país es el bosque latifoliado con 2.7 millones de hectáreas (25.5 % de superficie del país), este tipo de bosque es el que domina las Tierras Bajas del Norte de Guatemala; mientras que los bosques de coníferas tienen una superficie de 298,982 hectáreas que representan un 2.76% de la superficie 3 del país y el bosque mixto (latifoliado con coníferas) posee una superficie de 522,028 hectáreas (4.84% de la superficie del país), estos dos tipos de bosques se ubican principalmente en el altiplano del país, donde se concentra la mayor cantidad de la población guatemalteca. El bosque de mangle tiene una superficie de 25,089 hectáreas representa un 0.23% de la superficie forestal del país y se ubica principalmente en el litoral del pacífico. El bosque seco (dominado por árboles y arbustos espinosos) ocupa una superficie de 411,016 hectáreas. (INAB, 2017). Esto demuestra la alta gama de productos forestales que el país puede manejar, que resulta ser de gran atractivo para las inversiones en el mismo. (CLUSTER FORESTAL, 2013).

En cuanto a la oferta y demanda de la leña; según CEPAL (2011), “la leña, es un producto de amplio alcance social en Guatemala, dado que es la principal fuente energética para la cocción de alimentos para más de nueve millones de guatemaltecos, principalmente del área rural. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2006 encontró que nueve de cada 10 guatemaltecos del área rural y cinco de cada 10 en las áreas urbanas, dependen de la leña como fuente energética”

Sector forestal, leña y pobreza en Guatemala.

El consumo de leña también está estrechamente asociado a las condiciones de pobreza imperantes en el país. Según el Perfil Ambiental 2008-2009 (URL/IARNA 2009), el 74% de la población guatemalteca tiene un vínculo directo con el bosque, y de ésta el 45% vive en condiciones de pobreza y el 21% de pobreza extrema; para esta población la leña constituye su principal fuente de energía para la cocción de alimentos. Esas estadísticas muestran que el bosque es importante para una alta proporción de la población guatemalteca por ser una fuente importante de bienes y servicios, sobre todo como fuente de energía.

El Estudio de la oferta-demanda de leña en la República de Guatemala (INAB, IARNA-URL, FAO 2012), determinó que existen 142 municipios que presentan déficit crítico de oferta de leña y es predecible que la demanda seguirá aumentando debido al crecimiento poblacional y a la agudización de las condiciones de pobreza en el país. El balance oferta/demanda muestra que solamente en tres departamentos (Petén, Izabal y Alta Verapaz), la oferta supera a la demanda; en el resto del país el balance es negativo, lo que muestra que hay un déficit en el abastecimiento sostenible de leña, principalmente en el altiplano del país.(INAB-CONAP, 2015).

El programa de PINPEP

En el año 2010 el Congreso de la República aprobó el Decreto Legislativo número 51-2010, Ley del PINPEP que respalda e institucionaliza el Programa de Incentivos Forestales para Poseedores de Pequeñas Extensiones de Tierra de vocación forestal o agroforestal. Vale la pena mencionar que mediante este programa se han contribuido efectivamente a conservar los bosques y a reforestar el país, conjuntamente con la necesidad de fortalecer la participación de poseedores de pequeñas tierras con vocación forestal y agroforestal. Esto facilitará su acceso a estos recursos, fomentando así mayores oportunidades de conservar más árboles y crear nuevos bosques, así como generar empleos y llevar el desarrollo a las áreas más pobres del país.

La generación de empleo ha tenido una estrecha relación con el incentivo al establecimiento de plantaciones, estimándose que entre 1998 y 2015 los empleos permanentes en el sector vinculados a la silvicultura, aumentaron de 2,000 a más de 8,500 empleos, esto relacionada a la silvicultura, además de los viveros particulares y comunales y carpinterías. Sin tomar en cuenta el sistema de manejo forestal comunitario que realiza el CONAP dentro de la RBM ha sido reportado como uno de los más exitosos a nivel internacional. (INAB-CONAP, 2015).
El desarrollo rural, se entiende entonces como la mejora de la calidad de vida con relación a un tiempo pasado de la población no urbana, lográndose a través de acciones y actividades que inciden de forma habitual en la satisfacción de las necesidades, abriendo oportunidades de crecimiento y desarrollo de las familias que dependen de estas actividades.

Es así como la actividad forestal, se considera importante por su contribución en la atención de las necesidades emergentes y de subsistencia de las personas y familias que dependen directa e indirectamente de este sector, especialmente las del área rural; los bosques proveen bienes y servicios, por ende todos nos beneficiamos; reconociendo que en el área rural es donde existe mayor relación con los bosques, aprovechando estos a través de la obtención de productos y subproductos del bosque mayormente por necesidades de vivienda y por la generación de ingresos por medio del intercambio de los bienes del mismo, mostrando de esta forma su importancia, aunque sean vistas como una actividad de subsistencia.

Es innegable la existencia de programas que mejoran las prácticas de esta actividad, pero es importante seguir fortaleciendo para que no se vea solo como una actividad de subsistencia, sino como un sector sostenible y sustentable y que demande más inversiones de mejoras a través de los programas institucionales y que estas sean planeadas integrando los componentes sociales, culturales, ambientales y económicos.

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