Yo no soy terrorista

Danilo Santos

El discurso de la clase dominante y su clase política es violento y lleno de lugares comunes propios de la época contrarrevolucionaria. El anticomunismo fue sustituido por el antiterrorismo, y listo. En contrapartida, no está claro el discurso de las fuerzas que se le oponen, no alcanza a ser sólido y en representación de la clase subalterna.

Mientras tanto, las demostraciones de fuerza y dominación se dejan sentir en el Congreso de la República con la elección de prácticamente la misma planilla de la semana anterior. El Ejecutivo hace lo propio con la Canciller en Naciones Unidas argumentando los puntos que Morales tiene bien claros: selectividad, presunción de inocencia, judialización de la política y politización de la justicia.

Durante los últimos dos años, de manera desordenada y hasta con más inercia que conciencia, la sociedad guatemalteca, organizada o no; ha logrado acompañar y apoyar el trabajo del Ministerio Público y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala. El impacto que dicho trabajo está teniendo causa temor verdadero en “algunos micos que ya no se mecen tranquilamente en su columpio”.

Por más algarabía que cause ganar dos semanas seguidas una elección en el Congreso o la obediencia total del Ejecutivo; el mundo sabe que en Guatemala la corrupción es estructural y que el Estado ha sido cooptado para servirse de él al margen de la ley que tanto cacaraquean dentro del discurso que eficientemente han logrado articular.

Hemos llegado al punto en que de manera abierta uno de los que verdaderamente manda, pide en un acto militar, “subirse las mangas” y hace el llamado a tener “…la suficiente pasión, definición y fuerzas para recomponer y hacer renacer nuestra patria…” El momento y la oportunidad que tenemos son inmejorables. Aquí no debe mandar Arzú ni Jimmy o los diputados, menos la corrupción y la impunidad. Guatemala no les pertenece. Han sido electos como representantes y si solo representan sus intereses y no los de la población, deben irse.

Me niego categóricamente a derramar mi sangre o la de mi hijo para defender la patria. Su patria. Exijo civilizadamente que sea la patria la que defienda a mi hijo. Nuestra patria.

Lo sucedido en el Congreso es un laboratorio de lo que sucederá en las próximas elecciones generales. Aprovechar el momento y oportunidad históricas depende mucho de la cohesión de fuerzas políticas democráticas con ideas claras, maduras y desprovistas de personalismos. Los vehículos electorales vigentes y los que están en formación deben decidir ya sobre su papel en la historia.

¿Serán comparsa que se victimiza ante la imposibilidad de abandonar el infantilismo político? ¿O serán verdadera representación de ideales democráticos incluyentes y harán un ejercicio de madurez para ser un bloque sólido?

Estar a favor de la lucha contra la corrupción no nos hace terroristas, no querer que la actual clase política corrupta nos gobierne, tampoco. Menos hablar con claridad y sin miedo sobre los caciques abusivos que ponen en riesgo la paz en el país. Unirnos contra los que tienen tomados los valores, la cultura y las ideas, no es terrorismo. Yo no soy terrorista.

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