La encrucijada nacional

Miguel Ángel Sandoval

-I-
No siempre se encuentra un país ante situaciones de orden político y social como la actual. Asistimos a una crisis inédita del modelo democrático, si es que así se puede denominar lo que existe en nuestro país, pero sobre todo a la constatación de que no hay muchas posibilidades de recambio, en otros términos, no se vislumbra una salida. Es -entre otros temas- el resultado de la ilegalidad en la elección de la junta directiva del congreso, la resolución de la CC que la anula y los trasiegos que buscan una salida a ese hecho que puede ser calificado de extraordinario. El modelo, con sus poderes establecidos y organismos de control, puede ser calificado como sea, a condición de ubicar de manera correcta las coordenadas de la situación que existe.

El organismo legislativo presenta quizás la faceta más sombría del “sistema político” del país. Se les considera como corruptos, acaso con alguna excepción, sin proyecto político, sin agenda de país, sin ¡partidos! dignos de ese nombre. En suma, el desperdicio de la política en Guatemala. Adicionalmente, hay dos o tres presidentes del congreso en procesos judiciales o ya detenidos como Gudy Rivera, Pedro Muadi o Arístides Crespo y por lo menos una docena con procesos de antejuicio iniciados, y todos son vistos como integrantes del denominado Pacto de Corruptos.

Tenemos un ejecutivo en condiciones precarias, con un ejecutivo errático en cuestiones sin mayor relevancia (no hablo de temas estructurales pues no se abordan), como litigar las fobias del alcalde capitalino contra los medios de comunicación, sin ningún beneficio salvo el de una alianza que más allá de la puramente coyuntural no suma, por el contrario, se convierte en un peso muerto con el agravante que es la mejor y mayor expresión de la vieja política, del autoritarismo y del patrimonialismo. Quizás el incidente en la conferencia de prensa del MP al anunciar el caso Caja de Pandora, ilustra mejor que nada ese peso muerto.

Del lado del sistema de justicia, la acción del MP con el apoyo de la Cicig, en su batida contra la corrupción que ya dura unos 3 años, presentan el aspecto más positivo de todo el sistema de democracia representativa de nuestro país. Fuera de estos actores tenemos la presencia de nichos de corrupción en el OJ, de jueces venales, de magistrados corruptos, de oficinas de abogados que en verdad son cuestionables, en suma, un sector que demanda profundos cambios que se encuentran a la orden del día. Y no se trata de instaurar un gobierno de los jueces o peor aún, una dictadura de los jueces, sino solamente, hacer la justicia sirva para lo que es la función que tiene asignada en cualquier sociedad democrática.

-II-

Pero el cuello de botella en el sistema de partidos políticos. En verdad no es un sistema ni son partidos políticos en sentido estricto. Son acaso una serie de grupos de interés, sin proyecto, sin ideología, sin plataformas creíbles, sin posturas definidas o atractivas ante nada. Salvo por las declaraciones de uno o más de los integrantes de esos grupos que se alternan en declaraciones disonantes, mutuamente excluyentes, sin el menor sentido, abusando del cantinfleo, sin propuestas en suma.

Y un conglomerado de grupos de interés con siglas a cual más disparatadas no puede ser considerado un sistema de partidos políticos, pues falta lo principal: instituciones de derecho público que tengan ideología, propuestas, programas, liderazgos, coherencia entre sus postulados y sus acciones. Lo más grave es que no hay de momento alternativa a esa situación anómala. Incluso, personeros de los viejos partidos, se dedican a organizar sucursales por la vía de la compra de fichas partidarias, o por la vía de falsificar reuniones, actas, propósitos y dirigencias locales, fuera de la mirada, o peor, con la complicidad de algunos funcionarios del TSE.

Adicionalmente, hay en la actualidad procesos judiciales en contra de la mayoría de partidos de cierta relevancia. Ya el PP, el Líder y oros han sucumbido por el peso de la corrupción impulsada por sus dirigentes. Es la corrupción de la política como ya se ha denunciado en múltiples ocasiones y que tiene en el financiamiento electoral o de campañas electorales las expresiones más brutales.

En términos teóricos y en sentido histórico estricto, hay en la conformación de partidos o sistemas de partidos, varias opciones. Una es la del partido único, calificado generalmente de totalitario o antidemocrático, aun si es una opción en algunos países. Otros optan por sistemas bipartidistas, como el caso de los EEUU, El Salvador y otros pocos. Luego existen experiencias que nos hablan de más de 2 partidos sin pasar de 5 o 6, en donde las fronteras ideológicas aún se conservan y las practicas dicen de esas diferencias.

Y existe el caso guatemalteco en donde se encuentra partidos políticos al por mayor. Por docena se pueden contar y la producción no para, antes bien, hay una enorme lista de espera de varios proyectos de nuevos partidos. Es la fragmentación al infinito. Si solo se asumiera por ejemplo, que los partidos representan clases sociales o grupos sociales, o ideologías, en nuestro caso no hay representatividad de nada. Es el caso de los sindicatos. A manera de ejemplo, hay varias docenas de sindicatos de maestros y otros tantos en salud. Es la dispersión, la banalidad de demandas y el sin sentido como norma general que no se discute, que no es motivo de reflexión.

-III-

La aproximación al análisis de los partidos se puede y se vale, hacerlo por la vía de la comparación entre países de semejante o parecida estructura social, económica o histórica. El Salvador, vecino nuestro tiene apenas dos partidos políticos que disputan los cargos de elección y la orientación de las políticas que sigue ese país. Se trata de ARENA y el FMLN, que con un aproximado de 50% del voto cada uno, que representan opciones de derecha e izquierda respectivamente, con tradiciones, con el criterio de alternancia en el poder, y junto a ellos hay dos o tres pequeños partidos, con perfiles ideológicos y políticos, que juegan a ser bisagras en instancias a las cuales tienen acceso como el congreso de la república con mini bancadas pero que pueden ser relevantes en una situación de empate entre los dos grandes, que no alteran la realidad política de ese país. El tema central es que si se puede prever el comportamiento de cada uno de los actores pues finalmente son partidos con programa, ideología, estructuras.

En Nicaragua existe el Frente Sandinista en el poder y el Partido Liberal que hace oposición aun si a la usanza nicaragüense pero con tradiciones políticas claras y por ello las sorpresas son menos frecuentes. Salvo en ocasiones cuando se producen pactos para la gobernabilidad. Luego uno o dos pequeños partidos que no alteran el cuadro general descrito.
En Honduras durante casi un siglo dos partidos se alternaron en el ejercicio de gobierno. Partido Nacional y Partido Liberal. Es solo en los últimos años que ocurre una ruptura al interior de las filas liberales y surge Libre, que junto a dos pequeños partidos animan el centro izquierda político.

Mientras que en Guatemala existen alrededor de 20 partidos políticos (que en verdad no lo son) que no presentan diferencias ideológicas importantes, no tienen programas políticos que los pueden ubicar como diferentes, ni tienen tradiciones. Al grado que por lo menos tres de los “relevantes” tienen origen o se han convertido en vehículo del transfuguismo, es el caso de Líder, FCN o Todos. Ejemplo de partidos a la guatemalteca, sin ideología, sin plataforma y sin tradiciones políticas.

Se espera que para las elecciones de 2019 haya, si logran su inscripción los que están en fila de espera, ¡36 partidos! Es un lugar común decir que los partidos guatemaltecos viven, gobiernan cuando los socorre la suerte y mueren. Es el caso de la DC o del FRG, el PP. De ser partidos de gobierno ahora ya no existen. Llenaron una época, con sus luces y sombras, pero ahora son un recuerdo. Uno ideológico con referentes internacionales, otro muy a la usanza guatemalteca, sin tradiciones y si con la presencia de un caudillo de origen militar. Más allá de eso, nada.

Por ello, en sentido estricto no existe un sistema de partidos pues tendría que haber un ordenamiento jurídico-político respetado y asumido por todos, instituciones que velaran por el cumplimiento de las normas derivadas de ese ordenamiento legal, pero por los rasgos que existen en Guatemala, las partes componentes no responden a la categoría histórica de partidos políticos.

-IV-

La existencia de muchos partidos no significa de manera automática que exista más democracia en la sociedad guatemalteca. Los ejemplos que a veces son odiosos permiten aclarar esta afirmación. Los decretos del 13 de septiembre sobre la conmutación de penas y las responsabilidades en los gastos de campaña, nunca fueron para fortalecer las necesidades o demandas de la sociedad, por el contrario, fueron para intentar blindar ante la justicia a los corruptos, en otras palabras, fue para fortalecer la impunidad, a pesar que el país tiene en la lucha contra la impunidad y la corrupción el desafío mayor en los últimos años.

Antes que más democracia, la existencia de más partidos, son unos 20 y existe la demanda de inscripción de una docena más, solo significa la pulverización de los partidos, de las proclamas, de la confusión en grado sumo. En otras palabras, en Guatemala se ha construido una ficción que dice que a más partidos más democracia, cuando que es al contrario, a más partidos más confusión y más intereses en juego (pequeños y mezquinos) que enrarecen la política.

Desde otra perspectiva, la existencia de más franquicias políticas, solo aleja la posibilidad de iniciar procesos de unificación de esfuerzos en sectores democráticos y de manera particular en el ámbito de la izquierda y fuerzas afines. Así, es más fácil y rentable, abrir otra tienda política antes que ir al debate interno, a la solución de diferencias en el interior de las formaciones políticas. Mejor pequeños negocios políticos que sumar fuerzas -parece ser la lógica- antes que construir partidos vigorosos.

-V-
Uno de los temas a retener es que cuando se afirma que no hay un sistema de partidos políticos, se está hablando de falta de institucionalidad, y de los criterios que acompañan a un sistema de partidos políticos que asuman con responsabilidad el ejercicio del gobierno cuando es el caso. Quizás un ejemplo de cómo funciona un sistema de partidos es el que existe en los EEUU. Aun si no son equiparables, hay en ese país la idea de que el resto de las instituciones del estado funcionan a pesar del partido que ocupe los cargos en el poder ejecutivo. Por ello las políticas públicas son de estado y salvo propuestas bien estructuradas se pueden introducir cambios importantes pero luego e pasar por la supervisión y aprobación de las dos cámaras legislativas, la de representantes (diputados) y la de senadores.

Con estos elementos a modo de antecedente, la afirmación de que no hay de momento alternativa cobra más sentido. Es por ello que la idea de reformas a la ley electoral y de partidos políticos es clave para poder pensar en un proceso político que nos lleve a un sistema de partidos reales, a una institucionalidad política que en verdad sea responsable. Y ello no aparece en el horizonte más cercano.

Vivimos en un país de pequeños caudillos, sean de derecha o de izquierda. Y en todos los casos con las mismas falencias estructurales. Adicional a ello, la mayoría de expresiones políticas se han convertido en pequeñas empresas electorales, cual franquicias pero lejos del posicionamiento sobre los temas clave del país. Por ello es que se hace cuesta arriba encontrar una salida a la actual crisis, y con ello se hace referencia a una salida política seria, con propuesta, que aborde los problemas estructurales y las falencias del sistema o modelo político en que nos encontramos.

Es por esas y otras razones que se considera que la elección de la junta directiva del congreso luego de la reprimenda que le dio la CC no es la solución de la crisis ni mucho menos, y que de producirse el triunfo de una planilla diferente a la oficial el resultado no puede ser muy distinto, pues no existe en la alianza conformada una visión alternativa al conjunto de temas que se plantean en estas notas. Es obvio que si junto con la reprimenda de la CC se produjera un viraje aun si modesto en el comportamiento del congreso, se podría colocar en la agenda legislativa temas que se considera que la planilla oficial nunca los colocaría. Y por supuesto, se estaría dando un mensaje en dirección al saneamiento de las practicas políticas tradicionales en el caserón de la novena avenida.

-VI-

En otras palabras, hace falta una sacudida en profundidad que permita superar muchas de las fallas que hoy se observan. En cierto modo, el planteamiento que se hizo en medio de las movilizaciones de 2015 de que estas condiciones no queremos elecciones, ahora parece tener mucha más pertinencia y actualidad que en esa ocasión.

Y la primera de las fallas que hace falta superar, pasa por una refundación de todos los partidos, de la ley que norma sus actividades en el nivel jurídico, al fortalecimiento del TSE, y que los partidos alcancen a llenar los criterios o las condiciones para ser una institución de derecho público, una forma de tener relación entre la sociedad y las instituciones. Sin ello no se ve futuro por ahora.

Desde otra perspectiva lo que corresponde es la construcción de un amplio movimiento social, que pueda colocar sobre la mesa nacional los principales temas a resolver, que de manera general se encuentran lejos de la visión de los partidos que viven para conseguir fondos para futuras elecciones o para la administración de pequeños o grandes negocios durante los periodos no electorales, por la vía de la gestión de espacios conseguidos en los procesos anteriores, sean municipales o a nivel de diputaciones.

Y por supuesto es indispensable dentro de la re fundación de todos los partidos, y como forma de ilustrar el planeamiento, hace falta entender que los espacios para las pequeñas expresiones de las izquierdas no son más tiempo viables, salvo si se tiene una vacuna contra el ridículo de proclamar una ideología de cambio viviendo con fórmulas de la política que no apuntan hacia formas diferentes de vivir y actuar.

Quizás una de las primeras fases de esta renovación de los usos y las costumbres de la vida política en nuestro país para aspirar a formas de salida a la crisis y de forjar una nueva época, se encuentra en la construcción de un polo democrático, de mayorías, impulsado desde las fuerzas de izquierda aglutinadas, con acuerdos programáticos básicos y sin la presencia de liderazgos anquilosados, que solo estorban la creación de una propuesta de cambio viable.

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