La gente común en un “país de mierda”

Danilo Santos

Hace muchos años, en momentos como el actual, un amigo siempre llegaba contando historias fantásticas sobre el quehacer de caciques, políticos y organizaciones. En aquellos momentos pensaba que era puro tremendismo, que la cosa afuera era normal, aunque él dijera que Guatemala parecía sacada de una novela de “acción y suspenso todo el tiempo”. Ahora, compruebo que aquel bardo tenía razón.

A estas horas seguramente ya hay nueva Junta Directiva en el Congreso, la cuestión es, quién ganó el pulso: las mafias, los gendarmes del protectorado o la decencia. La última no tiene ningún chance, las otras dos están en pleno despliegue de tácticas, emboscadas, petates del muerto y demás demostraciones de fuerza y coraje. Hasta el sábado anterior, Manuel Conde llevaba las de ganar, caciques y guiñoles estaban de acuerdo; pero al gringo chapín no le pareció el asunto, así que soltó el “quien paga los mariachis pide las canciones”. Fue entonces cuando se oyó al virrey vociferar y perder la palidez habitual.

Repito lo dicho hace ocho días, lo que se juega es mucho y entre otras cosas importantes, el país. Entre las que interesan a los mancillados que no aguantan ninguna pega; procesos abiertos y por venir, la normalidad de la corrupción que tanto cacaraquean y por supuesto, la impunidad que necesitan y exigen como paladines de la patria.

Si para Trump entramos en la clasificación de “país de mierda”, no les quepa duda a los legisladores que es a ellos y ellas que el país del norte ve como responsables de que su presidente nos dé tan escatológico calificativo. El embajador Arreaga, más educado que su jefe, por cierto, hará lo que tenga que hacer para mantener la estabilidad, pero también hará lo conducente contra la corrupción, que es una cuestión que mágicamente su gobierno ha descubierto como la raíz de todos los males de países a los que antes corrompían. Paradojas de la democracia…

Así las cosas, hay quienes sienten que la CICIG y el Comisionado Velásquez tienen los días contados, que todo volverá a la normalidad en la que las gavillas que han cooptado el Estado se sienten cómodas. Tienen listos los “cuetes y canchinflines” para el día que el Presidente elija al nuevo Fiscal. Pero falta, no se emocionen, falta. Y no son instrucciones en inglés o muros o ayudas recortadas. Falta lo que en silencio le va creciendo a la población mientras tiene que multiplicar tortillas de diciembre para enero; lo que la rabia incuba cuando la panza truena, aunque le mece el cabello a sus pequeños que van sonrientes y felices a perder la inocencia, solo que ahora con menos arte y más emprendedurismo para que no sigamos siendo “mierdas” y no haya más muros que levantar.

Este país de novela necesita un giro en la trama de sus días y futuro, uno que sea protagonizado por lo que diga y haga la gente común. No sé cuándo y cómo será. Pero si la clase política actual sigue como va. Será.

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