¿Quién recuerda la masacre de Jocotén? De palma africana y “cementerios clandestinos”

Por Luis Solano

Verano de 1954. Jacobo Árbenz ha sido derrocado y el ejército contrarrevolucionario del general Carlos Castillo Armas se ensaña contra sindicalistas y campesinos que habían sido beneficiados por el Decreto 900 o Ley de la Reforma Agraria. El escenario, la Finca Jocotén, Tiquisate, Escuintla. Casualidad o no, el caso reciente de defraudación millonaria que involucra a Walmart Guatemala y Delicarnes, S.A., conduce, sin proponérselo, a ese histórico y sangriento caso. Apenas documentada, esa masacre, quizá la peor ocurrida en el Siglo Veinte debido a los cientos de muertos que hubo, ha quedado tan sólo en la memoria de los sobrevivientes o habitantes que quedan de esa orate acción anticomunista.

Antecedentes de una masacre

Julio de 1954. El mal llamado “ejército liberacionista” entra a Tiquisate. Las desapariciones se reportan por decenas. Tres meses más tarde, en septiembre, la misión parece cumplida. Cientos de campesinos asesinados es el resultado. Se desconoce la cifra. No ha habido exhumaciones. Quienes han logrado documentar la masacre de la Finca Jocotén, dicen que fueron mil los asesinados y enterrados en algún lugar de la finca.

Eran campesinos, parcelarios, cooperativistas, trabajadores organizados en el sindicato de la Compañía Agrícola de Guatemala (CAG) subsidiaria de la transnacional bananera United Fruit Company (UFCO), dueña del imperio bananero enclavado en Guatemala desde principios del siglo. Ocurrió en el marco de la Operación PBSUCCESS, acción encubierta de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos para derrumbar al gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán.

La masacre también ocurrió mientras el gobierno de Castillo Armas negociaba la devolución de 240 mil acres a CAG que le habían sido expropiados bajo el Decreto 900. Jocotén era uno de los grandes parcelamientos agrarios creados bajo esa Reforma Agraria (Ver el libro de Alfonso Bauer Paiz: Cómo opera el Capital Yanqui en Centroamérica, página 310).

Antes de 2007, tan sólo se conocían algunas breves citas que hacen mención de la masacre de Jocotén. Ricardo Falla, en su libro Masacres de la Selva, publicado en 1992, indica en sus páginas introductorias que ha escuchado testimonios de campesinos de la costa sur, donde la UFCO tenía parte de sus tierras, que luego del violento golpe contra Árbenz en 1954, fueron usados tractores para enterrar cuerpos en la Finca Jocotén, en el municipio de Tiquisate, Escuintla.

Poco después, en 1994, el académico estadounidense Jim Handy hace referencia a la masacre en su libro Revolution in the Countryside: Rural Conflict and Agrarian Reform in Guatemala, 1944-1954, página 194. En una traducción al español de ese texto, se dice lo siguiente: “Mientras que las fuerzas de liberación habían sido forzadas a ejercitar un poco de restricción en la capital del país y en las grandes ciudades departamentales, en el área rural golpearon a los campesinos quienes habían sido beneficiados de la revolución con una venganza. Algunos líderes revolucionarios aún estaban gozando de su libertad en la ciudad de Guatemala, pero más de 5,000 campesinos llenaban “las cárceles a rebasar.” Los organizadores campesinos y los activistas y aún los simples beneficiarios de la reforma agraria huyeron de sus comunidades, de su región o del país. Cientos de campesinos y organizadores rurales fueron asesinados en los primeros meses de la liberación. La verdadera extensión de la violencia en el área rural luego del derrocamiento de Árbenz probablemente nunca se sepa. Nosotros solo podemos atrapar algunos destellos de esta, por medio de recuentos de historias de comunidades específicas. El testimonio de principios de 1980 recolectado por el Padre Ricardo Falla de los campesinos de Tiquisate describe el gran número de cuerpos, víctimas de la liberación, que fueron enterrados por un tractor en la finca Jocotén en 1954.”

En 2001, otra académica estadounidense, Cindy Forster, fue más allá en su libro The Time of Freedom: Campesino Workers in Guatemala´s. En las páginas 202-204 da una cifra aproximada: mil los muertos.
La masacre documentada

No es sino hasta 2007, que el académico estadounidense Stephen Kent O ’Brien, en su tesis de Doctorado en Filosofía titulada On Perilous Ground: A Social and Environmental History of Escuintla on Guatemala’s South Coast, 1928-1962, páginas 339-349, aborda ampliamente el caso, entrevistando a decenas de pobladores y sobrevivientes en Tiquisate. Luego de ofrecer el dato de Forster, cita la declaración de un entrevistado: “Los residentes dicen que hubo cientos o miles. Muchos en Tiquisate huyeron antes de que pudieran ser aprehendidos, por lo que es difícil calcular cuántos residentes fueron asesinados. Además, muchas de las víctimas provenían de fuera de Tiquisate y fueron transportadas a la granja para su ejecución.”

Otro testimonio: “Una vez que los acusados ??fueron llevados a la finca, se excavaron largas zanjas con maquinaria pesada y grupos de al menos cien personas serían ejecutadas a balazos. Con la misma maquinaria, sus cuerpos, habiendo caído en la zanja, serían cubiertos con los montículos de tierra excavada.

Otro entrevistado declaró: “Cuando las tropas de Castillo Armas llegaron aquí se establecieron en la finca Jocotén, adonde llevarían a los capturados y los introducirían en un contenedor grande que bombeaba el insecticida para atacar la sigatoka (enfermedad que afecta al banano). “Aquella gente del pueblo que había sido marcada como comunista, se le dejaría en esas condiciones brutalmente calurosas hasta que se les sacaba para su ejecución.”
Palma africana sobre una tumba que espera ser descubierta

Tras el declive de la UFCO en la década de 1960, y su eventual quiebra en 1970, en el caso de Guatemala las tierras arrebatadas a los parcelarios fueron pasando a manos de grandes finqueros, tanto en la zona de Izabal como en Escuintla. Tierras cultivadas mayormente con banano y en menor medida con palma africana, o usadas para hatos de ganado bovino, serían una especie de herencia para poderosos terratenientes que desde esos territorios se constituirían como grupos de poder económico y político.

De esa manera, la Finca Jocotén pasaría a manos de la familia Molina Espinoza, considerada en algún momento como la mayor terrateniente de Guatemala. Hoy día, la finca es cultivada con palma africana y pertenece al Grupo Hame, bajo el nombre de Jocotén, S.A., grupo fundado por Hugo Alberto Molina Espinoza (letras iniciales de HAME). Algodoneros y bananeros, el grupo familiar al que también perteneció Milton Enrique Molina Espinoza (fundador del Grupo MEME, ya fallecido), se diversificará con los años hacia la palma africana. Según el informe de la CEH, Anexo I, página 312, “En 1978, Milton Molina, uno de los finqueros con mayor extensión de tierra en el área, que se caracterizaba por recurrir a la represión estatal para resolver los conflictos laborales y de propiedad, comenzó a utilizar en sus algodoneras herbicidas que dañaban las milpas de los pequeños parcelarios, provocando incluso la muerte del ganado y de otros animales domésticos.”

Contiguo a la Finca Jocotén se encuentra la Finca Coyolares, o Coyolares, S.A., del finquero español Gilberto Puertas Arduengo, asesinado en 2014, tras su secuestro en El Estor, Izabal. Con grandes extensiones de palma africana, caña de azúcar, hule y ganadería sus herederos Puertas Velilla controlan todas las fincas que poseen en Escuintla e Izabal. La Finca Coyolares es una de las principales proveedoras de aceite de palma de Industrias de Jabones y Detergentes Las Palmas, S. A., principal empresa del Grupo MEME.

Coyolares, al igual que otra de las fincas contiguas, Jocontencito, formaron parte de los parcelamientos agrarios arrebatados por la contrarrevolución de 1954. Hoy, tierras sembradas de caña de azúcar y palma africana.

Ubicación de la cabecera municipal de Tiquisate y las fincas Jocotén, Coyolares y Jocotencito (margen inferior izquierdo en el mapa).

Gilberto, Rodolfo y Manuel Puertas Arduengo son los miembros del grupo familiar terrateniente de origen español que se asentó en esas tierras tras la salida de la UFCO. Llegados a Guatemala durante la década de 1960, los tres hermanos fueron más conocidos por haber fundado el Banco Corporativo (CORPOBANCO) en 1992, que años después fue adquirido por el Banco Agromercantil, en 2007.

Uno de ellos, Manuel Puertas Arduengo se convirtió en un empresario del hule y la ganadería, negocio que hoy día es manejado por uno de sus hijos, Víctor Manuel Puertas Suárez, ambos parte de la dirección del Grupo Aurora Holding, inscrito en Panamá.

Puertas Suárez aparece en varios documentos públicos como el propietario de la empresa Delicarnes, S.A., señalada por el Ministerio Público (MP) y la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) de ser parte el caso de defraudación fiscal más grande que se haya conocido en Guatemala. Delicarnes, fundada en 2001, y que llegó a ser la principal proveedora de carne de la transnacional Walmart en Guatemala, hoy está bajo el escrutinio del fisco. Una de sus gerentes, Miriam Yescenia Barrios Barrios de Miranda, se encuentra detenida por ese caso. Mientras otro de sus gerentes, Óscar Rubén Barrios Barrios, (supuestamente hermano de ella) está prófugo.

Millonarios negocios que hoy descansan en una tumba, quizá la mayor que haya en Guatemala, que sigue esperando que su historia sea conocida y que la verdad de ese execrable crimen salga a luz.

Te gusto, quieres compartir