Gente de la 6ta.

Lorena Medina

Caminando, sin rumbo. Unos vienen otros van. Vitrinas y luces chillonas encandilan los ojos perdidos de quienes imploran por un quetzal, para el pan o para el guaro. En este país desesperado, que agoniza ante el consumismo de los que tienen para derrochar y el resto que a penas tiene para medio pasar.

Gente con niños corriendo en la nieve artificial en pleno parque central, tan artificial y alienante como el espejismo de una ciudad trasnochada, con aires de urbe y un aprendiz de dictador que se masturba con Jorge Ubico y sus poses de alcurnia colonial.

Gente que vende, gente que compra. Tumulto de bagatelas para llevar. Gente que espera.
Gente que huye de la soledad. Unos anuncian el fin del mundo, otros beben para olvidar.

Policías acechando para morder a cualquier incauto amante que vaya en contra de la moral. Así es Guate en diciembre, una locura colectiva que se respira cuando avanza la noche y la mañana de un día como muchos que quedan hasta volverte a encontrar, por azar, por capricho del destino o por las ganas de recorrer con vos esta loca y absurda ciudad.

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