La resistencia de las mujeres ante la crisis climática

Arantxa García /ElSalto

andana Shiva (India), Wangari Mattai (Kenia), Kanahus Manuel (Canadá)… Todas ellas han demostrado que existen otras maneras de relacionarnos con la tierra y los recursos naturales, porque entienden que somos un todo y no podemos vivir dando la espalda a la naturaleza. Se niegan a formar parte de un sistema capitalista depredador que como bien explica Yayo Herrero, directora de Fuhem, deja fuera todo a lo que no puede asignar un valor monetario: la crianza, los cuidados, la fotosíntesis, el ciclo del agua… sin los cuales la vida no sería posible. Un extractivismo salvaje (megaminería, explotación petrolera, agronegocio, construcción de represas…) que además de acelerar el cambio climático, deja también una estela de violaciones de derechos humanos.

Las mujeres son las principales afectadas por el cambio climático, pero también las que más iniciativas ponen en marcha para adaptarse a sus consecuencias. Producen más del 50% de los alimentos del mundo y hasta el 80% de los alimentos básicos en el Caribe y en el África Subsahariana, sin embargo no son dueñas de las tierras que trabajan. La titularidad de la tierra continúa en manos de los hombres y por lo tanto la toma de decisiones. En España, tan solo son propietarias del 23% de las tierras agrarias, mientras más de cinco millones de mujeres, según FADEMUR, trabajan en sectores altamente vulnerables al cambio climático como son la ganadería o la agricultura.

Ellas llevan décadas resistiendo ante la crisis climática y desafiando a las grandes corporaciones que atentan no sólo contra sus comunidades sino también contra sus cuerpos, en muchos casos con total impunidad. Están convencidas de su resistencia como un rechazo frontal a las consecuencias del sistema capitalista patriarcal: guerras por la apropiación de recursos naturales, pobreza extrema, aumento de las desigualdades, ocupaciones y expulsiones forzadas de sus tierras…

¿Cómo dejar de ser invisibles en las negociaciones climáticas?
Las mujeres llevan décadas poniendo en práctica estrategias de adaptación al cambio climático de manera continua pero también invisibilizada, tanto en sus hogares como a nivel comunitario. Visibilizarlo es precisamente una parte esencial de la lucha contra el cambio climático. La Cumbre del Clima de Bonn quiere dar a las mujeres el protagonismo que merecen con la aprobación de un plan de acción de género. El objetivo, entre otras cosas, es incorporar a las mujeres en todos los ámbitos de decisión en las negociaciones climáticas. ¡Es urgente acabar con la infrarrepresentación de las mujeres!

En el Corredor Seco centroamericano, una de las regiones más vulnerables al calentamiento global, diferentes grupos de mujeres han puesto en marcha diversas estrategias de adaptación: seleccionando semillas criollas más resistentes al cambio climático (banco de semillas en la comunidad de Naranjo, en Nicaragua), construyendo nuevos pozos para almacenar agua –un bien cada vez más escaso- (iniciativa Ciudad Mujer en El Salvador), organizándose a través de cooperativas agrícolas (iniciativa Combrifol en Honduras)…

Se trata en definitiva de seguir resistiendo y ser capaces de vivir colectivamente organizadas en sus territorios, tejiendo vínculos emocionales fuertes frente a las adversidades climáticas. Permanecer en sus territorios con sus familias es clave para muchas de ellas.

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