Comunidad La Cumbre Sakuxha’, ejemplo de lucha del pueblo q’eqchi’

Pensamientos Guatemala

Es urgente restituir sus tierras al pueblo de Tezulutlan-Verapaz, y que todos los pueblos, incluidos los mestizos y ladinos, se sumen a esta lucha, no sólo bajo el argumento del derecho histórico que tienen las comunidades q’eqchi’, poqomchi’ y achi’, sino como una forma de salvaguardar los ecosistemas y la vida. Paula Irene del Cid Vargas/La Cuerda Guatemala, 7 de noviembre de 2017

El Estado de Guatemala, a través de la Policía Nacional Civil (PNC) y Ministerio Público, ejecutó el desalojo de 25 familias de la comunidad La Cumbre Sakuxha’, en Tactic, Alta Verapaz, el primero de noviembre.

En un instante niñas y niños, personas adultas y adultas mayores de esta comunidad vieron cómo su modo de vida fue destruido. Tuvieron que correr para proteger las mazorcas de maíz, su base alimenticia, y en la prisa perdieron ropa y utensilios básicos, se cayeron y se lastimaron. En esta época llueve, las noches son frías, la tierra se hace lodo. En la intemperie y el trauma de la experiencia brotan las infecciones bronco-respiratorias que hacen mella en los cuerpos agotados de tanta violencia.

Los que hoy reclaman ser dueños “legales” de estas tierras son los hermanos Raúl Morales Cahuec y Oscar Morales, docente del Centro Universitario del Norte (CUNOR). Ellos son nietos del presbítero (sacerdote de la parroquia de Tactic), Ángel Rivera, quien se apropió de esas tierras en 1903 e hijos de Miguel Ángel Morales, quien en 1990 desalojó a otras familias de la comunidad de Nebachaj.
Ciclos del despojo y resistencia

Lo que viven hoy los q’eqchi’ de La Cumbre no es nuevo, saben bien que el Estado de Guatemala históricamente los ha explotado y cuando así lo requiere, los mata, tortura o intenta aniquilarlos. La generación de ancianos que lideran esta comunidad fue obligada a trabajar desde los doce años sin salario alguno, como mozos colonos, en las mismas tierras y cerros que acogieron a sus antepasados.

Buscadores de saberes, investigadores o aj tz’ilonel como Liza Grandia, Alfonso Huet, la Asociación para el Desarrollo Integral Comunitario Indígena -ADICI- y el equipo de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales (AVANCSO) nos invitan a una mirada histórica [i]. AVANCSO propone la espiral del despojo y el caracol de la resistencia que data de cinco siglos.

El primer ciclo inició con la invasión española en la región de Tezulutlán, con la conquista pacífica de los dominicos. El segundo, con el modelo finquero impuesto en el contexto de las dictaduras liberales de finales del siglo XIX, en este se encuentran los antecedentes a la modalidad actual, concretamente el Decreto Ejecutivo del 3 de diciembre de 1889, período en que Rivera se hace de La Cumbre. Esta normativa facilitó que más de 620 caballerías fueran otorgadas a partidarios de gobierno, milicianos y finqueros; bastaba con que ladinos o extranjeros (principalmente alemanes), declararan las tierras comunales como baldías, para legalizarlas y ponerlas bajo su nombre. Las que solían ser declaradas como baldías, eran aquellas habitadas por comunidades q’eqchi’ y poqomchi’. La tierra comunal convertida en finca requería de mano de obra barata por lo que los pobladores originarios fueron convertidos en mozos colonos, en condiciones esclavo-feudales. Se les permitía pagar el uso de la tierra para el cultivo maíz y frijol, para su consumo, con la siembra de café, caña de azúcar y más tarde cardamomo. El deseo de liberarse de la explotación finquera y privilegiar el sustento con la agricultura, hizo que familias enteras se atrevieran a adentrarse a tierras selváticas del sur de Petén.

Durante el período revolucionario leyes de trabajo forzado (vialidad y vagancia) fueron derogadas, pero los finqueros de Las Verapaces continuaron aplicándolas. Al mismo tiempo, fue la tercera región donde más tierras fueron expropiadas y repartidas en usufructo vitalicio y a cooperativas.

El tercer ciclo de despojo inició con el gobierno anticomunista, en éste se recompuso el poder finquero, la contrarrevolución de 1954 no perdonó la participación rural e indígena en las iniciativas revolucionarias, las castigó con desalojos y ejecuciones. Además de devolver las tierras a la empresa bananera estadounidense, se requería bajar la tensión, por lo que se crearon zonas de colonización agraria en el Sur de Petén, Norte de Alta Verapaz y de Quiché. El resultado fueron grandes extensiones deforestadas y el empobrecimiento de comunidades, de forma que las tierras fueran lenta y continuadamente pasando a manos de militares y empresarios cercanos a los gobiernos de turno.
La Gran Matanza-Nimla Kamsiink

La masacre de Panzós de 1978, fue el desenlace de los reclamos del pueblo por el despojo de tierras y el aumento de su precio por el descubrimiento de minerales como el níquel, cobalto y yacimientos de petróleo. La masacre marcó el final del tercer período y el inicio del cuarto, la Gran Matanza-Nimla Kamsiink. Durante la guerra contrainsurgente se suspendieron las reuniones, líderes y catequistas fueron asesinados, se dio la huida a las montañas o las comunidades fueron sometidas en aldeas modelo, verdaderos campos de concentración en los que se militarizó la vida cotidiana. Es en este contexto en el cual se da la esclavitud sexual de las mujeres de Sepur Zarco, quienes más de 30 años después lograron justicia, señalando la vergüenza de los militares agresores.

El ciclo del Nimla Kamssink preparó el camino para el quinto período de despojo, el neo-extractivismo. Los territorios donde se dieron las masacres de los años ochenta, son los lugares donde se instalaron los nuevos dueños: militares, empresarios e inversiones privadas. La militarización de la zona ahora sirve para proteger dichas inversiones, que se centran en actividad industrial de extracción minera, petrolera, hidroeléctricas y biomasa (palma aceitera, agrícola, maderera y ganadera). Se vuelven a dar procesos de explotación laboral con el agravante que los suelos y los cuerpos de agua se encuentran degradados, generando procesos de empobrecimiento y hambruna en la región.
Irrespeto a la integridad de los vivos y la memoria de los muertos

En la cosmovisión maya los muertos tienen un lugar en la vida cotidiana. Antes de la Gran Matanza las comunidades contaban con la ermita, la casa donde las almas de los muertos podían llegar a descansar. El Estado de Guatemala no pierde oportunidad para mandar mensajes, eligió ejecutar el desalojo en un día Ajmaq, un día para rememorar la sabiduría de los Abuelos y las Abuelas y el respeto a la Madre Tierra, el primero de noviembre, día en que los vivos conmemoran a los muertos.

Los elementos de la PNC machetearon pilares y horcones, derrumbando sus ranchos, sus hogares de palma en las que se preparaban las tortillas, dormían y se reunían durante la cena al calor del fuego. Es irónico que exista un protocolo internacional para realizar desalojos, es decir, normas a seguir para arrancar a las personas de sus hogares, que entre otras cosas dice que debe existir un lugar para que las personas desalojadas tengan dónde resguardarse. Esto tampoco se cumplió y se hizo con la presencia de los funcionarios de la Oficina del Procurador de los Derechos Humanos y de La Comisión Presidencial Coordinadora de la Política del Ejecutivo en materia de Derechos Humanos (COPREDEH).

Ante la violación al derecho a la vida, a la alimentación y a la libertad de expresión -en entredicho quedan ambas instituciones-, la comunidad se pregunta por qué no cuestionaron y exigieron el cumplimiento del protocolo de desalojos, qué seguimiento se le está dando a la emergencia humanitaria que viven hoy las 25 familias.

No son los únicos. En 2013 Monte Olivo, comunidad que se resiste a la empresa Hidro Santa Rita, experimentó el asesinato de los niños David Eduardo Pacay Maas y Hageo Isaac Guitz (de 11 y 13 años de edad) y sus líderes Blanca Estela y Rolando Güitz Pop están siendo criminalizados y judicializados. En la semana del 1 de noviembre de 2017 también sufrieron desalojos las familias de Chaab’il ch’och’, parte del pueblo q’eqchi’, ubicadas en Livingston, Izabal. El modelo del extractivista requiere de la apropiación de grandes extensiones de tierra, eso no puede hacerse sin corrupción, violencia e impunidad. Por lo que se prevé que la violencia en forma de criminalización y desalojos continúe.
La relación con la tierra, resistencias y solidaridades

Debe ser indignante ser explotado por el hijo o el nieto de quien robó las tierras que, hay que aclarar, no se constituyen en “propiedad” como en las lógicas mercantiles occidentales; para los q’eqchi’, la tierra no es una mercancía, existe una relación de interdependencia, es quien acoge, a la que se le pide permiso para extraer sus frutos, el maíz y el frijol, el alimento que sustenta a un pueblo y por ello tiene un carácter sagrado.

Durante cinco siglos, el despojo ha sido de elementos naturales, territorios, del tiempo-trabajo de los pueblos, de los cuerpos, del robo y negación de los saberes. Son saberes estratégicos sobre agroecología, biodiversidad, suelos, cultivos, semillas plantas medicinales, que hay que preservar para que no pasen a manos privadas, se mercantilicen y se pierdan. La resistencia en la actualidad toma distintas formas como: manifestaciones culturales, recuperación de tierras y formas de relacionarse con la naturaleza, así como la difusión de prácticas agroecológicas. (AVANCSO, 2016).

En momentos como los que vive La Cumbre son urgentes las acciones humanitarias como dotación de alimentos, agua, ropa, zapatos, pañales, agua, así como la atención emocional y política. Al 5 de noviembre, visitaron esta comunidad: el Comité de Unidad Campesina, estudiantes de la Universidad de San Carlos y delegados de la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Es urgente restituir sus tierras al pueblo de Tezulutlan-Verapaz, las tierras de los búhos, y que todos los pueblos, incluidos los mestizos y ladinos, se sumen a esta lucha, no sólo bajo el argumento del derecho histórico que tienen las comunidades q’eqchi’, poqomchi’ y achi’, sino como una forma de salvaguardar los ecosistemas y la vida.
Referencias

AVANCSO – Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala. (2016). Elq´ak yt kawil ch´oolej. Rilb´al li teep releb´aal iq´b´ar nake´ risi xq´emal li xch´ochel Tezulutlan-Verapaz. Despojos y resistencias. Una mirada a la Región Extractiva Norte desde Tezulutlán-Verapaz. Cuaderno de Investigación, No 28. Guatemala: AVANCSO.

Huet, Alfonso y ADICI Wakliiqo (2008) Nos salvó la sagrada selva. La memoria de veinte comunidades q´eqchi´es que sobrevivieron al genocidio. Guatemala: Maya Na´oj.

[i] El equipo estuvo coordinado por la antropóloga Sonia Elizabeth Moreno, Camilo Salvadó y Rosa Macz. Participaron en reflexiones y metodología: Juan Vandeveire, Delfina Asig, Marcela Caal, Margarita Tziboy, Antonio Chalib Cabnal, Darío Caal, Marco Tulio Recinos, Melvin Picón, Silverio Cuz y Herbert Caal Figueroa.

https://pensamientosguatemala.org

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