Ciudadano ateo

Danilo Santos

Aunque la Constitución Política de la República diga que Guatemala es un Estado laico, hemos pasado de uno católico a evangélico, aunque sin que el grueso de la población lo decidiera así, aunque la mayoría ha aceptado una u otra dominación sin chistar.

El actual Congreso de la República y el Ejecutivo, luego de sus “pecadillos”, han optado por refugiarse entre templos y pastores, y se nota en la facilidad con que avanzan propuestas en el Legislativo, encaminadas al control religioso de lo que debía tener una conducción social, científica y estatal; nos referimos a la educación sexual y reproductiva por ejemplo o las causales en la interrupción de embarazos.

La propuesta del nuevo Código Penal causó escozor en algunos porque a su gusto tiene muy poco de medieval. El Sistema de Protección de la Niñez y la Adolescencia regresó por donde vino porque hay cosas más importantes que resolver, y bueno, lo sabemos: Junta Directiva 2018, el Presupuesto de Ingresos y Egresos de la Nación y una que otra exigencia que el nuevo Embajador ha tenido que recordar tanto a diputados como al Ejecutivo. En ese contexto queda muy poco espacio ya, y es copado por la fuerza del sector privado para hacer avanzar lo que les interesa.

El Procurador de los Derechos Humanos deberá prepararse no solo para que dejen de invitarlo a rendir informes sobre el país mientras el gobierno desaloja campesinos sin tierra y quema sus precarias viviendas, los antiderechos están organizados, tienen propuesta y estrategia: se nota.

Por otro lado, los defensores de derechos humanos tendrán un 2018 que será el preámbulo para no dejar entrar “indeseables” al control de la Cosa Pública, entiéndase, mujeres fundamentalmente, y luego, cualquier cuadro político progresista, entendiéndose de izquierda y peor aún, mujer, indígena y de izquierda.

El año casi termina y empezarán a salir personajes con solapados saludos navideños para sorpresivamente presentarse, con o sin transfusión, como la nueva sangre de la clase política. Mientras tanto la maquinaria electoral corre a todo lo que da para cerrar diciembre en regla con sus candidaturas. Las reformas hechas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos no alcanzan para lo que las Plazas, ahora flacas, han pedido; habrá mayor control del Tribunal Supremo Electoral pero en el fondo el poder de los partidos seguirá residiendo en sus dueños y las megaestructuras movilizadoras de votos.

Los grandes conclaves evangélicos han entendido que no deben improvisar ni depender de mafiosos viejos o del Ejército, no habrá otra alianza de ese tipo, ahora mandan ellos y han hecho suyo el discurso de defender la patria, desterrar la “ideología de género” y a los ateos, aunque sean por derecho, primero ciudadanos que ovejas.

Octubre se fue. Ojalá la madurez acumulada del 44 para acá, nos dé para librar la batalla ciudadana y democrática por los derechos y no permitamos que Estado y religión se mezclen y alíen para que avasallar dogmáticamente a los que creemos en la libertad de ideas y conciencia, y no aceptamos la pobreza, el atraso, la muerte y exclusión, como algo divino y natural.

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