Marx y su legado para la historia

Jairo Alarcón

Las sociedades de consumo cosifican a las personas, las alienan y es preciso liberarlas.

El 5 de mayo de 1818 nace el filósofo Karl Marx en Tréveris, reino de Prusia, ahora Alemania. De agudas ideas, Marx construyó su pensamiento a partir de la dialéctica hegeliana y el materialismo de Feuerbach. Ubicado en la izquierda hegeliana, interpretó la historia a partir de sus contradicciones antagónicas. “La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”, cuya partera ha sido la violencia.

Marx efectuó su crítica al capitalismo desnudando la miseria y salvajismo de quienes concentran el capital en detrimento de las mayorías. La libre empresa pone a competir a las personas por el control del mercado, tal enfrentamiento propicia el surgimiento inevitable de ganadores y perdedores, estos últimos cada vez son más, mientras los ganadores resultan ser unos pocos.

Dentro del capitalismo, el apetito de lucro no tiene límites y eso determina que la acumulación de riqueza haga más ricos a unos cuantos y empobrezca a los sectores mayoritarios: nada más alejado del humanismo y de la sociedad más justa a la que aspiraba Marx.

“La producción de demasiadas cosas útiles da como resultado demasiados hombres inútiles”, la felicidad y el bienestar no consisten en tener muchas cosas sino en estar satisfechos con las justas y esas son las que hacen honestas a las personas.

Cooperación, fraternidad, solidaridad, todos valores humanos son reemplazados en el capitalismo por la competitividad y el pragmático deseo de éxito, donde la utilidad es su objetivo. Devolverle a los seres humanos el papel que les corresponde en la historia, como hacedores de su destino, no guiados por divinidad alguna, sino por su propia voluntad, enfatizó Marx.

Es imprescindible devolver la calidad de humanos a quienes, dentro del capitalismo, se convierten en mercancía. “Si amas sin evocar el amor como respuesta, es decir, si no eres capaz, mediante la manifestación de ti mismo como hombre amante, de convertirte en persona amada, tu amor es impotente y una desgracia”, así, Marx nos muestra la importancia de la entrega, no solo en el amor, sino en toda acción humana para que los sueños sean una realidad. Nos advierte Marx que “la desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”. Las sociedades de consumo cosifican a las personas, las alienan y es preciso liberarlas.

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