Propuestas de una «indecente»

Lorena Medina

Tus labios embriagan, rozan, inundan todo con elixir de un erotismo que me hipnotiza y atrae siempre al agujero negro de tu garganta profunda.

Ojos de búho observando cada movimiento en la oscuridad. Un aura de misterio se esconde en la longitud del territorio cuerpo y se rebela cada vez que cae la noche.

La madrugada trae consigo el arrullo de los árboles, danzando con el viento de Noviembre. Tus ronquidos se entremezclan con cantos de sirena y aullidos de animal en celo.

Escapamos de la agonía, del letargo, de las rutinas y del frío otoñal. Nuestra mayor hazaña era un desayuno para 2, sin tener ni un quetzal.

Goma, ruido y en la esquina, el anuncio de una cita que sin quererlo, pronto llegará a su final. Con lágrimas, risas, recuerdos, fluidos, copas y un par de lugares que convertimos en santuarios de placeres sin reglas ni medidas, cantinas de baja categoría, mesitas de pino rústico y bocas de limón con sal.

Las presentaciones y despedidas salen sobrando. No hay nostalgia, ni lejanía, el reloj hay que exilarlo y queda vivir solamente el ahora es cuando. Saborear lo compartido, simple y plenamente. Sillones que chillan, flores azules, humo y piel que se estremece cadenciosa y sutil. El tiempo, enemigo de los amantes, impúdico, se va volando.

Propuesta de una indecente: Atravesemos el alba, caigamos muertos de gozo y cansancio en los nanosegundos que nos robamos del destino. Dame los besos, lo perverso y el silencio, que guardan tus ganas a manos llenas, juntémoslas toditas, no importa si hay retorno en este viaje loco, o este es el final del camino.

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