Decisiones económicas: racionales o emocionales

Texto: Luis Fernando García Cristiani

Fue John Maynard Keynes quien, de alguna manera, introdujo al mundo de la economía la importancia de estudiar el comportamiento de los agentes hacia las variables de índole macroeconómica.

Su aporte, aunque bastante limitado para la psicología económica, no deja de ser relevante. Keynes hizo referencia a una actitud de animal spirit[1] en las decisiones de los inversionistas y de los consumidores a la hora de decidir económicamente: cierto tipo de decisiones que parecían fundamentarse más en el carácter emocional de los seres humanos que en la racionalidad.

Las ideas de Keynes fueron ampliamente adoptadas por el argot macroeconómico desde la segunda posguerra hasta fines de los años 1960. Posteriormente, la visión keynesiana tradicional fue puesta en tela de juicio[2] (principalmente su visión de corto plazo para el reajuste de las fases del ciclo económico y el supuesto de rigidez de precios). Fue entonces, en la cuna de la Universidad de Chicago, donde nació el supuesto del agente racional en la economía, una especie de superhombre que todo el tiempo es consciente de las variables futuras de la economía, de tal manera que sus decisiones son racionales. En consecuencia, los errores que pueda cometer este agente son estrictamente aleatorios y tendientes a cero, lo que implica que no comete errores en el largo plazo.

Sin duda, la hipótesis sobre expectativas racionales[3] provocó una revolución en el estudio de la macroeconomía moderna no solo porque cambió la dinámica estrictamente keynesiana que se arrastraba desde hacía varios años, sino también porque significó una herramienta para los economistas hacedores de política económica. Sin embargo, una pregunta muy válida a partir de ello es qué tan racionales somos los seres humanos a la hora de tomar decisiones económicas.

Richard Thaler, el economista recientemente galardonado en 2017 con el Premio Nobel de Economía, aclara un poco esta pregunta. En realidad, las expectativas racionales son demasiado fuertes para ser aplicadas en la macroeconomía. Este supuesto es muy útil para la formalización del modelaje económico, pero en la práctica es discutible la acción racional de los agentes. En los últimos 30 años, Thaler ha hecho estudios acerca del comportamiento de los agentes en la economía. Él es de la gama de economistas especializados en la materia de behavioral economics, una disciplina que se apoya en elementos psicológicos para determinar el comportamiento de los agentes. El posicionamiento del galardonado economista va de la mano con la irracionalidad del ser humano y con la emotividad a la hora de tomar decisiones económicas. Hay que destacar que Thaler es un académico de Chicago, el mismo recinto donde se dio el auge de las expectativas racionales en los años 1970.

Thaler deja lecciones importantes, principalmente para los estudiosos de la economía y los hacedores de política. Los economistas modernos han acertado en incorporar aspectos microeconómicos y de carácter institucional al entendimiento macroeconómico, pero la hipótesis de expectativas racionales aún sigue siendo fuertemente utilizada como supuesto teórico. En ese sentido, Thaler propone una especie de empujoncito (nudge) que haga que los agentes se aproximen a una mejor toma de decisión. El nudge es la forma como el Estado puede adoptar políticas orientadas a crear esas condiciones. Se trata de una especie de paternalismo liberal, que no limita las opciones que los ciudadanos puedan tener, pero que sí busca mecanismos para hacer que tomen mejores decisiones en el plano económico. El nudge se ha llevado a la práctica en países como Estados Unidos e Inglaterra y ha sido introducido de manera incipiente en algunos países de Latinoamérica.

Por tanto, el reto es, para la ciencia económica misma, asumir posturas que tengan mayor concordancia con el accionar de los agentes y, para lo política pública, adoptar medidas necesarias con el fin de orientar a los ciudadanos a una mejor toma de decisiones.

Finalmente, Thaler nos recuerda a todos algo fundamental, pero que a veces pareciera olvidarse: la economía es sobre las personas y sobre su interacción con el entorno económico, por lo que su estudio debe ir en la dirección de lo multidisciplinario, es decir, apoyado por materias afines para que podamos aproximarnos a la solución de la problemática política y social.

[1] Keynes hace referencia a un espíritu animal en su obra insigne de 1936 La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero.

[2] En gran medida, por la estanflación ocurrida en Estados Unidos durante mediados de los años 1970.

[3] La hipótesis sobre expectativas racionales fue originalmente desarrollada en 1961 por John Muth, aunque fue popularizada en la macroeconomía por Robert Lucas en 1972.

Publicado en Plaza Pública

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