Ateo de tu Dios

Por Carlos Orlando Oliva Muralles*
cloe2003@yahoo.com

El fetiche de la representación

Recordando algo del fetichismo, cuando se coloca lo hecho por el humano como sagrado, o lo que está, o se pone en el lugar de ese otro, mas que re-presentar, se pone usurpando su lugar. Asi aplica cuando el político profesional o el funcionario corrupto, entiéndase desde el policía que abre o cierra la puerta, alcalde, ministro, diputado, magistrado o gobernante; cuando cree que él es, o en él está, la sede del poder. Y no en el soberano, el Pueblo, (como gramscianamente diriamos, ese bloque consciente y social de los oprimidos), el soberano, como dicen y avalamos todos los que creemos en un una Demos-Cracia.

Así cuando creen que su interpretación de su dios les puso ahí (por alguna extraña razón que solo su creador puede saber); debemos recordar que en la historia religiosa, los gobernantes y el Pueblo no siempre estaban del mismo lado ( de hecho juntos raras veces, dicen), y que al igual quienes hablaban en nombre de Dios, lo profetas (como conciencia moral), eran perseguidos frecuentemente por los gobernantes corruptos de turno, y ellos hacían y decían que aun tenían la representación (cualquier parecido es a propósito).

Entonces suponer que aunque hipotéticamente los gobernantes los hubiera colocado Dios, permanentemente se hacían corruptos y como traidores o desobedientes, eran reprendidos por los profetas, y eran removidos por las buenas o por las malas.

Asi tanto el funcionario corrupto es no solo cuando toma del arca llena, o cuando le dan y recibe las 30 monedas, sino fundamentalmente cuando deja de representar a la comunidad.

Paulo de Tarso, es enfático cuando entiende que la Ley es Injusta cuando mata a un Justo, refiriéndose al Jesus histórico, así la Ley no es criterio de Verdad, es un imperfecto instrumento de humanos. Por lo que la Ley tampoco es sagrada.

Aquí se evidencia la Ley como mercancía. Así, parafraseando “Siendo de naturaleza divina, dios se aliena (subsume), y se hace humano”; el Capital y sus producto la Ley, siendo de naturaleza esclava (humana), ustedes lo han hecho su Dios.

También es corrupto como diría el eclesiástico “el que paga injusto salario, roba vida”(1), este ES el pecado original para Karl Henrich, que mas pecado puede ser que la explotación de su hermano, al que se le roba sangre, se le roba vida.

Por ende los señorones de la finca van a anunciar que “los pobres los hace la naturaleza, pero a los ricos los crea dios.”

Pudiendo ser entonces la explotación, salarios abajo de la canasta básica de vida (y por supuesto, no digamos el plusvalor) ésta, una de las fetichizaciones primeras, corrupciones, al igual que creerse representante haciendo su propia voluntad, en el campo político delegado.

Seguramente un inquieto pensante me diría que también hay otras formas. Y si, como la de los intelectuales que enmascaran, tergiversan y “representan” al oprimido y la victima, a quien dicen interpretar, como bien nos recuerda G. Spivak y lo llama violencia epistémica, para lo cual diremos que si es otra forma de fetichizar a ese otro, querer representarlo sin autorización, o convirtiéndolo en objeto de mi estudio.

De igual manera, retornando a la religión, no tendría sentido decir que los gobiernos de la tierra los pone Dios, y por lógica simple, en el relato bíblico el diablo (diabolos como divisor), le ofrece a Jesús, todos los reinos de la tierra; no pudiendo ofrecerlos si no fueran ya todos de él. Lo cual nos vuelve a recordar el relato, que NO son puestos por Dios.

Estamos acá, donde “El viejo mundo (NO) se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos” (A. Gramsci). Aquí donde lo que se tiene que morir no se muere y lo que tiene que nacer, no nace.

Donde el soberano como comunidad de habitantes que valida las instituciones como forma de su voluntad y mandato para garantizar la vida, hoy lucha por retomar lo público, lo que le pertenece, el soberano vuelve a luchar por asumir su poder; en contra de los mercaderes del templo, ladrones reyezuelos, y secuestradores de lo que nos es común a nosotros.

Entonces en dos dimensiones simultaneas, creemos en la necesidad de recuperar, ( sin pagar rescate), a nuestro Estado; y al igual que nuestro y sabio hermano mayor de Treveris, respecto a la forma de la representación fetichizada y su forma como Ley, decimos:
“Soy ateo de ese su dios”

(1) Eclesiastico 34:22

*Docente USAC

www.albedrio.org

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