Equilibrio y vida: lo que nos cuentan las ceremonias mayas

Ricard Busquets,

Don Alejandro se termina su atol de elote y mira hacia el cielo. Está anocheciendo y empieza a refrescar. Las noches de enero en Patzún, departamento de Chimaltenango, Guatemala, acostumbran a ser bastante frías, así que abandonamos el patio, entramos las sillas al saloncito de su humilde casa y nos despedimos. Don Alejandro es maya kaqchikel y es ajq’ij, guía espiritual, sacerdote maya. Antes de irme toma mi mano y con una sonrisa me dice: “Pon cuidado siempre en tu viaje de regreso y recuerda que lo más importante para la vida es el equilibrio. Mira los astros en el firmamento, su perfecta armonía. El cosmos, la naturaleza, los elementos, todas las energías y los seres vivos deben convivir en equilibrio para proteger y perpetuar la vida”.

En la camioneta que me lleva de regreso a Ciudad de Guatemala recuerdo lo que Don Alejandro me ha contado esa tarde sobre su función como guía espiritual y acerca de las ceremonias mayas. El ajq’ij, hombre o mujer, que podemos traducir como “el contador de los días”, es quien conserva la cosmovisión y espiritualidad del pueblo maya, conoce bien el tzolk’in, el calendario maya, y lo sabe interpretar y aplicar. Es un orientador y parte de su cometido es equilibrar, poner en orden nuestra vida humana con los ancestros (“los abuelos y las abuelas”) y la Madre Tierra.

Desde que se firmó la Paz en Guatemala en 1996, después de 36 años de conflicto armado interno, la práctica de la cosmovisión y espiritualidad de los pueblos indígenas mayas ha experimentado un auge significativo. Este florecimiento es paralelo a la organización y toma de conciencia por parte de las comunidades y los pueblos indígenas respecto a la necesidad de defender la Madre Tierra y los recursos naturales. La vida, en definitiva.

Proyectos hidroeléctricos, monocultivos y minería extractiva amenazan el equilibrio natural y social de las comunidades indígenas en Guatemala,áreas en las que se concentra la mayoría de los recursos hídricos y naturales.

Son muchas las ceremonias que se realizan a diario en los cuatro puntos cardinales del país para pedir consejo a los abuelos respecto a cómo enfrentar estos peligros y otros que vienen asociados, como el de la criminalización de los defensores y defensoras de los derechos humanos y de la vida.

En los cerros, montañas, cuevas y cavernas, en las riberas de los ríos y centros ceremoniales, el fuego sagrado se manifiesta y habla a través de los ajq’ijab’, los guías. Su mensaje es claro: igual que las enfermedades en el hombre aparecen porque se ha producido algún tipo de desequilibrio en las energías, también la Madre Tierra se enferma debido a la acción del ser humano y a su voracidad sin límites.

Volver a equilibrar las energías para que la Madre Tierra no enferme hasta un extremo irreversible es lo que nos aconseja el fuego sagrado. Nos pide cuidar de nuestro único hogar, nuestro planeta, con mayor organización comunitaria y social, y nos recuerda que no sólo estamos aquí para servirnosde, sino también para servir y proteger a la naturaleza.

La camioneta llega a la ciudad capital. El caos circulatorio es de proporciones bíblicas, como casi cada día. Mientras me armo de paciencia sabiendo que aún me falta bastante para llegar a casa, pienso que no son los pueblos indígenas de Guatemala los que necesitan reconectarse con la Madre Tierra y las energías de los cuatro elementos para proteger el frágil equilibrio natural, porque nunca han estado desconectados y siempre han sido guardianes y protectores.

Quizás el fuego sagrado nos hace llegar su mensaje al resto de seres humanos, aquellos que sí parecen haber perdido su íntima y ancestral conexión con el orden del que venimos, cegados por el consumismo desenfrenado.

Ricard Busquets, catalán afincado en Guatemala, es fotoperiodista y colaboró como comunicador social en el Comité de Unidad Campesina-CUC (2010-2016).

Artículo publicado en el nº73 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2017.

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