Los achichincles de Arzú

Miguel Ángel Sandoval

Vi con mucha pena la perorata de Richard Aitkenhead en defensa de su patrón, Álvaro Arzú. En dos platos su hilo argumental es que de fondo el señor Arzú no puede ser investigado por corrupción pues su investidura lo protege y de plano su linaje lo blinda de esas cosas mundanas como las investigaciones por corrupción. ¡Qué tal! Quizás haya que subrayar que como muchos aplaudí su decisión de llegar a la firma de la paz cuando esto era solo un trámite. Pero no es menos cierta la estafa que hizo con los Acuerdos de Paz que fueron puntualmente incumplidos.

No tardan en alinearse en la defensa del alcalde otros de sus alfiles o mejores peones, que ya en el juicio por genocidio pegaron un grito en el cielo y produjeron un campo pagado de triste recordación: la defensa a ultranza de la impunidad. Todo para defender al caudillo Ríos Montt, que como vemos ahora, es una de las fuentes de inspiración del alcalde corrupto. Solo falta que ahora en otro comunicado, defiendan el derecho a la presunción de inocencia (punta de lanza de los impunes) o que se envuelvan en la bandera y griten a coro en contra de los extranjeros de la CICIG.

Eso es lo que estamos viendo en estos días. Los defensores del sistema corrupto e impune, construido ladrillo sobre ladrillo desde la colonia y la reforma liberal, y ratificado por la intervención que derrocó al gobierno democrático de Jacobo Árbenz, se encuentran, como intelectuales orgánicos que son de ese modelo, dando sustento “teórico” al alineamiento en defensa de la herencia de los criollos y del estado neoliberal construido con tanto esfuerzo.

Que ninguno se equivoque. La lucha contra la corrupción es en contra del sistema heredado desde entonces. Los planteos que se refugian en que hacen falta cambios estructurales, no se han dado cuenta que si algo estructural existe en nuestro país es la corrupción con su aliada impunidad. Pues eso son los bajos salarios, la ausencia de prestaciones laborales, la violación de los pactos y convenios internacionales, los monopolios inconstitucionales, la ausencia de derechos a los indígenas, o las concesiones absurdas a las empresas extranjeras.

Al diablo con la defensa de los corruptos con el argumento que sea. Que sea abierto y descarado o que sea subliminal y apelando a la soberanía. O la nueva joya del golpe de Estado. No podemos tolerar que invocando una supuesta polarización se desvíe la lucha contra la impunidad, que por suerte está tocando tierra firme, rompiendo de paso, con las argollas de intocables. Y todo ello, gracias a esa alianza virtuosa entre la CICIG y el MP, con el apoyo de la comunidad internacional. No hace falta mucha imaginación para ver que las peroratas como la de Aitkenhead son solo una vía para defender a los impunes, presuntamente nobles y los de cuello blanco. Lo demás son pajaritos preñados.

Publicado en ElPeriódico

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