Arzú y los abusivos

Por: Francisco Rodas.

Lo que no ha logrado el Mandatario de la Nación durante meses, un alcalde lo ha hecho en menos de una semana, como es el de unificar aquellas fuerzas que reclaman un soberanía huera y que apoyan la lucha contra la corrupción, pero necesitan de ella.

Para ser exactos, desde el jueves, se ha iniciado la peregrinación al palacio de la loba, para implorar que a su santo no lo azoten.

En dos programas televisivos de opinión, la figura de Arzú ha sido adulada, alabada, sin dejar de arrojarle incienso al político fuerte, al contendiente vital, en fin, al estadista cabrón.

Hasta las movilizaciones anodinas y menguadas hacia la sede de la CICIG el fin de semana, la protesta ya no se centra contra el extranjero o a favor de Jimmy, más bien proteger a un líder que ni él sabía la admiración que causa.

Pero hoy lunes, en elPeriódico fueron publicadas dos columnas que son la antinomia del político de guerra fría.

El primero es el de Edgar Gutiérrez, “El último de los caudillos”, que podríamos considerarlo un artículo impecable. Su contenido recuerda en parte la obra celebre de García Márquez, el “Otoño del patriarca”, donde un dictador en su senectud va perdiéndolo todo, hasta sus más fieles amigos. Es un artículo que en su brevedad resume toda una vida de la altivez criolla y del político tosco.

Explica como un hombre se convierte en la zaga contrarrevolucionaria pero con bandera pirata, saqueando las finanzas y los bienes públicos, peor que sus antepasados y sus mentores.

Gutiérrez al final lo coloca como modelo a no seguir y termina con una esperanza primaveral de que estamos relativamente cerca de tiempos mejores.

El otro artículo es el de Richard Aitkenhead, que por lo difícil de pronunciar se le decía “hay que jevi”. Titulado “Justicia: SÍ, linchamiento político: NO”, a Aitkenhead le desagrada en mucho, la ferocidad y el modo irrespetuoso con que el MP y la CICIG trataron al que firmó la paz –pero que le gustan los tiros–, y que modernizó el estado quitándole de encima unos bienes públicos estratégicos y rentables.

Poner las cosas de ese modo, es decir, señalar al MP y a la CICIG como unos ingratos, hacen pensar que el columnista no prendió la televisión ni abrió los periódicos.

Lo que todos vieron no fue la actitud cruel de dos instituciones que cuando van de cacería llevan pruebas abundantes del motivo. Ahí el pendenciero fue el acusado que, con sus ojos marchitos pero de mirada luciferina, ansiaba coger del pescuezo a una mujer fiscal y a un comisionado extranjero.

Tampoco estos funcionarios fueron irrespetuoso porque no le sacaron la madre, pero eso sí, no le voltearon a ver ni mucho menos, saludarlo.

Como se ha dicho anteriormente, Richard – en tono amistoso desde luego–, cree en la lucha contra la impunidad y contra la corrupción, pero no lo suficiente para acompañarnos a la plaza y comprarse una vuvuzela.

Aunque no lo menciona directamente, cuando escribe que “se quiere destruir y desvalorizar todo lo alcanzado a la fecha”, ni más ni menos que habla de la democracia. Una democracia que reporta los más bajos niveles de bienestar y los más altos grados de pillaje.

Pero su mensaje no es sólo el de correr a proteger a la criatura, al contrario, se trata de persuadir a los ciudadanos que mejor se queden o se regresen a sus casas, blandiendo la pesadilla que se está cultivando de manera sucesiva: Polarización > Inestabilidad > Golpe de estado. En otro orden de ideas puede decirse que, exhala terrorismo de bolsa de valores.

Bien hace elPeriódico en mantener la puerta abierta a tirios y troyanos, a quienes tienen el dinero y otros la inteligencia.
Fuente: Prensa Comunitaria

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