Centroamérica: sobrevivir al desarrollo

Álex Guillamón

El balance de tres décadas de cooperación internacional al desarrollo que hemos conocido en Centroamérica nos deja un saldo que podríamos resumir esquemáticamente como: éxito del “desarrollo”, pinchazo de la “cooperación”.

El discurso de las políticas de cooperación al desarrollo planteaba expectativas de generalización del modelo económico y de bienestar de los países “desarrollados”. Este discurso obviaba que la tendencia natural del desarrollo realmente existente es la de una evolución desigual en el marco de unas relaciones desiguales. Su “progreso” ha sido el de la concentración de la riqueza, la financiarización, la deslocalización, la especialización territorial y la acumulación por desposesión. Con el avance de todas estas tendencias, el desarrollo realmente existente (no el del imaginario de la cooperación) sí está logrando sus objetivos.

La evolución

Haciendo un brevísimo recorrido por estas tres décadas, podríamos distinguir tres fases:

Una primera época marcada por los conflictos armados y todavía en un mundo dividido en dos grandes bloques. En esta época prevalecía el discurso de los derechos humanos y los esfuerzos se volcaron en las transiciones hacia regímenes “homologables” y la estabilidad, incluyendo apoyos importantes a la sociedad civil para presionar hacia los procesos de paz.

Luego vino el despliegue de la agenda neoliberal, culminada con los tratados de libre comercio. Durante esta época la cooperación al desarrollo acuñó toda una batería de conceptos como Desarrollo Humano, Desarrollo Sostenible, Género en el Desarrollo, Objetivos del Milenio, etc., como contrapeso, para ir más allá del crecimiento económico como vara de medir el desarrollo. En todo ello, junto a la retórica paliativa del sistema de Naciones Unidas, también encontraríamos discursos y prácticas con recorridos rescatables. El problema es que, en el mejor de los casos, quedaron fundamentalmente para el consumo interno en el ecosistema de la cooperación, mientras la “realidad real” iba por los caminos del Consenso de Washington.

En la tercera fase, en la que nos encontramos, apenas queda rastro ni siquiera de los paliativos. Se trata de pisar el acelerador de una cooperación con la inversión empresarial en el centro, es decir, el desarrollo en su expresión más cruda. Para no alargarnos basta con una imagen: el pasado 8 de marzo, mientras Guatemala y el mundo se despertaban con el horror de las 40 niñas dejadas morir en el incendio de un orfanato de la capital, mientras llovían comunicados de solidaridad y exigiendo justicia, al Foro de ONG Internacionales en Guatemala llegaba otro comunicado, de la Cámara de Comercio española en el país, en el que se lamentaba la “desprotección” de sus inversiones en proyectos extractivistas como las hidroeléctricas de ACS en el río Cahabón, ante las demandas de protección el territorio kekchí[1]. La Corte de Constitucionalidad acaba de darles luz verde. La diplomacia y la cooperación oficial europeas de hoy son mucho más proactivas con los “derechos” del ciudadano Florentino Pérez y sus co-accionistas. El Género en el Desarrollo ya hace tiempo que cayó en desgracia, los recortes hicieron el resto[2]. Las huérfanas no “producen riqueza”…

Datos y cifras de una promesa incumplida

El balance concreto sobre lo que fueron las promesas de progreso, derechos y bienestar de la cooperación al desarrollo hacía Centroamérica nos muestra que, por desgracia, la realidad sigue siendo extremadamente tozuda.

A nivel macro y centrándonos meramente en el crecimiento económico, nos encontramos con la irrelevancia de la cooperación: “(…) los países de Centroamérica no representan un peso fuerte en el desembolso de la cooperación de los países o las instituciones multilaterales. Para el caso de los donantes bilaterales, se posiciona con mayor relevancia el nivel de comercio que tienen con los receptores, lo cual sugiere que la ayuda tiene como objetivo fortalecer los vínculos comerciales. El modelo de eficacia arroja que no existe una relación significativa entre el peso de la ayuda dentro de cada país de la región y las tasas de crecimiento que estos registran. Esto no tiene que ser interpretado como un llamado a cesar toda fuente de ayuda; es una invitación a repensar las cosas”[3].

Los análisis de impacto de los tratados de libre comercio, a los que la región se abocó, nos muestran lo que ya cabía esperar, hablando todavía en términos macroeconómicos: “Durante el período de vigencia del CAFTA hay un incremento del déficit comercial no maquilero de El Salvador con EEUU. En el período 2006-2011 fue en promedio de 1.816 millones de dólares; en el período liberalizador previo a CAFTA (1990-2005) el saldo era de 846 millones; y en el período previo a la guerra civil (1970-1980) el monto ascendía a 28 millones”[4].

Bajando a indicadores de “desarrollo humano”, el Quinto Informe Estado de la Región 2016[5] nos brinda una amplia visión del paisaje. Ya en su introducción podemos leer: “Cinco años después del último reporte, el istmo muestra un estancamiento en la estructura productiva, en la desigualdad social, en la debilidad de las instituciones y, sobre todo, en la calidad y cobertura de los sistemas educativos”. Señala también: “Si no fue posible mejorar las condiciones de vida generales de la población en 2004-2007, cuando se experimentó un crecimiento económico promedio del 5,6 por ciento anual, mucho menos lo sería ahora”.
Paula Cabildo.

El informe citado recoge también los siguientes datos: “En 2013 casi la mitad de la población se encontraba por debajo de la línea de pobreza, (…) entre 2009 y 2014 los hogares en exclusión social aumentaron del 36 a 42 por ciento”. La desnutrición crónica “afecta a un 28,4 por ciento de niños y niñas, más del doble que el promedio latinoamericano”; el salario mínimo agrícola “en El Salvador, Honduras y Guatemala fue insuficiente para adquirir la canasta básica alimentaria. La situación más crítica es la de Nicaragua, donde el costo de la CBA es 3,27 veces el salario mínimo agrícola”. Los salarios en las maquilas, donde trabaja un 60 por ciento de mujeres, alcanzan entre un 33 y un 42 por ciento, según país, de la canasta básica.

Las cifras sobre pobreza aumentan de relieve si las unimos a las de la migración: “En 2015 cerca de cuatro millones, un ocho por ciento de la población regional, vivía fuera de sus países de origen, el 82 por ciento de ellos en EE UU. En el Salvador la proporción de migrantes se eleva al 21,1 por ciento (…) solo entre enero y mayo de 2014 cerca de 40.000 niños, niñas y adolescentes fueron aprehendidos por las autoridades fronterizas estadounidenses”[6].

La violencia es otro de los rasgos de una región que ve como el crimen organizado y la corrupción se incrustan en los negocios y las instituciones políticas. A nivel mundial, la tasa de homicidios es de 6,2 por 100.000 habitantes. Una tasa de diez es el umbral que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera como problema de salud pública. En 2013 Honduras estaba en el 90,4, El Salvador en el 41,2 y Guatemala en el 39,97.

Honduras es el país de la región con el mayor número total de feminicidios (531 en 2014). Además, El Salvador y Guatemala están también en la banda alta de los diez países con mayor tasa de feminicidio del mundo, Nicaragua ronda los 50 al año. La impunidad alcanza al 90 por ciento de los casos. A ello hay que añadir que, independientemente del color político de los gobiernos, el integrismo cristiano y la hipocresía moral se han instalado tanto en la cultura oficial como en las legislaciones. Su blancos favoritos son la salud sexual y reproductiva de las mujeres y la libertad de orientación sexual.

Por otro lado, “en 2014 ya se encontraba concesionado a empresas mineras el catorce por ciento del territorio centroamericano”[8]. Honduras (35 por ciento), Guatemala (30 por ciento) y Nicaragua (13,5 por ciento) eran los países más concesionados, mientras El Salvador y Costa Rica han aprobado leyes que limitan la minería. Pero a estos ya altos porcentajes habría que añadirles lo que ocupa el resto de la amplia gama de proyectos extractivos, incluidos los monocultivos para la exportación.

El último informe con datos completos sobre bosques a escala regional ya decía en 2005 que “se continúa deforestando a un ritmo de 48 hectáreas por hora, entre 375.000 y 400.000 al año. La región apenas cuenta ya con un 36,5 por ciento de cobertura forestal y se acerca peligrosamente a un límite de destrucción de los recursos naturales en que se toque fondo”[9]. A El Salvador, Guatemala, Costa Rica y Honduras les queda menos de la mitad de su biodiversidad original.

A pesar la tarea ingente que esta realidad demandaría, la carga tributaria promedio de la región continúa siendo raquítica: 13,9 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) en 2015[10].

Si se calla el cantor, calla la vida

Lo peor de cada uno de todos estos datos y cifras es que tras ellos (mal)viven millones de personas tratando en vano de alcanzar una vida digna. Gente que aún se obstina en practicar la agricultura protegiendo su territorio; quienes sobreviven en los suburbios urbanos tratando de llegar, no a final de mes, sino al final del día; mujeres que conviven con la amenaza constante de la violencia (tanto en la calle como en su casa); gente empujada a apostar su vida a la lotería de la migración; comunidades indígenas que tratan de mantener viva la llama de sus pueblos; trabajadores y trabajadoras sin derechos de las “zonas francas”; gente que se empeña en vivir con libertad sus relaciones y afectos, etc. Las metas de la cooperación al desarrollo han sido para toda esta gente como un horizonte huidizo, que se va alejando conforme avanzan hacia él.

Sin embargo, esta gente no está del todo desamparada. Centroamérica mantiene un importante tejido organizativo social, construido durante décadas en múltiples y variadas experiencias de luchas populares. Comunidades, colectivos, organizaciones, plataformas y/o movimientos sociales que se esfuerzan por expresar sus necesidades y demandas, a menudo en circunstancias muy adversas. Este tejido social se encuentra hoy acosado por la represión y la criminalización, por la difamación mediática, por la cooptación desde el poder y por el estrangulamiento económico y/o legal, así como por contradicciones internas con los estilos de liderazgo o el machismo.

Por muchos ríos de tinta que hagamos correr sobre la eficacia y la calidad de la cooperación al desarrollo, no habrá ninguna esperanza de revertir y construir alternativas a estos datos y cifras del desarrollo realmente existente si consiguen callar a estos sujetos sociales. Por eso no se nos ocurre otra prioridad más relevante en estos momentos que la cooperación mutua con ellos y ellas. Que apoyar, y a la vez aprender, de quienes, surgiendo de estos diversos sectores populares, trabajan para trenzar resistencias y propuestas alternativas a este desarrollo desde de la emancipación social y con autonomía política.

Como dijo Mercedes Sosa, “si se calla el cantor, calla la vida”. Y, si calla la vida, sólo se escucha el frío e incompasivo latido del desarrollo.

Alex Guillamón es coordinador de Entrepueblos.

Artículo publicado en el nº74 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2017.

NOTAS:

Alcalde, Ana Rosa (16/5/2017): “Carta abierta a la Cámara de Comercio de España en Guatemala”, Prensa Libre, Guatemala.
Murguialday, Clara; y Ramil, Estrella (coords.) (2016): Impactos del desmantelamiento de la cooperación española en las organizaciones feministas centroamericanas, Alianza por una Cooperación Feminista Global, Barcelona.
Siero, Caroll; Rodríguez, Rony; Hernández, Sebastián (2015): “¿Ha sido importante la cooperación internacional para el desarrollo y el crecimiento económico? Una evidencia de datos panel para Nicaragua y Centroamérica”, Encuentro No. 102, Managua.
Góchez Sevilla, Roberto (2013): “Balance del comercio a siete años de vigencia del Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Centroamérica”, Economía Hoy, núm. 50, San Salvador.
Consejo Nacional de Rectores (Conare) de las universidades esta tales de Costa Rica.
Orozco, Manuel; Yansura, Julia (2015): Centroamérica en la mira: la migración y su relación con el desarrollo y las oportunidades para el cambio, Editorial Teseo, Buenos Aires, Argentina.
Estudio Mundial sobre el homicidio 2013, Oficina de las NN.UU. sobre Droga y Delito (UNDOC).
Trucchi, Giorgio (2014): Crecimiento de la industria minera en Centroamérica produce mitos, paradojas y realidades trágicas, REL-UITA, Montevideo.
“Centroamérica en el límite forestal. Desafíos para la Implementación de las Políticas Forestales en el Istmo”. Programa Ambiental Regional para Centroamérica, Componente de Áreas Protegidas y Mercadeo Ambiental, 2005, Guatemala.
Perfiles macrofiscales de Centroamérica, Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), 2016, Guatemala.

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