Disforia de género ¿Por qué aún lo consideran una patología?

Johana Barrios

En estos días se celebra el día del niño y de la niña (que en nuestro país hay poco que celebrar), pero que sucede con quienes a temprana edad por diversas razones no sienten una asociación entre su sexo y su género.

Muchas personas van descubriendo su identidad de género, previo a su orientación sexual; es decir, antes de tener una atracción por otro ser, vamos descubriendo nuestra identidad y el rol de género que probablemente asumiremos a lo largo de nuestra vida. Muchos recordarán vestirse con la ropa de su mamá o de su papá, imitar algunos roles, definir sus gustos por cómo vestirse, etc. En estos casos, muchos olvidamos estos eventos, no son de las primeras anécdotas que solemos recordar, o no tienen relevancia; sin embargo a otras personas, esto marca una significativa diferencia en su ser y su relación social. Una persona transgénero o transexual, recordará con mayor impacto y significancia, cómo no sólo disfrutaba vestirse con ropas y roles asignados al sexo opuesto, además, no se identificaba con el que la sociedad le había asignado. Cuanto te sientes de una forma distinta a la que te tratan, es chocante y frustrante tener que lidiar con ello todos los días. Un amigo muy cercano me comentaba hace poco, lo difícil que era que lo trataron como niña, lo vistieran con “esa ropa de colores tan feos y de tan mal gusto y tan ridícula”, a muy temprana edad supo que no era lo que quería ser, quería ser tratado como niño, pero además quería ser niño físicamente. Cuando inició su adolescencia, “fue lo peor de la vida”, pasar por un desarrollo que no quería, que le molestaba, y que generaba tantos cambios que lo distanciaban aún más de lo que quería ser, marcó una diferencia entre sentirte incómodo, sentir frustración, y sentir finalmente disforia (antónimo de euforia), lo cual condujo a una depresión cada vez mayor. Trataba de lidiar con eso pero cada vez era más difícil, finalmente fue medicado por “depresión” y afortunadamente tuvo una pareja que le hizo sentirse un poco mejor, pero para él era imposible “ser feliz estando en ese cuerpo”. Al terminar el diversificado, pudo trabajar y por fin “el inicio de quien realmente quería ser inició”, hizo mucho ejercicio para modificar su apariencia, e inició con un proceso hormonal que generó algunos cambios, pero que lo hicieron muy feliz: tenía algo de vello facial, su voz cambió, etc. Esto lo motivó a pasar por un procedimiento quirúrgico para iniciar su proceso de “cambio de sexo”. Pongo este caso como ejemplo, ya que si bien, la disforia no es considerada por muchos profesionales como sinónimo de transexualidad, muchas personas autonombradas como transexuales, manifiestan haber tenido fuertes y agudos episodios de disconformidad con su cuerpo, y aunque existiera una modificación externa, esta no era suficiente para sentirse en plenitud.

Muchos psicólogos y psiquiatras afirman que al tratarlo y superar la etapa de la adolescencia, el sentimiento de “nacer en el cuerpo equivocado” tiende a aminorarse y posteriormente a desaparecer. Otros afirman que la disforia puede desencadenar en una depresión aguda y posteriormente provocar el suicidio. Si bien como en todo proceso humano, no existe una verdad absoluta al respecto, lo que si se requiere es escuchar a la niñez, respetar sus decisiones, pero lo más importante, comprender sus emociones. Si bien en esa etapa de la vida no es posible decidir de forma autónoma, el acompañamiento familiar es vital para que finalmente cualquier ser humano pueda sentirse en plenitud.

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