Que se vayan los impresentables

Danilo Santos

El curso que están tomando los acontecimientos en el país no está claro, nadie confía en nadie y mientras tanto el tiempo pasa y diputados, Presidente y alcaldes, se ríen un poco de las Plazas. Sin embargo, lo que sí parece tener claro la ciudadanía es la necesidad de cambiar a la Clase Política, y no solo sustituirles, sino cambiar el contenido de su quehacer y cómo se eligen. Es decir, que renuncien a las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos.

La Clase Política debe entender que el rechazo de la población se lo ganó a pulso con su actitud y decisiones. Además, minimizaron la capacidad de movilización de los indignados, las nuevas alianzas sociales y el cansancio de una ciudadanía que no está en realidad preocupada por cuestiones ideológicas, pero si de que no le metan la mano en el bolsillo y de que un grupo de soberbios bravucones, opacos e ineptos, les vea la cara de babosa.

Lo mismo aplica para jefe del Ejecutivo y de las municipalidades. En esos tres nichos de poder, quienes lo ostentan se aferran a las elecciones y la representatividad que esta supuestamente les confiere. Se olvidan que el fondo del financiamiento ilícito es precisamente que las elecciones han sido corrompidas, son por lo tanto espurias y no reflejan en realidad el interés de la población, sino de quienes invierten en ellas.

Además, como es lógico a su circunstancia servil, poco o nada han hecho en favor de sus supuestos “representados”, en favor de esos que “decidieron” sobre su presencia en el Congreso, Presidencia de la República y Municipalidades. Al contrario, lo que percibe la ciudadanía es que legislan y gobiernan para favorecerse a sí mismos o simplemente no hacen nada mientras las carreteras son un desastre, la inseguridad es parte del paisaje y llevar un plato de comida a la mesa es todo un triunfo. Resaltan cuestiones que parecieran nimias, pero suman al desencanto; el bono de los militares al Presidente, que Morales no dé la cara, que el Presidente se refugie entre ganaderos, que no desistan desde el Ejecutivo y las sombras de los ataques contra la CICIG y el MP. Los demagógicos discursos desde el hemiciclo parlamentario, sus impresentables excusas para votar por cuestiones que no conocen, su candidez para retractarse, y el contrato para proveer a los diputados de servicio telefónico.

Habrá que sumar fuerza al contenido de las demandas de las Plazas y a los recursos legales para lograr lo que se pretende. Esto ya no es cuestión de negociar señor Presidente, tampoco de olvidar señoras y señores diputados; esto ya es cuestión de construir otro país. Saquen ustedes nuevamente sus cuentas el día de hoy, y si se vuelven a equivocar, que no les sorprenda al final el desenlace. Guatemala ya no aguanta, la gente está harta.

Así que esto se arregla con que se vayan los impresentables. No los queremos. Ya no los aguantamos. Su cinismo es el ingrediente más perverso del drama nacional. Váyanse. Cállense. Y háganlo pronto, porque mientras más se resistan, menos favorables serán las condiciones para ustedes.

La Hora

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