Septiembre con aroma a Rebelde Primavera

Lorena Medina

Retrospectiva de la esperanza, el drama y el hartazgo popular ante la crisis.

“Estoy en la Plaza con mis hijos, porque quiero un mejor futuro para ellos y para Guatemala. Y eso, con esta gente corrupta gobernando no es posible. Estamos cansados de tanta impunidad y del descaro del presidente y de los diputados. ¡Que se vayan todos! Hay que luchar para salir adelante, esa es la única herencia que les puedo dar a mis hijos; por eso estamos aquí.” (Padre de familia indignado, no organizado).

El mes de septiembre 2017 ha marcado una serie de acontecimientos muy esperanzadores para la sociedad guatemalteca, que anuncian sin duda, la posibilidad de cambios profundos en el país, desde la participación, identidad y autonomía de los Pueblos. La utopía de Otra Guatemala posible se asoma en los ojos de rostros diversos, aflorando entre güipiles y camisolas, pies descalzos, caites y tenis de patojos, avanzando juntos con júbilo, rebeldía y los altisonantes chillidos de las bubucelas. Mantas, carteles hechos a mano y pintas, bailan al ritmo de La Batucada. Puños en alto y miradas llenas de dignidad, entremezcladas en un espacio colectivo de expresión y protesta: La plaza.

El Paro Nacional del 20 de septiembre, trajo consigo una brisa fresca como de primavera, por todos añorada. Energías de resistencia, fuerza, dignidad y amor por la vida, bajan desde los cerros, atravesando cantones, caseríos, aldeas, ríos y banquetas; todo confluye en los pasos seguros de quienes avanzan con la cara al sol. Las ciudades con manifestantes de todas las edades a manos llenas. Banderas albicelestes que palidecen ante las banderas multicolor, de los Pueblos Originarios, que proclaman la llegada de un tiempo nuevo, ganado a pulso, para construir el poder popular, hasta llegar al horizonte de una Asamblea Constituyente Plurinacional.

Como primer acto de la crisis surrealista a la que hemos asistido las guatemaltecas y guatemaltecos, el presidente Jimmy Morales decide viajar a Naciones Unidas, para entrevistarse con el Secretario General de la ONU, António Guterres. Con los ánimos caldeados, Jimmy se lanzó al vacío de una muerte súbita, políticamente hablando, ya que arremetió con una ofensiva diplomática, sin precedentes en la historia reciente del país. Respaldado eso sí, por los financistas de su campaña, entre los que se cuenta una fauna de personajes del sector empresarial y de la vieja guardia militar contrainsurgente.

Se especuló en algunos medios que había una molestia y petición de modificar el mandato del Comisionado contra la Impunidad y la Corrupción, Iván Velázquez. Este malestar data de una investigación abierta por la CICIG y el MP en su contra, dos días antes del viaje. El delito señalado por los entes de investigación apuntalan al financiamiento ilícito de su campaña 2015, por un monto de Q.6.7 millones. Las versiones del motivo de su entrevista con el Secretario de la ONU se tornaron en hermetismo y discursos a medias, para desmentir que hayan pedido “ni de chiste la salida del Comisionado”, tal como expresó el entoces canciller guatemalteco.

Esto se suma a las investigaciones abiertas por casos de corrupción llevadas a cabo con firmeza por el Dr. Velázquez, con el total respaldo de la Fiscal General, Thelma Aldana. Producto de ello el hijo y el hermano del presidente están en prisión. La Fiscal General advitió en una conferencia de prensa, que la eventual salida del Comisionado solo fortalecería a las estructuras criminales, que ellos han buscado desarticular.

Morales también ha contado con el incondicional apoyo de su viejo amigo Ángel González, mejicano, dueño del mayor monopolio mediático en Guatemala y Centroamérica, quien es prófugo de la justicia por el caso Cooptación del Estado, al igual que su esposa. La desinformación malintencionada y el manipuleo de la opinión pública, fluyeron con aires de pseudopatriotismo y cundió la incertidumbre. El burdo libreto del discurso oficial acerca de las motivaciones de la reunión de Jimmy con el Secretario General de la ONU fue una cortina de humo, diseñada a la medida, entretanto el presidente buscaba la manera de quitarse la piedra en el zapato. Así, Iván Velázquez fue expuesto ante la ciudadanía como el representante del poder internacional, abanderado de la intromisión extranjera en la política interna. Prácticamente, un desestabilizador.

Bajo falaces argumentos, fluyó la campaña de desinformación por todos los medios del monopolio, aunada a la virtual desaparición pública del presidente, quien en ningún momento dio declaraciones en vivo a la prensa, sospechosamente.Previamente, la escena grotesca, cubierta de sangre y dolor humano, que se montó en el Hospital Roosevelt, según analistas, fue uno de los ingredientes necesarios, para justificar ante Guterrez, la descabellada petición en el cambio de las funciones del Comisionado.

El domingo 27 de agosto, el presidente una vez más sorprendió a los guatemaltecos con un episodio mañanero, que le quitó el sueño media ciudadanía. Algunos apenas se intentaban duchar o beber un sorbo de café, para espabilar un poco y adivinar si la televisión se estaba volviendo loca o si en verdad asistía a una de las peores actuaciones del comediante de Moralejas. En la vida real, a través de un video pregrabado declaraba “Non Grato” al Comisionado Iván Velázquez y le ordenaba abandonase inmediatamente el país. Hasta ese momento, sus amigos financistas empresarios corruptores y corruptos, los milicos, narcos y otros mafiosos respiraron hondo, celebraron el hecho desde sus prisiones VIP y tocaron el cielo con las manos sucias.

Así las cosas y ya con la capacidad de dormir plácidamente, desterrada de una vez, para las subsiguientes semanas, las calles, parques y plazas han sido el escenario perfecto para expresar el rechazo del pueblo, ante los arrebatos del gobernante y ponerles un alto definitivo. Desde entonces, cientos de miles de personas han marchado por doquier, gritando al unísono “Jimmy Morales a los tribunales”.

El pueblo declaró a Morales “Non Grato” y ha dejado en claro que “No tiene presidente”. La opinión de la mayoría se inclina al apoyo y simpatía hacia el Dr. Iván Velásquez y a la CICIG, porque ve en él, un símbolo de honestidad, imparcialidad y de lucha por la justicia, por sus resultados al desarticular bandas del crimen organizado en el seno del Estado, como nadie lo había hecho antes. Así lo demuestran sus investigaciones, que lograron en agosto de 2015 junto al clamor popular contra la corrupción, las renuncias y posterior encarcelamiento del expresidente Otto Pérez y su vicepresidenta Roxana Baldetti.

En la actual coyuntura, a raíz del caso abierto en contra del Presidente, las presiones ciudadanas se no han cesado. Entre ellas, hubo plantones encabezados por las Autoridades Ancestrales, que viajaron desde sus territorios y unidos a organizaciones de mujeres, campesinas e indígenas, de derechos humanos y estudiantiles, para demandar la verdad y no más corrupción e impunidad. Con este panorama, la Corte de Constitucionalidad falló a favor de quitarle la inmunidad al presidente y proceder al antejuicio. Seguidamente, remitió al Congreso el trámite, para que allí se conformara la Comisión Pesquisidora, que finalmente decidiría si procedía presentar al Pleno el caso o bien, lo desestimaría.

Lo que ha sucedido a partir de entonces, es una caricatura de lo que las cúpulas de poder económico conciben como Estado de Derecho. Las actitudes serviles y proclives a la impunidad, por parte de los congresistas guatemaltecos, han dado muestra de que no les importan las demandas ciudadanas. Se necesitaban 105 votos mínimo para quitarle la inmunidad al presidente. Esto no se logró y una vez más se puso en evidencia el pacto entre corruptos, que prevalece para salvaguardar el sistema de la mediocridad, de la corruptela trasnochada que se opone sistemáticamente a todo lo que se llama derecho.

Con maniobras al mejor estilo de la “dictadura perfecta”, tuvo lugar nuevamente en el Hemiciclo de la vergüenza un sismo político. El 13 de septiembre, según trascendió en medios, a través de una moción privilegiada, el pleno del Congreso reformó el delito de financiamiento electoral ilícito, entre otros. Aprovechando la coyuntura de las “fiestas patrias”, que normalmente bajan el ritmo de la gente en todo el país, so pretexto de la celebración de la “independencia”, se sacaron de la manga una de sus peores y más cuestionadas actuaciones en la vida de la presente legislatura y de todas las que le han precedido. Fue un día nefasto para la democracia y para la justicia en el país, tanto así que mediática y socialmente se le denominó “el miércoles negro”.

Ese día, 106 diputados de partidos mayoritarios y alguno que otro individualmente servil, en contubernio con el rancio poder empresarial, decidieron aprobar de urgencia nacional reformas al Código Penal, para asegurar la posibilidad de la conmutabilidad de penas por pago de fianzas irrisorias para los corruptos convictos. Implicaciones de dichas reformas al Artículo 50: Con ellas se ha beneficiado a delincuentes con la conmuta a penas de prisión, por lo que personas con sentencias de 5 a 10 de prisión podrían recobrar la libertad en breve. Incluidos entre los beneficiaros de esta reforma al crimen organizado, mareros, asesinos, tratantes de personas y muchos delincuentes más, quienes podrían acortar penas y salir libres. Esta es una clara muestra de que los poderes fácticos representados en el Congreso y en el gobierno de Jimmy, pretenden mantener el control del país, a toda costa y que en su afán por salvar el pellejo ante futuros antejuicios, vendieron la justicia a los poderes más oscuros.

Ante esta situación, ha sido constante la presencia pública de manifestantes en varios departamentos y en la capital, quienes han expresado su enérgica condena a estos hechos y continúan exigiendo que renuncien los diputados y el presidente. El luto, las banderas negras y un generalizado sentir de indignación han estado en el ambiente, pero también se ha perfilado un momento histórico muy importante, que pone en jaque a este sistema anacrónico e ilegítimo, que solo ha servido a las élites criollas oligárquicas, así como por las nuevas expresiones de poder económico y político. Ellos han gobernado antojadizamente el país, con una fachada de democracia que está en un callejón sin salida, donde no le queda más que recurrir a sus poses de dictadura militar. La corrupción y la impunidad están enquistadas como un cáncer en casi todas las instituciones del Estado y son los ingredientes necesarios para que puedan subsistir estos grupos, que cada vez más se han ido evidenciando y quedando en la marginalidad.

Aún contra todos los pronósticos y con fuertes rumores de que la represión estaba a las puertas, el 14 de septiembre la ciudadanía indignada se tomó la Plaza Central, en medio de los preparativos oficiales para hacer honores al día de la independencia. Miles de personas concentradas en los alrededores, se abrieron paso entre las fuerzas de seguridad, que custodiaban los alrededores del Palacio Nacional e impidieron que se llevaran a cabo dichos festejos. No hubo cañonazos, ni izada de la bandera albiceleste. En su lugar, se izó la bandera negro y blanco, en señal del repudio de la población. Fue un momento con alto contenido simbólico. La gente no cesaba de llegar la Plaza a todas horas.

Esta coyuntura ha revelado las profundas tensiones del sistema racista, genocida y patriarcal que se implantó desde la época de la invasión y la colonia en Guatemala. La fatua política con que las élites criollas y los nuevos actores del poder económico nacional han dirigido el país, ya no le sirve a nadie. Ni siquiera a los gringos, que ven minados sus intereses geopolíticos por el actuar de un Estado que no son capaces de sostener. No es casual que las posiciones de algunos funcionarios de relevancia en ese país del norte, apuntalen la necesidad de superar esta crisis insistiendo en la necesidad del“diálogo”, discurso que también el presidente trajo a su regreso del segundo viaje a Naciones Unidas. Este diálogo con los sectores afines al gobierno y a los neoliberales, solo puede servir de válvula de escape a todas estas tensiones, brindándoles así una salida de transición, que permita un cierto reacomodo de las fuerzas y la mediatización de expresiones que se declaran abiertamente opositoras y antisistema.

Todo el proceso que se ha desarrollado hasta culminar este 20 de septiembre, con un ciclo de movilizaciones en toda Guatemala, ha sacudido telúricamente el status quo de los poderes fácticos. Es claro que la sociedad está conmocionada, indignada y eso ya no tiene vuelta atrás. Resalta en este contexto, que paulatinamente se ha trascendido la demanda inicial de la lucha anticorrupción, dando paso a mayor contenido estas luchas, a corto, mediano y largo plazo. Hoy día son nuevamente manifiestas ante la opinión pública, las demandas, visiones y propuestas históricas desde los Pueblos Indígenas, organizaciones campesinas, sindicales, de las mujeres y feministas, estudiantes, académicos, sector religioso, ambientalistas, artistas y otros con miras hacia el establecimiento de la Asamblea Constituyente Plurinacional y Popular.

Este planteamiento se nutre también de las demandas de las comunidades, en las que se vincula claramente la corrupción con los efectos devastadores del sistema, que irrumpe en sus formas de vida de manera grotesca y alevosa, a través de proyectos mineros, hidroeléctricas, palma africana, privatización de los ríos. En ese sentido, la defensa de la vida, la Tierra y el territorio le dan aun mayor sustento a dichos planteamientos.

Los Pueblos han denunciado que el modelo que ha socavado los bienes estatales y entregando los recursos naturales a manos del capital empresarial nacional y extranjero, no ha logrado la estabilidad del país, ni el crecimiento económico, mucho menos ha generado desarrollo, como pregonan sus defensores, sino todo lo contrario. Ha empobrecido aún más a la población, lo cual es evidente en los flujos migratorios a gran escala hacia Estados Unidos, el deterioro medioambiental, la conflictividad por la Tierra, etc. Esta corrupción es de larga data, e inició desde la invasión española y el tiempo de la colonia y se ha fincado en el racismo exacerbado y la explotación de las grandes mayorías, por lo tanto no se puede terminar con medidas superficiales.

Es necesario que los cambios sean estructurales. El desenlace de la dramática situación que desarrollada entre agosto y septiembre, apunta hacia muchos retos. Seguir fortaleciendo la unidad entre los Pueblos y las diversas expresiones organizativas es uno de los primordiales. Como Pueblos, hemos dado una muestra contundente de fortaleza y voluntad política entre diversas expresiones, materializada en el Paro 20s. Seguiremos construyendo la unidad de acción con los aprendizajes de estas acciones que nos han sumado y multiplicado en miles en pos de una causa: Una Guatemala incluyente, un Estado que nos represente verdaderamente. El camino es largo y ancho, pero eso sí, tiene sendas dibujadas en conjunto y entre los Pueblos tenemos una riqueza milenaria de arribar a consensos y prácticas democráticos reales, desde las diferencias y particularidad de de cada quien; este es un momento de reflexión-acción.

Es legítimo y necesario el diálogo entre los Pueblos para juntar las ideas, los caminos y el accionar. Reconocernos el valor de las palabras, la honorabilidad, la verdad. Las miradas y las voluntades están puestas en este tipo de procesos de diálogo político, que desemboque en un nuevo Pacto Social, que permita transformaciones reales en la economía, en la política, en el acceso, distribución y ejercicio del poder, para vivir con plenitud, en armonía con la Madre Tierra.

Tenemos que ser vigilantes y cautelosos. Hoy día las élites buscan reoxigenar el podrido sistema que ellos mismos han moldeado. Existe una tendencia reformista, a partir del diálogo con quienes nunca van a proponer cambios sustantivos en los temas estructurales. No se puede esperar que la problemática del país se resuelva solamente a través de un maquillaje al sistema legal. Eso incluye la Ley Electoral y de Partidos Políticos, entre otros temas de agenda. En este otro llamado al diálogo con ciertos representantes de la “sociedad civil permitida”, quienes siempre han estado tras bambalinas son los del CACIF y este juego lo han hecho reiteradamente, tras la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, sin que se hayan producido cambios reales, que beneficien a toda la población.

Por eso hoy es imprescindible mantener presente nuestra historia y también los sueños, las utopías son un motor de nuestras luchas. Estamos construyendo poder popular. Hemos logrado avances importantes. No somos 20 tuiteros, somos millones de guatemaltecas y guatemaltecos. Esa es nuestra fortaleza. Seguimos en las calles exigiendo justicia, no más impunidad y no más este sistema corrupto. Una ganancia es tener claridad sobre quienes son los responsables de la corrupción desmedida. Las maniobras de los mismos de siempre ya no pueden sorprender a nadie. Como es sabido, con todo y sus caras lavadas y sus trajes de corte español, siendo los padres de este sistema fallido, jamás podrán ser parte de la solución.
Texto y foto: Lorena Medina

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