Hacer las reformas o vivir el caos

Miguel Ángel Sandoval

Es un hecho reconocido, salvo por unos cuantos diputados con cociente intelectual realmente precario, que vivimos una época de reformas. Las razones son claras. De una parte hay la certeza que no podemos vivir sin cambios importantes en el sector justicia, que no podemos vivir sin una ley de servicio civil moderna, y sobre todo, con una ley de partidos políticos que no sirve para construir la democracia que queremos.

Pero hay otro tema clave. Como resultado de las movilizaciones del 2015 se llegó a la conclusión que era indispensable realizar por lo menos cuatro reformas. LEPP, Servicio Civil, Compras y Contrataciones y las indispensables reformas al sector Justicia. Sobre estas reformas se hizo mesas de trabajo en el Congreso, y a la fecha no se avanza casi nada. Eso sí, existen documentos más o menos serios, más o menos participativos, pero y este es el problema de fondo, no hay la voluntad política para hacer esos cambios. La acción de los diputados se percibe como una estafa.

Solo a manera de ejemplo, con el reconocimiento del pluralismo jurídico, lo jurásico se ha hecho presente en el hemiciclo. Es una muestra de que no entienden la realidad nacional ni sus demandas. Ni hablar de otras reformas que se caen de maduras. Pero sobre el pluralismo jurídico me tocó escuchar a un abogado del CACIF repetir lo mismo que los jurásicos del Congreso repiten hasta el cansancio. ¿Me pregunto si el CACIF sigue viviendo en lo jurásico?

Las reformas apuntadas son sencillamente indispensables y deben realizarse en esta legislatura, les guste o no a los diputados. O el caos se puede instalar en nuestro país. Y ojo, sigue pendiente lo relativo a la depuración, lo que denomino “depuración por goteo” o sea que en sus ritmos y en sus tiempos la depuración debe continuar. Hay una cantidad enorme de antejuicios planteados contra algunos diputados, que en verdad puede ser un tercio del Congreso.

Pero además, si no se había dado cuenta la mayoría de diputados son de partidos suspendidos de por vida. Y hay unos cuantos que probablemente no lleguen a las elecciones próximas. Se les acabó el tiempo. Esa es la gran lección de las movilizaciones de los últimos días. Han madurado, son nacionales, y las demandas son igualmente nacionales. Y tienen bien definidas las reformas y la depuración como dos procesos indivisibles.

En este contexto, reafirmo mi planteamiento que vivimos en nuestro país una revolución moral-ética, pues la corrupción que fue durante años socialmente aceptada, la costumbre, dejó de serlo y ahora es socialmente rechazada por los más diversos sectores. Aun si del diente al labio, pero en las mayorías esto es una adquisición. Se expresa en los cuestionamientos a diputados fuera del Congreso, tal el caso de la Usac o los rótulos que aparecen en restaurantes, y otras expresiones. Los temas planteados nos hablan de una revolución moral.

Te gusto, quieres compartir