La ética, en el desarrollo sostenible

Por: Vinicio E. Yol Zamora.
El desarrollo sostenible como definición “[pretende] la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”, dicha definición tiene en sí misma, dos dimensiones fundamentales, lo material (objetivo) a través de la “satisfacción de necesidades” y lo ético, debido a su visión “intergeneracional”.

Desde el punto de vista epistémico, el desarrollo sostenible, tiene sus profundas limitaciones sobre todo, desde la teoría económica, razón fundamental para enmarcarlo en la categoría de “paradigma”.
Sin embargo, los paradigmas, deben ser sujetos de un cuestionamiento desde el punto de vista subjetivo para poder hacerlos aún más “objetivables”.

El paradigma sujeto de análisis, introduce pues a la ética, desde lo subjetivo (intergeneracional), sin embargo, una particularidad de la ética desde su concepción más antigua, es que aparte de pertenecer a la subjetividad individual, se desenvuelve a través de categorías libres, es decir, que no se mezcla con ninguna otra, por lo tanto, la ética por naturaleza es pura.

La ética tomada en el contexto en que es utilizada en la definición de desarrollo sostenible tiene rasgos de categoría general o de universalidad, es decir, aquella que pretende ser utilizada como algo que está por encima del campo social general, superando incluso, a la historia y al presente, que pretende trascender el tiempo y el espacio, dejando la responsabilidad ética de la “elección” por parte de conglomerados de personas para no comprometer a generaciones futuras.

Es así que la ética, tiene serias limitaciones, en principio, porque se desarrolla en el campo de la individualidad (subjetivo) y de esta forma es casi imposible que impacte al campo de lo colectivo o general, porque la ética “exige” héroes o mártires y estos en la posmodernidad, básicamente son inexistentes, no porque no existan verdaderamente, sino porque, se mueven desde campos subjetivos que superan la colectividad y no tienen la capacidad de transformarse en individuos colectivos.

Así mismo, la ética enfrenta las limitaciones que le opone la estética, la cual sí se mezcla con diferentes categorías, es decir, se mueve en categorías que responden desde la satisfacción de las pasiones más viles hasta las más sublimes, igual es para ella (estética) una borrachera de ego, agua ardiente, buenas intenciones o espiritualidades de origen dudoso, es decir, de igual forma satisface las (sus) necesidades.

Debido a esto, la ética constantemente chocara contra un gran muro estético que implica las pasiones más despiadadas del hombre, aquel que intenta satisfacer a toda costa sus “necesidades” y donde lo menos que importa, es la concepción intergeneracional, porque aflora constantemente la avaricia y el engaño.

Finalmente, la última limitación, tiene que ver con el planteamiento dialéctico altamente influenciado por el idealismo, al considerar que la satisfacción de las necesidades materiales de las generaciones futuras, están dialécticamente relacionadas a la satisfacción de las necesidades materiales de las generaciones iniciales (actuales), en donde, la mediación en tales sucesos, se debería de dar por la capacidad de estas personas de emplear la “razón” en la “elección” y así poderlos conducir a la correcta toma de decisiones. Esto último es como decir, que mis anhelos con el tiempo, harán de mis tripas, corazón.

El paradigma en cuestión pone pues en contraposición, al deseo y al deber, en una paradoja dialéctica, en donde no media la razón, porque ésta en un sinfín de realidades objetivas puede aniquilar a los términos en cuestión (deseo y deber).

Es posible entonces la ética en un modelo económico objetivable totalmente corrompido y fácilmente corruptible?, o es básicamente un planteamiento vacuo que pretende amedrentar risiblemente a los monstruos internos del ser humano y en especial, a aquellos que lo llevan casi que constantemente a negar su realidad a través del patético autoengaño, particularidad esta última de una sociedad que ha trazado su devenir desde el campo individual jugando a ser semi-dios.

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