Sapos y alacranes

Danilo Santos

La votación en contra de quitar el antejuicio al Presidente de la República por el Caso Financiamiento Ilícito, no sorprende, más bien afirma que el miedo ha unido a los corruptos y se han parapetado en parafernalia de división y confrontación, retórica que les ha funcionado históricamente.

No es cierto que se ataque la institucionalidad levantando el antejuicio al Presidente, lo único que pasaría es que se le podría investigar a fondo; atacar la institucionalidad es boicotear el trabajo del Ministerio Público y amenazar a través de “terceros” con guerra.

En una ocasión escuché decir a un político, connotado por cierto, “a mí traeme votos o pisto”, el modo de hacer política y ganar elecciones en Guatemala es un secreto a voces. Interesa tener más dinero para poder comprar más votos que los demás; los dineros pasan de mano en mano y al final se pierde su origen. Hay los que se arriesgan y aceptan todo sin importar quién se los dé. Hay los que utilizan a terceros para hacerse los desentendidos después. Y hay, los que ni se enteran de dónde sale tanto recurso: pues se juntaron todos y sumaron 111 votos.

Y bueno, qué decir de los “bonos de riesgo”. Si alguien está protegido en este país es el Presidente y el alto mando del Ejército. Los verdaderamente desprotegidos consideran un bono llegar vivos a casa. Realmente no hay otra manera de llamarles que sinvergüenzas.

Cuenta la historia que un sapo alegre y bullanguero saltaba de un lado para otro, jugueteando entre el fango mientras encontraba el lugar propicio para cruzar el río que lo separaba de las moscas que revoloteaban un cadáver anaranjado en la otra orilla. Un alacrán lo vio y alertó a sus “cuases”, parlamentaron y concluyeron que el sapo era perfecto para llevar a uno de ellos hasta el otro lado. Vos trompudo, le dijo el alacrán al que llamaban “puñalón”, llévame al otro lado, yo también necesito cruzar. Soy feo y poco gracioso pero no baboso, por supuesto que no te llevo, capaz que a medio río me chutás el lomo. Cómo vas a creer, contestó el alacrán, nos morimos los dos, vos envenenado y yo ahogado. El sapo, crédulo, accedió. A medio río el sapo sintió fuego en el lomo, la ponzoña le quemaba todo el cuerpo y sabiéndose perdido preguntó a “Puñalón”, por qué lo hiciste, a lo que el alacrán respondió, pa´darte fuerza, ya casi llegamos, dale. El sapo volvió a creer, pero fue lo último que creyó, ambos llegaron a la orilla, ya sin vida, a sumarse al festín de las moscas.

No se han dado cuenta, pero son cadáveres políticos ya. Han sumado tanta vileza y despropósito en tan poco tiempo, y sobre esa base hacen pactos. Están a mitad del periodo y ya se hundieron inexorablemente ante la población en general y lo que es más grave, ante la Comunidad Internacional. No permitamos que sapos y alacranes nos gobiernen y nos hundan con ellos.

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