La revolución moral es real

Miguel Ángel Sandoval

Cuando se produjo la movilización del 2015 escribí un pequeño texto que denomine la “Revolución Moral del siglo xxi”, en donde afirmaba que la corrupción hasta antes de esa fecha era socialmente aceptada y que ahora era socialmente rechazada. Luego concluía que la corrupción no había sido derrotada y que correspondía hacerlo, en lo que para mí era la tarea estratégica del país. Más adelante habría otras metas que cumplir, pero de momento la corrupción y la impunidad era lo central para nuestro país.

Asimismo advertía que con la corrupción no había política pública que se pudiera impulsar y que la corrupción no se limitaba a los ámbitos de gobierno sino que había empresarios, partidos políticos del signo que fueran, sindicatos, oenegés, iglesias, medios de comunicación, deporte, asociaciones de diverso tipo, y los hechos siguen demostrando que lo señalado no era dicho al azar, sino que formaban parte de la realidad nacional que había llevado al hartazgo a diversos sectores.

Para intelectuales que siguen con atención el desarrollo de los procesos sociales de nuestro país, la propuesta o planteamiento de Revolución Moral, era por lo menos utópica, otras voces decían que eso era paja pues los temas eran estructurales y 2015 no había tocado ni de lejitos los problemas de fondo, y así, los comentarios no fueron lo suficiente como para destacar el planteamiento de la revolución moral como un proceso en curso en nuestro país.

Otros más esquemáticos se atrincheraron en la afirmación que la corrupción constituía una expresión de la lucha de clases que en el capitalismo era la norma. O desde otra perspectiva, daban algún crédito a la tesis de la manipulación de las movilizaciones del 2015 así como de la novedosa lucha en el marco de las redes sociales. En estos casos parecería que el análisis de ese fenómeno de la revolución moral no se llegó a considerar pues no forma parte de las ideas clásicas más recurrentes y por lo tanto, es de hecho no existente.

2017 nos dio la mejor repuesta. La lucha contra la corrupción es el tema principal de nuestro país y el rechazo hacia la misma es nacional, fuerte, y no sujeto a manipulaciones como se atrevieron a escribir algunos analistas, mientras otros decían que como no se había tomado el poder se trataba de una revolución que no había tenido lugar. Los hechos, testarudos como son, ubican mi planteamiento de que la Revolución Moral es lo que está ocurriendo en Guatemala.

La moral y la ética se ponen en primer plano, el rechazo a la corrupción y su aliada la impunidad recorre el espectro social, y no hay sector que se quede callado en el tema de la corrupción. Hoy vemos que en varios departamentos los diputados que intentaron aprobar un par de decretos que abrían la puerta ancha a la corrupción son rechazados en sus lugares. Pero quizás lo más simbólico es que en una serie de restaurantes se dice con claridad: no queremos corruptos, nos reservamos el derecho de admisión.

No es seguro que los diputados sean clientes de estos establecimientos, pero lo que sí es seguro es que se trata de un mensaje de alto valor simbólico. Ahora la corrupción, personificada en los diputados que intentaron aprobar decretos para beneficio de los corruptos, no entra en estos establecimientos. Es sin duda un hecho de gran relevancia en nuestro país. Ahora los ciudadanos que buscan estos lugares para tomar un café o comer algo o simplemente conversar, saben que la corrupción no está a su lado, en la mesa vecina.

Quizás lo de más bulto es la foto hecha circular por las redes con diputado siendo conminado a desalojar un hotel de Antigua en estos días de descanso. Seguro fue vergonzoso para el su su familia, pero del otro lado hay millones de guatemaltecos que están de plácemes pues finalmente una medida de un hotel, (al que no tiene acceso la gente humilde) ratifica que la lucha contra la corrupción y la impunidad es real, y es como se dice, trasversal en la sociedad guatemalteca.

Ni los hoteles o cafeterías, pizzerías y otros locales van por ello a bajar sus precios, o la medida no lo garantiza, o a mejorar su calidad, a pagar mejor sus impuestos, o mejorar los salarios de sus empleados, ni esas medidas van a generar una sociedad más igualitaria, pero sin duda algo me dice que estamos entrando en una nueva fase en la vida de la sociedad guatemalteca. Y por supuesto, mi reconocimiento al gesto que suma en la lucha contra la corrupción y la impunidad.

Como no se trata de las tradicionales y clásicas medidas estructurales como podría ser una reforma agraria o la nacionalización de algún bien, sino que se trata de algo mucho más profundo como es la moral y la ética en la sociedad entera, es que me atrevo a sostener que estamos ante una verdadera revolución moral, en proceso, en desarrollo, y que no ha alcanzado su máxima expresión, aunque no haya sido aún convertida en la divisa de muchos sectores y analistas, pero, constituye una manera de explicar el actual proceso de saneamiento de nuestros usos y costumbres.

Y hecho central, es un proceso que nos dice que la sociedad guatemalteca se encuentra en ebullición, en pleno movimiento, y que gradualmente alcanza objetivos importantes que esos sí, allanan el camino a otras reformas que esperan su turno y momento.

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