En Guatemala el tiempo no pasa

César Antonio Estrada Mendizábal

Parafraseando el lugar común, diríamos que Guatemala es el país de la eterna cualquier cosa: eterna primavera, eterna resistencia, dictadura e imposturas eternas, en fin. Lo cierto es que en la eternidad no existe el tiempo pues no hay cambios que nos permitan afirmar que existe tal cosa como la duración, y en mi país, efectivamente, oyendo al perverso excómico presidente Morales, su necia propaganda oficial, y a la derecha más recalcitrante, me parece volver a mi niñez y adolescencia y escuchar a Peralta Azurdia, Arana Osorio, Laugerud, Lucas y al desquiciado Ríos Montt. Para esta gente, de nada sirvió la oxigenación de las ideas y el renacimiento revolucionario de los años setentas y ochentas, para ellos no hay nuevas fuentes de información ampliamente disponibles por los avances de las comunicaciones, simplemente su vida, sus aspiraciones y su mundo son –como en algún lugar dijo Cardoza y Aragón– tan cerrados como un huevo. Es decir, están fuera del tiempo y de la realidad.

¿Cómo es posible que los órganos de propaganda gubernamental mientan descaradamente y digan que los jóvenes manifestantes que ayer sacaron a los militares del Parque Central, de la Plaza de la Constitución, amenazaron y pusieron en peligro a familias y a escolares que buscaban ver un desfile de bandas escolares?, ¿cómo se atreve el inverosímil Morales a amenazar cual necio y vulgar chafarote a los manifestantes que se oponen a la corrupción, que rechazan a los politiqueros vendepatrias y a los empresarios mafiosos, y que al final quieren un nuevo Estado al servicio de su pueblo? ¿Cómo se explica que “elegantes y refinadas damas” de la corrompida burguesía acudan al Congreso a defender lo absolutamente indefendible, a pedir que este territorio al que siempre han considerado su finca y cuyos habitantes no les merecen ningún respeto se mantengan igual, per sécula seculorum, siempre a su servicio y con sumisión y hasta agradecidos por ello?

Cierto, aquí podrá estar la influencia del imperio pero eso no quita que luchemos contra esta degeneración y tratemos de reavivar el movimiento popular, de la ciudad y del campo, que será el que nos lleve a construir, con el tiempo, el país que será para todos o no será.

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