Atrapados sin salida

En un acto público, arropado por el dinosaurio de la política criolla, Jimmy Morales expresaba su desolación así: “hijo mío, saldremos bien…”. Su extraña reacción sugiere que previamente Morales había logrado un pacto de impunidad más amplio y profundo con la élite corrupta.

Ante el fracaso inicial por sacar a Iván Velásquez, el mandatario inició una romería de concesiones y acuerdos. En su recorrido encontró a otros en igual condición, con necesidad de salvar su pellejo. Ponerse de acuerdo fue una tarea fácil. Preparar las condiciones fue más sencillo y se menciona que para elaborar el paquete de leyes, la tarea le fue encomendada al ministro de finanzas. Todo lo demás corrió por cuenta de la juntita que gobierna y los militares; quién si no ellos, los maestros de la guerra de baja intensidad para generar tal nivel de confusión en la opinión pública.

El acuerdo se concreto de la manera más infame posible. De urgencia nacional, lo que refleja el cinismo más descarado de la clase política. Pero ojo, el objetivo principal sigue siendo el mismo: revertir la lucha contra la corrupción, desterrar a la CICIG del país y reformar el MP para cargarse a la incómoda fiscal. Lo actuado en el Congreso, solo representa un blindaje de impunidad para fortalecer y consolidar el estado corrupto, clientelar y mafioso que les beneficia.

El mandatario no vetará la ley, es parte del pacto y con eso obtiene la exoneración de las imputaciones en su contra. Si veta la ley, los diputados le pasarían la factura con el antejuicio pendiente, que deliberadamente dejaron en suspenso con 104 votos. Quizás la reforma al código penal, pueda ser vetada. La filtración por parte de los militares de sus cobros extra demuestra el grado de control que tienen sobre el mandatario.

No todos los diputados quieren asumir los costos, pues sopesaron la reacción adversa de la población y también de la Corte de Constitucionalidad, por ello proponen revisar lo actuado, sin eliminar la iniciativa, supuestamente “arrepentidos” por no prever las consecuencias. ¡Qué bueno¡ para cuando presentan su renuncia. De no ser así, solo quieren ganar tiempo. Los empresarios sólo levantan la voz por la modificación del código penal, pero callan sospechosamente ante el tema del financiamiento ilícito.

La unidad alcanzada entre tan diversos actores tiene el inconfundible sello de la inteligencia militar y la juntita que gobierna, lo cual no debe sorprender a nadie. El Estado profundo se movilizó, capturó al presidente y lo llevó a donde los reclusos del Mariscal Zabala querían, aglutinando a su paso a todos aquellos que tienen el mismo padecimiento que el mandatario.

El próximo paso será modificar el mandato de la CICIG para que se dedique a investigar campesinos y organizaciones sociales que se oponen a la explotación de los recursos naturales y frenar la “invasión” de fincas. Ya lo dijo el CACIF antes. La relación promiscua entre esa élite estatal corrupta y los grandes empresarios se mantiene y profundiza, siendo la corrupción la norma que rige las actuaciones políticas de estos actores, lo fue antes, lo es ahora y pretenden que sea así para siempre.

Eso es así porque el propio sistema genera esas complicidades y el cinismo fortalece esa unidad que se amplía y se desarrolla hasta alcanzar sus objetivos. El estado profundo, que tiene sus raíces en ese sistema opaco, que medra esperando su oportunidad, actúa como una maquinaria bien aceitada que normaliza la corrupción, que re distribuye las ganancias a los que son parte del sistema, al tiempo que protege y cobija a todos por igual, sin importar el tamaño de su delito, ni el color de su conciencia.

Después de lo sucedido en el Congreso las cosas quedaron más claras. Entonces, la pregunta más apremiante es: ¿qué vamos hacer?.

Si no hacemos nada, nos merecemos lo que tenemos, ni más ni menos.

Si hacemos algo, que sea tan firme y contundente como para desterrar de una vez por todas a esta clase política corrupta que medra hoy en nuestras instituciones. No debe haber temor por llegar hasta el final. El asunto aquí no es solo jurídico – legal, sino político social. La audacia de la emancipación, precisamente en estas fechas, es confrontar esas posturas cínicas que nos impiden profundizar en el cambio social necesario, situación que tiene que ver principalmente con la lucha por el poder político.

Hay que hacer algo, merece la pena.

Fotografía: Alberto López.

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